jueves, mayo 31, 2007

Uno.

Un año, ni más, ni menos. Hace exactamente 364 días, dimos por inaugurado este pantano de palabras e imágenes, bautizamos a este gato, que ha resultado ser muy poco arisco. Me permitirán entonces que rompa la inercia y me permita una pequeña celebración en la forma de este post "autorreferencial".
Ya saben que no somos muy dados a festejos internos o fuegos de artificio a mayor gloria de..., pero, que carallo, hoy vamos a tirar el bocadillo por la ventana (la viñeta) y vamos a brindar por este espacio que nos han prestado para que podamos hablar de una de las cosas que más nos gustan (que no la única): de cómics, o tebeos, o historietas, o fumetti, o como le quieran ustedes llamar a este artefacto de arte secuencial, que decía aquel llorado maestro que nos guió entre los gutters y la página-viñeta.
Y es que en un año ha dado tiempo a vivir muchas cosas. 123 entradas y unas modestas 40.000 visitas después (no le hagan caso al contador, que llegó tarde a la fiesta), hemos hablado y disfrutado de grandes tebeos de fuera y de dentro, hemos compartido experiencias, participado en inofensivas e intructivas polémicas, emprendido viajes exóticos a tierras dominadas por magos con chistera y descubierto pequeños secretos, con visitas sorpresa incluidas. Gracias a este juguete con teclas y pantalla, también hemos tenido el gusto de conocer a algunos de los protagonistas del tinglado, virtual o presencialmente (o de ambos modos); y como no mencionar a esos otros amigos, los colegas de sudores digitales y visitas compartidas, con los que uno a cruzado comments y posts, bromas y recomendaciones: fieles seguidoras inaugurales, señoritas deslenguadas, prolíficos reporteros dicharacheros, entusiastas editores inexistentes, amables archivistas, selenitas de papel, juglares eclécticos, dibucriticos alfabéticos , carceleros con megáfono multiplicador de visitas y otros muchos, se han pasado por aquí y nos han ayudado a llegar al siguiente post.
Este juguete que, en parte, nació como tablón de anuncios para colgar colaboraciones ajenas con chinchetas, ha visto como dichas colaboraciones tocaban a su fin. Por contra, gracias al impulso vitamínico de nuestros dos posts semanales (¿ya notaron la inercia?), servidor consiguió, al fin, concretar efectivamente uno de esos proyectos que algunos llaman de toda una vida... Cales areniscas y arenas calizas, que más da y quién da más, si, después de todo, hemos hecho lo que hemos querido y cuando hemos querido: leer cómics de los de toda la vida (o no) e intentar convencer a nuestros "amigos" para que nos ayuden a pasar las páginas.
Un viaje en el que seguimos. Gracias a todos los que están al otro lado.

martes, mayo 29, 2007

Polemizando: una hoguera para de Crécy, el Louvre y la modernidad.

Últimamente, don Domingo Hernández se empeña en ahorrarme esfuerzos blogueros (eso es un amigo) y me regala los posts ya hechos. Después de sus palabras doctas acerca de los museos y el arte oportunista (o el oportunismo del arte) y la revelación Zizek, me dirige ahora unas letras con motivo de nuestro post anterior sobre de Crécy y su Periodo glaciar. Como buen conocedor de los asuntos de la la modernidad, las vanguardias pictóricas y la posmodernidad, acerca el ascua a su chimenea de conocimiento. Les acerco un poco a su hoguera para que se les alumbre el cerebelo; eso sí, como el asunto se presenta candente y polémico, les aconsejo que, en caso de disparidad de criterios, no dejen que se les calienten las meninges:
Hola, compañero,
Muy bien, de acuerdo: magnífica tu reseña de Periodo glaciar, y maravilloso el propio Periodo glaciar. Pero, me pregunto: si, en el fondo, y tanto por la historia que cuentan las "obras" (hemos sobrevivido a bla bla bla) como por su final (nos unimos, huimos y seguimos viviendo...), todo remite a una especie de "eternidad del gran arte", ¿por qué lo hace con obras clásicas, es decir, por qué con el Louvre? Por supuesto, sólo hay que mirar los créditos del cómic para dar una explicación fácil: está coeditado por el propio museo. Pero, al margen de esto, ¿no podría haberse hecho con el arte contemporáneo? ¿o lo que se insinúa es que la "eternidad del arte" sólo remite al del pasado? O, de otro modo, toda la conversación entre los aventureros cuando ven por primera vez las obras (que si imágenes, que si lenguaje,etc.), ¿habría funcionado con un arte no narrativo?
Más preguntas: ¿porqué la única aparición de arte del XX es la referencia a Malevitch? Recuerda: esa Gioconda, ya cansada, que se convierte en un lienzo blanco... Qué curioso: pasado que se parece a un futuro... Muy interesante, claro, pero lo habitual es al revés, es decir, futuros que se parecen a pasados. Todo esto nos lleva al tema que comentábamos el otro día: repito, maravillosa tu reseña, estupendo el cómic, pero, ¿por qué diablos cuando el arte aparece hoy en un medio que no es el suyo, sea cómic, novela, cine o lo que sea, únicamente lo hace o para remitir a cosas clásicas y decir que eran fenomenales -ejemplo: Periodo glaciar-, o para arremeter contra el contemporáneo -el Warhole de Bilal, el propio Art school confidential, sobre todo en la película, etc.-? Bueno, todo eso me digo...
(me hubiera gustado mandarte esto como un comentario a tu post, pero ya que está aquí...)
Pues eso, ya que está aquí, aquí se quedá y aquí les espetamos todas estas dudas e interrogantes, a ver si alguno de ustedes ofrece alguna respuesta juiciosa a las inquisiciones de nuestro invitado.
PS. Comentario malicioso: me gusta que nuestros hermanos estudiosos de las "artes mayores" se empiecen a preocupar por la imagen que el cómic ofrece de las mismas... No se me sonrían, me temo que en este caso la preocupación tiene su explicación en el interés ecléctico y humanista de Domingo; una excepción, por ahora. Desde aquí, le doy las gracias por su instructivo interés.

jueves, mayo 24, 2007

Nicolas de Crécy, esbozos minerales y la línea dura de la imaginación.

Leo, tarde y no sé si bien (con este autor es difícil tener certezas más allá de su calidad indudable), Periodo glaciar, la obra de Nicolas de Crécy que editó Ponent Mon el año pasado. Lo cierto es que, para el neófito o el lector no avisado, los trabajos de de Crécy pueden resultar rocosos, cuando no escarpados.
Tomemos como prueba mineral éste Periodo glaciar. Arranca el cómic bajo la apariencia de una distopía futurista, extravagante, sorprendente, pero medianamente ubicada en unas coordenadas argumentales que el autor plantea como guía de su relato. Es decir, que, aun siendo extraña, la historia de Periodo glaciar presenta en su primera parte una lógica narrativa determinada a su vez por la lógica propia de la historia: un grupo variopinto (formado por expertos científicos, una rica heredera y varios cerdos-perro rastreadores de restos pretéritos) emprende una expedición arqueológica en busca de restos arquitectónicos, que expliquen la vida en la tierra y las causas de esa tercera glaciación en la que se encuentran (¿?).
Por supuesto, como ocurre también en muchos otros trabajos de de Crécy, sus planteamientos, sus historias, admiten una lectura simbólica (incluso alegórica), que añadiría nuevas capas de significado y una mayor riqueza al análisis de sus cómics. Sucede, no obstante, que en los trabajos del autor francés (y este Periodo glaciar no ha de ser una excepción) el recurso poético y la utilización simbólica suele, en cierto momento de sus relatos, imponerse a la lógica argumental (digamos, a la lógica de la historia o a una historia lógica). Lo lírico se destaca sobre lo narrativo. En este punto, las historias de de Crécy, su lectura, se convierten en un ejercicio de fe; y en este punto es donde el lector debe decidir si se deja llevar por la alucinación expansiva del cómic desbocado (hacia lo subjetivo, lo surreal) o si reniega de la obra, sea ésta Periodo glaciar, Prosopopus o cualquier otra. Superada la barrera lírico-simbólica, el lector avispado extraerá sus propias conclusiones e intentará interpretar la red de intenciones que se esconde detrás de la maraña simbólica urdida por de Crécy.
La dimensión de la propuesta, la naturaleza de los juegos artísticos de de Crecy, debe abarcarse desde de las claves estéticas de la posmodernidad (ya nos hemos referido a ello en alguna ocasión). El catálogo de recursos, usos y opciones elegidos por el francés, que apoyan esta conjetura, es variado; encontramos en su obra: autorreferencialidad, reflexividad crítica, interdiscursividad (esas obras de arte-personajes del Louvre), etc.
Su dibujo, sin ir más lejos, trasgrede cualquier academicismo u ortodoxia clásica, incluso dentro de la historia del cómic, pero, al mismo tiempo, el arte de de Crecy se alimenta de multitud de referentes conocidos: desde Hugo Pratt a Moebius, pasando por aquellos primeros autores de cómics europeos del S. XIX, que venían del campo de la ilustración. De hecho, tienen las figuras de de Crecy mucho de aquellos primeros personajes de Töpffer o Wilhelm Busch: el trazo cuasi-esbozado, la línea imperfecta, la sugerencia del gesto pictórico sólo insinuado por la plumilla... Sin embargo, en de Crecy, la línea nerviosa funciona, por acumulación, en la dirección contraria: hacia el detallismo indefinido. El esbozo subrayado, el trazo abierto y tembloroso superpuesto una y mil veces, crea una suerte de frágil ilustración orgánica de lo impreciso; un dibujo más lírico que descriptivo, un boceto de lo simbólico.
Y, así, regresamos a donde estábamos hace unas líneas, a la convicción de que de Crecy es uno de esos minerales en bruto extrañamente perfectos, una autor con muchas caras y aún más aristas. Pero claro, no todo el mundo está dispuesto a cortarse...

lunes, mayo 21, 2007

Del arte enclaustrado y la institución arte.

Vaya, que no hace ni dos días que me tiraba de los pelos por la lejanía geográfica del MOMA y sus iniciativas interdiscursivas, y hoy me estoy empezando a cuestionar y repensar la iniciativa comiquero-pictórica del museo neoyorquino. El asunto tiene su explicación y sus puntos de iluminación: apenas colgué el post, avisé de su existencia a dos o tres de entre mis colegas y amigos interesados en el tema de la modernidad pictórica y comicográfica; entre ellos estaba Domingo Hernández, profesor de la Universidad de Salamanca, y experto en estética y teoría de las artes; amén de buen lector de cómics y todoterreno en el análisis de la ficción posmoderna. El hecho es que al mail de mi aviso, don Domingo respondió con los dos mails que, por su interés, extracto a continuación. Se trata de una reflexión, breve y somera (como el propio soporte de difusión exige), pero llena de matices, sobre el arte y las tendencias de difusión artística en la actualidad.

[Mail 1]

...ya estuve metido el otro día un rato en lo del MoMA. Mi problema con eso es que lo veo desde el rollo teórico-artístico (es mi trabajo: lo siento), no desde el comiquero, es decir, unas veces es el cómic, otras las motos, otras los coches... y a veces funciona, y a veces no (al igual que los artistas elegidos). Y detrás de todo eso está lo de siempre: la incapacidad del propio arte actual para salir de sí mismo, por lo que tenemos que utilizar a "otros" para llamar la atención... y si ese "otro"es algo supuestamente popular, de masas, etc., mejor que mejor. Es evidente que ahora que el rollo inter-multi-étnico-fronterizo-cultural ha dejado de colar (no te pierdas el vídeo en inglés macarrónico de la conferencia del mejor filósofo actual, Zizek, en el círculo de bellas artes -merece la pena aunque sólo sea por ver al tipo) nos dedicamos a la búsqueda de cualquier otra cosa que saque al arte de su completo aislamiento. En fin, no te aburro con esto, pero el tema es el de siempre: lo que antes pasaría por una expo temática, sin más, ahora huele muchísimo a institución-arte, y ahí ya entramos en problemas...

Respondí con interés a este mensaje rápido e informal, pero didáctico y cubierto de ramificaciones de esas que a uno le interesan mucho... Hubo un segundo mail de respuesta. Igualmente didáctico, diacrónico y diáfano en sus argumentaciones.

[Mail 2]

...cuando hablo del "otro" no me refiero a utilizaciones temáticas, es decir, a utilización de temas (como puede ser el pop con el cómic y la cultura de masas). Ten en cuenta que una de las diferencias que se suelen mencionar siempre para distinguir el arte moderno del anterior es que éste, el clásico (entendiendo por clásico desde los neandertales, o quienes fueran los primeros, que no tengo ni idea, hasta finales del XIX, hasta el impresionismo), siempre ha sido un arte literario, es decir, de un modo u otro se representaban historias, se hacía literatura, en el fondo, y, por tanto, elementos "otros", ajenos al propio medio artístico como tal. Únicamente desde el impresionismo, y sobre todo desde las primeras vanguardias, surge la idea del arte por el arte, bla bla bla. De hecho, eso es lo que explica lo que yo llamo, irónicamente, claro, "pederastia" de las vanguardias: esto es, "pintar como un recién nacido", "mirarlo todo como un niño", "recuperar la mirada infantil"... Todo eso de los niños (junto a los locos y los primitivos, por cierto), eso de los niños, decía, la obsesión de las primeras vanguardias por los niños, los locos y las culturas primitivas obedece únicamente a eso... a romper con todo lo anterior, con el arte burgués bla bla bla). Es decir, que sólo ahí el arte intentaría enclaustrarse (temática y estilísticamente hablando). Y ahora damos un salto (el salto para otro correo) y aparecemos en los sesenta, en los magníficos sesenta, que es, con el conceptual sobre todo, donde empiezan los problemas con la Institución-arte. (Hago otro salto para otro correo, pero recuerda que el conceptual es fundamental sobre todo, en mi opinión, por el diálogo crítico con el minimal y el pop... y esto no sólo pasa en arte). Y esto nos lleva a la actualidad, donde el mercado, la institución-arte, etc., etc. siempre media, de un modo u otro, las propias propuestas artísticas. Siempre ha sido así, pero ahora las median también temática y conceptualmente... y con el mercado de por medio. Resumiendo, toda la pureza que reclamaban las vanguardias (irónicamente debía ir unida a una salvación a través del arte... ya), a día de hoy se ha convertido en enclaustramiento, y el mundo del arte utiliza todo lo que viene en su mano para que el arte "sea para todos", pero siga siendo "raro, moderno, actual", y eso no casa demasiado bien. Por esto, se utilizan miles de métodos: el museo-edificio-construido-por-arquitecto-estrella, es decir, continente por contenido; los temas "subversivos" (esto para otro correo también: la política subvención-subversión es una de las clásicas del arte actual)... Y, me dirás, ¿dónde está lo bueno? Pues, aunque parezca mentira, lo hay, y muy bueno, pero sólo en gotas mínimas... Bueno, esto también pasa en la literatura...

Estarán ustedes de acuerdo o no con lo que aquí se comenta, pero no me digan que el asunto no tiene su interés (aunque sólo fuera por la actuación impagable del señor Zizek...)

viernes, mayo 18, 2007

De cómics por el MOMA en el día museístico.

"La euforia ha dominado las primeras grandes subastas del mercado del arte en Nueva York. La fiebre por ahora no encuentra límites", se dice hoy en las páginas de cultura de El País. El arte está de moda, parece. Hombre, no les voy a incitar a que se me compren un Rothko, ni siquiera un Warhol, pero alegren esa cara amigos, que hoy es el día de los museos y la cosa (aunque sólo sea la de mirar) sale gratis.
Además, como les tengo a ustedes por unos lectores inquietos, cosmopolitas y viajeros, me voy a permitir recordarles que tienen todavía unos días (hasta el 11 de junio) para pasarse por la gran manzana, acercarse al MOMA, y visitar "Comic Abastraction (Image-Making, Image-Breaking)", la celebrada exposición que el museo neoyorkino le dedica a la interrelación entre la pintura y el cómic:


This Exhibition brings together thirteen contemporary artists whose works offer a rich amount of the interplay between abstraction and comic models of representation. From Sunday newspaper “funnies” to Walt Disney’s cartoon shorts, the appropriation of comics by artists has offered a bridge between the lowbrow “stuff” that populate visual culture and rarified brands of fine art. (…)
Sí, ya lo sé, ya estamos otra vez a vueltas con esa tópica del arte popular, el "lowbrow stuff" y demás etiquetas de esas que "cada-día-son-menos-extrapolables-al-cómic-actual", pero no me sean quisquillosos y visiten el museo, aunque sólo sea en el plano virtual; la página está más que bien y algunos de los trabajos presentados le hacen uno lamentar su incapacidad (llámenlo insolvencia) para poder alquilar un jet privado. La verdad es que la relación de alguno de los trabajos y artistas presentados con el cómic está cogida con alfileres (etiqueta "abstraction", espaldas cubiertas), en otros casos, sin embargo, la reciprocidad se concreta en ejercicios de contagio discursivo muy estimables o, cuanto menos, curiosos. A nosostros nos han gustado los trabajos cinéticos de Gary Simmons, las herramientas comicográficas descontextualizadas de Rivane Neuenschwander y los bocadillos sin dueño de Philippe Parreno, y a ustedes, ¿qué les gusta? Pasen al museo a ver "cómics", que tenemos la puerta abierta y hoy es gratis.

martes, mayo 15, 2007

Encuentros afortunados (Fase 2: Granada, el sol y el dibujante).

(Decíamos -adaptación libre-)
- Little Nemo's Kat: Vaya, ahora que lo dices, es cierto, te vi en la mesa redonda de la Semana Negra de Gijón, este verano.
- Jorge García: Sí, estuve en la presentación de Historias rotas: la guerra del 36 en el cómic, con Gallardo, Víctor Mora, Laura, Federico del Barrio...
- L. N. K.: Vaya pack. Por cierto, me encanta del Barrio, Simple, El artefacto Perverso.
- J. G.: Sí, es una obra maestra. Otro cómic que me gusta mucho en esa línea es Sol Poniente, de López Cruces, con guión de M. I. Santiesteban.
- L. N. K.: López Cruces, de vez en cuando entro a su blog; cómo dibuja el tío. Me encantaron sus Obras encogidas, pero la verdad es que es el dibujante menos prolífico del mundo, no saca nada. Ese Sol Poniente, por ejemplo, no me lo he cruzado nunca.
- J. G.: Ya, está descatalogadísimo. Sólo salió una tirada pequeña, que publicó una editorial andaluza con ayuda de la Junta de Andalucía. Hace tiempo le dedicamos una reseña en Tebeosfera. Quedé con él en Granada para reunir información...
- L. N. K.: ¿Es de Granada? Coño, pues yo probablemente vaya la semana que viene unos días para allá; a lo mejor, en el lugar del parto es más sencillo hacerse con un ejemplar.
- J. G.: Oye, pues yo te pongo en contacto con él vía mail, creo que le quedaban algunas copias, a lo mejor...
Dicho y hecho. Jorge me pasó el mail de Joaquín, nos cruzamos dos o tres mensajes y quedamos en Granada una semana después. Una cita a ciegas entre un bloguero-fan y el autor admirado, casi desaparecido del panorama comiquero: el contexto perfecto para una película de terror viñetero e incomodidades improvisadas. Llamada telefónica, quedada en uno de los bares más canallescos y piratas de la Calle Elvira y séquito de acompañantes por ambos lados, por si el encuentro acababa en "tragedia" o en desencuentro...
Ni una cosa ni otra, don Joaquín resultó ser un personaje la mar de interesante, un tío divertidísimo y un conversador de los de quitarse o ponerse el sombrero (sic). Nos bebimos unas cervezas, aburrimos a nuestros acólitos con nuestras charlas comiqueras (moderadas en su número y extensión) y nos reímos mucho y bien; tanto, que el mismo fin de semana repetimos encuentro, para seguir descubriendo Granada en la mejor de las compañías. Ya se sabe lo que se dice, una ciudad sabe mejor cuando se lleva a un cicerone autóctono. Si además es un guía-rastreador del calibre indígena del señor López Cruces (Almería mediante), la magia granaína está garantizada y la malafollá no se presiente ni de lejos.
Joaquín López Cruces, genio y figura.
Por supuesto, al final, me vine a mi tierra con un ejemplar firmadito de Sol Poniente, con la ilusión de saber de primera mano que Joaquín piensa volver a ese terreno viñetero en el que nunca nos debió dejar abandonados y con la certeza (compartida, me parece) de futuros encuentros festivaleros (con o sin red: las buenas compañías mutuas, también pusieron de su parte en los buenos momentos compartidos); en Granada o donde surja.
Ganas tenemos de leer lo nuevo de López Cruces, más allá de sus esporádicas colaboraciones en Humo u otras publicaciones periódicas; ganas de que, por fin, vea la luz ese anunciado libro de viajes, que contará con lo mejor de su alma nómada y su espíritu libre de canalla romántico volátil. Mientras tanto, hemos disfrutado mucho con Sol Poniente (con esa emoción a flor de piel que garantizan las expectativas con resolución feliz a la vista). No vamos aquí a comentar demasido de este cómic, básicamente, porque casi todo lo bueno que se puede decir de él ya lo dijo Jorge García en su estupenda reseña, ya mencionada.
No obstante, aquí, queremos saludar también ese fantástico guión, cerrado, complejo y lleno de esbozos y mensajes inteligentes, de Isabel Santisteban. Y qué difícil es no subrayar, por enésima vez, el talento visual de este dibujante, su habilidad a la hora de montar la página con encuadres precisos e imaginativos, con viñetas tan elocuentes como bellas y minuciosas; difícil no insistir en la capacidad evocativa de su trazo estilizado, con un poso a romanticismo antiguo, pero con la fuerza de los mejores realistas del cómic actual. Que sí, Joaquín, que tienes que dejarte de excusas y regresar a tu jardín de odaliscas empapeladas y harenes enmarcados por líneas claras y tramas brillantes.
Ahora que algunas editoriales andan empeñadas en recuperar nuestra "memoria histórica de la viñeta", se me ocurre, además, ¿a qué esperan para reeditar Sol Poniente? No sería mal negocio, no se crean (¿alguien me oye?).

miércoles, mayo 09, 2007

Vínculos de autor imperdibles.

Interrumpo, momentáneamente, mi fascinante serie en dos capítulos entitulada "Encuentros afortunados", para poner al día, de una vez por todas, las deudas "linkeadoras" que tengo conmigo mismo. Me cuesta un fragmento y medio de vesícula biliar cada vez que tengo que meterme a hurgar en los intestinos del blog, en eso que algunos llaman "template" y que a los profanos del internet tanto nos destempla, en realidad.
Bueno, el hecho es que, como los links que les voy a regalar hoy son de esos que bien valen una y dos misas, compongo el ánimo y me meto en capilla:
Comienzo con un guionista en la cresta de la ola, el señor Juan Díaz Canales, que no hace mucho comenzó su proyecto bloguero Todos reyes, todos poetas. Un rincón la mar de ameno, un mar sereno, donde junto a la realeza de la palabra, uno puede disfrutar de la poesía de las imágenes del señor Canales. Y es que, algunos parecen dotados del don del talento multiplicado: ¿Sabían ustedes que Juan Díaz Canales dibuja tan bien como escribe? Pasen y vean.

La segunda propuesta cambia de género y estilo, pero mantiene el interés. El blog de historietas y dibujos de Elmyra Duff juega con la expresividad de la ilustración infantil clásica, para reformular algunas de sus propuestas tradicionales. La cándidez esconde gestos torcidos, la inocencia se reboza de extraña ironía y la sonrisa del niño se torna en muesca macabra, ¿qué esperaban de alguien con tan misterioso apodo? ¿Quién es Elmyra, la niña o la bruja?

Las cosas están más claras con Miguel Porto y su blog, y lo están, entre otras cosas, porque el estilo del autor y su universo creativo encajan como un guante en la marea de la nueva línea clara y sus jóvenes autores; esos que últimamente se empeñan en llenar de imaginación y belleza nuestros días lectores. Tras regalos como los que encontramos en algunos de sus posts, lo único que le podemos echar en cara a don Stereotopffer es que nos haga esperar tanto entre una actualización y la siguiente.

Acabamos de hablar de él, pero aún no habíamos entrado en su casa. La cueva de David Rubín tiene un cartel a la entrada que reza De tripas corazón, y está llena de apariciones, sombras y seres atormentados, pero también de bellas muchachas con un punto de nostalgia en sus miradas perdidas y de amables caballeros andantes que nos dan la bienvenida. Cosas de la magia: se abre la chistera y a veces salta la liebre, pero otras un dragón te escupe fuego a la cara. Hagan juego, señores.

lunes, mayo 07, 2007

Encuentros afortunados (Fase 1: el autobús y el guionista)

Una de encuentros casuales, en dos episodios. El primero comienza cuando el que suscribe se encuentra en el autobús de vuelta a casa desde la ciudad condal (con motivo del salón del cómic). Andaba entonces leyendo (con retraso evidente) el fabuloso Pyongyang de Guy Delisle, cuando un amable individuo, claramente más joven que el menda, se nos acerca atraído por el aroma irresistible de señalada lectura. Entablamos conversación.
Comenzada la charla, resulta que nuestro anónimo y animado conversador, no es en absoluto anónimo, aunque sí muy animado: los hados comiqueros nos han sentado en el mismo autobús que a Jorge García, uno de los más talentosos y prolíficos guionistas jóvenes españoles. De hecho, por un nuevo capricho del azar, la faceta creativa de don Jorge, adquiere hoy mismo plena actualidad, gracias a la edición francesa de su galardonado Cuerda de presas (según acabamos de leer en Con C de Arte). No he leído Cuerda de presas, el trabajo guionizado por Jorge e ilustrado por Fidel García, pero prometo solventar el dislate en cuanto tenga ocasión. Por de pronto, la obra de Jorge germina en mil ramificaciones y proyectos floridos: desde sus no muy lejanas colaboraciones con Ángel de la Calle (para Nuestra Guerra Civil), M. A. Díez en Dos Veces Breve, Pablo Auladell o Andrés Leiva, hasta la más reciente con David Rubín, para BDBanda.
Pero es que, además, nuestro nuevo amigo resultó ser un gran conversador y aún mejor conocedor del cómic y sus vericuetos narrativos. No es casualidad que Jorge García haya compaginado su labor creativa con una actividad crítica más que estimable (colaborando en revistas y medios como Trama, TOS o Tebeosblog) y con trabajos y reseñas tan recomendables como aquella, aquella otra o el especial, ya clásico, que le dedicaron a Luis García en Tebeosfera. De nuestro admirado Luis hablamos, por supuesto, y de su breve aparición estelar en el interesantísimo proyecto que Jorge y Fidel están construyendo para la revista Humo, bajo el título de Retratos (un homenaje al recientemente fallecido periodista Ryszard Kapuscinski transformado en narración comicográfica mediante un sorprendente juego de cajas chinas).
Así, tirando del cabo, fueron surgiendo nombres, se desvelaron secretos y se tejieron nuevas conversaciones: hablamos de su fervor indisimulado hacia Milton Caniff, del prometedor futuro que se le adivina al joven cómic español o de la devoción compartida por algunos "clásicos-jóvenes", como don Federico del Barrio y su El artefacto perverso, uno de los mejores cómics publicados en nuestro país. Y hablando de del Barrio, salió el nombre de otro maestro, de éste, y salió otra joya escondida a la luz durante largos años... pero eso ya es otra historia.

viernes, mayo 04, 2007

Perder el trazo, por Jordi Costa (sobre Spiderman 3 y otras menudencias)

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con las críticas cinematográficas como con las últimas que nos está regalando Jordi Costa en El País, a cuento de la (no tan) reciente avalancha de adaptaciones cinematográficas. La última tiene como protagonista al ínclito Spiderman, recauchutado por la gracia de aquel señor comiquero, y como objeto, la última película de ese otro señor "cinematografero" (hay que hacer algo con nuestros palabros comicográficos).
La cosa (la reseña) está tan bien, que la voy a reproducir en este post, sin que nadie se me moleste, espero. Entiéndase como homenaje disfrutado, que espero también puedan disfrutar esos fieles amigos de las américas que nos honran día a día con sus visitas.
De la película, hablaremos (tal vez) cuando la veamos (si la vemos). Lean y piensen en lo leído.
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Perder el trazo, JORDI COSTA (El País, 04/05/2007)
Sam Raimi era un maestro en la elocuencia de las formas. Cuando, en Terroríficamente muertos (1986) mezcló el lenguaje del gore con la caligrafía de los dibujos animados, hizo el mejor comentario crítico posible a la cultura de la inmadurez propia del babyboom, al tiempo que forjaba una de sus más afortunadas expresiones estéticas. En sus manos, recursos expresivos tremendamente antiguos -en su mayor parte tomados del cine popular de los años treinta y cuarenta- eran sometidos a una aceleración casi pospunk.
Para Raimi, la forma era la identidad. No era extraño que, cuando dirigía escenas de virtuoso para sus compinches los hermanos Coen, el resultado delatase su evidente autoría. La identidad -y, en consecuencia, el estilo- es el precio que el cineasta ha tenido que pagar para encontrar su lugar en el sol de la industria de Hollywood: quizás el director de las tres entregas de Spiderman sea un competente conductor de aparatosas franquicias sobreproducidas, pero, definitivamente, no es Raimi. O no es el Raimi que era. Usando un pertinente símil con el lenguaje del cómic, podría decirse que Raimi ha perdido definitivamente su trazo.
Spiderman 3, superproducción inmune a críticas que caerá sobre las taquillas con la fuerza de un tsunami, es una película diseñada como un atropellado fin de fiesta, una celebración de la suma como fin en sí mismo que convoca a tres supervillanos, esboza un discurso sobre la intoxicante cultura de la fama, indaga con sonrojante ingenuidad en la ambigüedad moral del superhéroe y no olvida incorporar algunas curvas a su subtrama sentimental.
Hay, por supuesto, algunas escenas de acción sobresalientes -en esta ocasión, una grúa fuera de control y el rescate vertiginoso de Gwen Stacy proporcionan los mejores sobresaltos-, pero lo que domina el conjunto es un embarullamiento digital fuera de control que, inevitablemente, hace añorar a ese maestro del frenesí visual inteligible que fue Raimi.
El cameo de Stan Lee y el pequeño papel cómico reservado a Bruce Campbell, actor fetiche del cineasta, aportan una clave para descifrar la vehemencia acumulativa de la película: Spiderman 3 funciona como una lista de peticiones del espectador -de los muchos espectadores posibles- hecha realidad... porque sí.
En su primera película sobre el personaje, Raimi tenía claro qué Spiderman estaba llevando a la pantalla: el Spiderman candoroso, fundacional y casi de línea clara de Steve Ditko. El fundamentalista del tebeo podía incluso llegar a entender que, por una exigencia de simplicidad, Mary Jane Watson ejerciese de primer interés romántico de Peter Parker. Ahora resulta bastante más difícil comprender por qué comparece Gwen Stacy -en el original, parte fundamental del gran mito trágico del personaje- para aportar una tensión sentimental tan rematadamente estúpida y, sobre todo, por qué el Spiderman de Ditko convive con el de Todd McFarlane en una auténtica apoteosis del todo vale. Quizás era mejor el cómic, pero, tal y como está el patio, quizás sea más razonable esperar que, por lo menos, el videojuego esté a la altura de una campaña promocional tan avasalladora.

miércoles, mayo 02, 2007

El oso que servía infusiones. Reseñita malaya para el FHM.

Aprovechando la entradita informal y festiva mensual del FHM, nos dijimos hace dos meses ¿por qué no anticipamos acontecimientos y le dedicamos nuestro rincón del cómic a don David Rubín y La tetería del oso malayo? Hecho lo cual, nos congratulamos de nuestras dotes adivinatorias y de su éxito salonero (en orden inverso); verán ustedes como no será el último. Hasta entonces, les ponemos a la vista nuestra reseña.
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Con el aroma de su brillante paso por el Salón del Cómic de Barcelona aún intacto, saboreamos la última infusión viñetera del gallego David Rubín: La tetería del oso malayo, un trago lento y lleno de matices. Ingredientes de la tisana: un puñado de historias cortas sazonadas de aventura, nostalgia y mucha imaginación; una pizca de sensibilidad poética y, por supuesto, el toque picante de los lápices sinuosos y fluidos de Rubín. Todo ello, mezclado, hervido y servido por Sigfrido, el oso bondadoso que da nombre al cómic, al mismo tiempo que dirige su exótico local, ese “consultorio psicoanímico que camufla de tetería”. Tan peculiar camarero protagonista, será nuestro guía por los episodios de la obra y a través de sus ojos veremos desfilar a superhéroes ciegos, soldados sensibles, hipopótamos cultivadores de penas y medio-hombres en estado de depresión crónica. Cualquiera diría que a este té le han echado un buen chorro de aguardiente blanco, ¿no les parece?