lunes, noviembre 13, 2006

Daniel Clowes. El rostro de la caricatura.

Voy a reconocerlo sin rodeos ni medias tintas, comienzo este post con un punto de nostalgia (vaya, ya me traicíoné, la palabra es "tristeza", ni nostalgia ni leches). Desde hace casi dos años, servidor venía colaborando regularmente en el suplemento cultural "Culturas", del Tribuna de Salamanca. Un anexo dominical al periódico en el que se hablaba de libros, de cine, de pintura y... de cómics. Magia de la buena, cómics de forma regular en la prensa de este país; ahora ya no suena tan extraño, la verdad, un poco más cuando me lo propusieron. Así que, cada diez o quince días, o una vez al mes (dependiendo de las obligaciones), me pegaba el gustazo de "rajar" sin pudor (y sin limitaciones de espacio) sobre una de las cosas que más me gustan: los cómics. Nada sacaba de ello (mi vida y sustento se mueven en otras dimensiones), pero ¡qué bien me lo he pasado!
Un día, de pronto, los dueños del periódico deciden dar un giro a la política editorial y, claro, como siempre la primera medida es eliminar todo lo que huela a "culturilla". Adiós "Culturas", cuanto te quisimos, la máquina de la verdad ha determinado que la hora de tu suicidio involuntario ya tenía fecha... Este fin de semana, se publicó el último número; en portada, la reseña sobre Daniel Clowes que aquí incluyo a modo de esquela en colores pardos. Como dijo aquél, siempre nos quedará este blog...
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Hace ya mucho tiempo que Clowes equiparó la popularidad de un dibujante de cómics “famoso” con la del campeón del mundo de bádminton. Largo tiempo ha pasado también desde que La Cúpula publicara Como un guante de seda forjado en hierro, en cinco “cómodos” comic-books (aunque recientemente la obra ha sido recopilada en un único volumen) y parece que haga una eternidad que vimos a las arreboladas Thora Birch y a la desconocida (quién lo iba a decir) Scarlett Johanson, interpretando a las adolescentes freakies de la adaptación cinematográfica de Ghost World (Terry Zwigoff, 2000).
Pero los tiempos cambian y esos cambios están salpicando de lleno al mundo del cómic. Clowes es ahora un artista en proyección imparable: ilustrador de publicaciones prestigiosas (The New Yorker), fuente de ideas golosas para los productores hollywoodienses (es el guionista, junto a Zwigoff, de Ghost World y Art School Confidential) y, sobre todo, es uno de esos dibujantes de cómics ante cuya cada nueva entrega uno se rinde de antemano y sin condiciones.
Todo esto viene a cuento por la publicación en España de Caricatura (La Cúpula, 2006) y por lo que se promete para un futuro próximo, nada menos que su Ice Haven (parece ser que a cargo de Mondadori). Hagamos recuento. A los brillantes “clásicos contemporáneos”, Como un guante… (La Cúpula, 2005) o el ya mencionado Ghost World (La Cúpula, 2000), siguió el irregular pero no menos bello e inquietante, David Boring (La Cúpula, 2003); entre medias, diferentes números de su inclasificable revista unipersonal, Eightball o la edición y reedición (este año) de Pussey.
Caricatura, confirma lo que ya sabíamos, que estamos ante un artista único, uno de esos genios cuya filiación a épocas y tendencias debe tamizarse siempre por el filtro de su inconfundible marca personal. De hecho, como ya hemos comentado desde estas páginas en alguna otra ocasión, Daniel Clowes es un autor difícil de ubicar. Casi siempre adscrito al estilo underground, sus obras son muy posteriores al nacimiento de los comix a finales de los 60 y, como sucedía con Charles Burns, bastante madrugadoras para ser encuadradas entre las de las nuevas generaciones de dibujantes underground (los Peter Bagge, Dave Cooper o Julie Doucet). Existen, desde luego, autores de su generación con un recorrido e influencias semejantes (se nos viene a la cabeza el británico Hunt Emerson), pero pocos con el brillo expansivo de Clowes.
No nos malinterpreten, precisamente luz, lo que se dice luz, no es que abunde en el bagaje artístico del norteamericano; Caricatura es un buen ejemplo. En sus páginas, Clowes despliega un catálogo de perdedores y desterrados sociales, digno de las películas más amargas de David Lynch o Tom Solondz (¿se acuerdan de Happiness? cuyo cartel anunciador, por cierto, fue obra de Clowes). En las nueve historias cortas que componen el volumen, chocamos de frente y sin airbag con el grueso de las miserias que carcomen la sociedad estadounidense: el artista fracasado que malvive y malvende su talento, adolescentes desubicados sin esperanzas personales o profesionales, el egoísmo insolidario (valga la redundancia) del modelo capitalista más agresivo, etc. Los personajes de Clowes cubren un espectro social amplio de razas, edades y opciones sexuales, pero todos se perfilan bajo el prisma deformante del fracaso; una lente que encaja con sorprendente precisión dentro de la estética grotesca del estilo gráfico de Clowes. Es el suyo un dibujo deudor de aquellos pioneros del underground (Crumb o Shelton), por lo que respecta a la abundancia de tramas, rayados y manchas de un negro espeso, pero, extrañamente se perciben en él con igual claridad influencias de la línea clara, sobre todo en sus perfiles precisos, los contornos cerrados de sus dibujos o en el empleo de colores planos (lean la historia “Green Eyelines”).
En todo caso, las “caricaturas” de Clowes nada tienen en común con las creaciones amables y optimistas de Hergé o Chaland. Cada protagonista de Caricatura parece esconder un secreto terrible que, de un modo u otro, se trasparenta en su rostro y en sus actos; miserias ocultas que amenazan con desbordarse de un momento a otro (aunque en muchas de las historias de Clowes nunca llegue a ocurrir nada trascendente, convirtiéndose en simples “fragmentos de vida”, que oscilan sobre una cuerda floja). Tensión, amenaza soterrada, angustia existencia…, todos ellos son términos aplicables al conjunto de los trabajos de este dibujante. Por eso, Caricatura se muestra hasta ahora como una de sus obras más redondas, porque, pese a su fragmentación formal y a la atomización de sus ingredientes, condensa casi todo los referentes del universo bizarro de su creador, y diversifica su talento en una exposición detallada de sus constantes artísticas. Supone además una exploración brillante de las posibilidades discursivas que permiten la manipulación del punto de vista o las voces narrativas. Clowes juega con la omnisciencia, con el punto de vista subjetivo o el narrador testigo, dependiendo de sus intenciones narrativas. De este modo, el collage de personajes y situaciones se enriquece al mismo ritmo que marcan sus hallazgos técnicos y conceptuales.
Y, frótense las manos, todavía está por llegar Ice Haven, su proyecto más ambicioso hasta la fecha; la continuación perfecta a Caricatura (aunque ésta fue publicada en 1998, antes, por ejemplo, que David Boring). Sin avanzar demasiados datos para no estropearles los placeres de la exploración novedosa, les adelantamos que en Ice Haven la navegación experimental de Clowes (incipiente ya en Caricatura) le conduce por las turbulentas aguas del eclecticismo estilístico y el travestismo gráfico… ¿No empiezan a sentirse impacientes?
Páginas de Caricatura en francés: 1 y 2 (via la fantástica página L'Art de Daniel Clowes).

6 comentarios :

Yorkshire dijo...

Pequeño minino, siento mucho la cancelación de su columna de opinión. Ya sabemos, todo por la pasta. Ellos se lo pierden.

Me has dado en uno de mis puntos flacos: Daniel Clowes. Me gusta todo de este tipo: siempre con sus obsesiones de gente vulgar, teoría del fracaso y demás limitrofías del hombre contemporáneo.

Estoy contigo, Caricatura es una obra de gigante, obra desangelada y desatendida de afectos. La mejor obra que he leído de Clowes.

¿Cómo estará ese Ice Haven? Deseandito estoy de pillármelo.

Un saludo.

Little Nemo's Kat dijo...

Thanks por la comprensión Mr. Yorkshire. En realidad, si sólo hubieran cancelado la sección de cómics no habría pasado nada, lo malo es que directamente han eliminado el suplemento completo, que estaba muy bien. A mi, como lo hacía por amor al arte, sólo me duele en plano sentimental (sniff). En fin, así es la vida, seguiremos consolándonos con Clowes y sus personajes; esos si que tienen problemas serios, ¿no cree usted? Saludos ;)

Little Nemo's Kat dijo...

Por cierto, Ice Haven es una auténtica maravilla. Por los riesgos narrativos que afronta y su experimentación radical en el plano temático, probablemente sea superior incluso a Caricatura, Inversión necesaria, Mr. Yorkshire.

Ricardo Peregrina dijo...

Bueno, si los artículos los hacías "por amor al arte" te animo a que continúes escribiéndolos para el blog. Seguro que tienes muchos más lectores aquí que en la "Tribuna de Salamanca".

Sobre el cómic de Clowes, me fiaré de tu crítica y me lo compraré. Me he leído casi todo lo publicado aquí por este dibujante, pero la obra que más me ha gustado, aunque sea menos ambiciosa que las demás, ha sido "Pussey"... quizás por ser la de tono más humorístico.

¡Y qué gran película "Happiness"!!

Little Nemo's Kat dijo...

Don Ricardo, tiene usted más razón que un santo, pero ya sabe como son las cosas de la nostalgia.
A mi Pussey me gustó, pero mucho más Ice Haven y este Caricatura (al que he encontrado más de un punto en común con Happines que, como bien dice, es una maravilla). Saludos

Iru dijo...

Vaya, señor Gato, siento mucho la cancelación de la columna. Pero como bien dice Ricardo Peregrina, aquí tienes otra tribuna desde la que expresarte.
Daniel Clowes es desasosegante y adictivo. Me impactó mucho la lectura de Ghost World, porque fue profética para mí. Acabo de borrar una parte enorme del comentario que era eslaisoflaif, que siempre estoy igual. Un besico, gato