sábado, diciembre 07, 2019

La geometría de los silencios, de Carla Berrocal y Marc Buleon. La mirada del otro

Una buena amiga nos regaló hace poco tiempo La geometría de los silencios, de Carla Berrocal y Marc Buleon, un cómic que habla del autismo con mucha sensibilidad y desde una mirada diferente. La obra es, de hecho, una publicación de la muy activa Asociación Autismo Ávila, que la editó bajo el sello editorial La Estrella Azul
Su guionista, Marc Buleon, sabe de lo habla de primera mano. Concibió su historia después de 12 años trabajando con personas autistas. Pero además, y como el mismo confesó recientemente en una entrevista a RTVE, su autor se considera un "narrador oral". Él mismo explica la génesis del cómic:
En 2003, creé un festival de cuentos en un pequeño pueblo cerca de Nantes (Francia). Allí había ese lugar que ahora llamo "La casa pequeña", un lugar para acoger 8 personas adultos con autismo, un lugar sin carga de trabajo, un lugar dedicado al desarrollo personal. (...) Para el festival, programé la participación de una mujer que contaba cuentos bailando, una danza con muchos gestos, como un mimo. El impacto fue tan fuerte que la directora del establecimiento me propuso un proyecto respecto a los cuentos.
El resultado fue la creación de 3 espectáculos donde actuábamos juntos frente a un público muy entusiasta. Pero ellos tienen una discapacidad tal, que era muy difícil organizar los desplazamientos para actuar en los festivales de cuentos u otros teatros lejos de la casa pequeña. La verdad es que no podíamos actuar más de 3 o 4 veces por año. Yo quería que mucha gente pudiese conocer a mis amigos con autismo. Entonces la única posibilidad era de crear un espectáculo en el que yo solo cuento sus vidas, sus amores, sus miedos… Más tarde ese espectáculo se convirtió en este cómic.
La geometría de los silencios es la historia (imaginaria) de seis personajes con autismo. El cómic funciona como un collage narrativo de experiencias vitales (desde la niñez hasta la edad adulta) que terminan por encontrarse en aquella Casa Pequeña de la que Buleon hablaba en su entrevista. De este modo, la historia se construye, de forma no lineal, como una suerte de relato de vidas cruzadas, con el autismo (compartido) como elemento estructurador de fondo. Será esta misma deconstrucción argumental y secuencial la que refleje de forma eficiente la mirada subjetiva de sus protagonistas: a través de sus palabras y de sus vivencias seremos capaces de reconocer sus dificultades y su sufrimiento a la hora de vivir esos acontecimientos cotidianos que la mayoría pasamos por alto; pero a través de su punto de vista descubriremos también la enorme capacidad de afecto que puede esconderse detrás de unos silencios y miradas que nos invitan a aprender nuevos lenguajes y a manejar gestos comunicativos hasta entonces desconocidos.
Carla Berrocal es la encargada de insuflar coherencia visual a este universo íntimo y complejo que describe Buleon. Lo hace con un dibujo sencillo, que también reproduce cierto efecto collage, y con una viva paleta de colores planos en la que destacan combinaciones insólitas de tonos verdes pistacho, azules violáceos y amarillos mango.

En el prólogo a la obra, Miguel Gallardo describe con emoción la filosofía última, catártica y terapéutica, que se encierra en las páginas de La geometría de los silencios:
Al final, lo que nos mueve a todos, dejando aparte las dificultades que tengamos para vivir nuestra vida, es lo mismo: todos necesitamos que alguien nos quiera; todos necesitamos importarle a alguien. Necesitamos que nos escuchen y que nos abracen de vez en cuando, necesitamos las mismas emociones, los mismos sentimientos para todos; eso es lo que nos hace humanos, y no la inteligencia ni la capacidad de triunfar o de alzarse sobre los demás.

lunes, noviembre 25, 2019

Con Paco Roca en Soria

Hace apenas una semana que Paco Roca estuvo en la Biblioteca Pública de Soria desdoblándose en dos charlas y deleitando a una audiencia diversa con su amabilidad, su elocuencia y la impronta de una obra que ya forma parte de la historia del cómic español. Después de asistir por la mañana a la primera presentación con los chavales del Instituto de Educación Secundaria Virgen del Espino, tuvimos la fortuna de que nos invitaran esa misma tarde a presentar y participar en la segunda charla; ésta ya ante un auditorio adulto.
Tuvimos la suerte de conocer muy brevemente a Paco Roca hace bastantes años, pero tenemos la impresión de que, como sucede con su trabajo, el peso de su figura no deja de crecer dentro del panorama de la cultura de nuestro país. Como señalamos en la introducción a la charla, la etiqueta, tantas veces repetida, que lo señala como uno de los mejores dibujantes de cómic español empieza ya a quedarse corta para definir la impronta de su producción y su importancia como narrador de historias.
La postmodernidad marca un cambio de paradigma en la forma narrar historias. El peso vehicular de las imágenes, el intercambio transmedial y la ubicua autorreferencialidad son también rasgos fundamentales de la eclosión del cómic reencarnado en "novela gráfica". A riesgo de ser pesados, repetimos que consideramos a Paco Roca uno de los nombres esenciales a la hora de entender esa nueva forma de contar historias. Pese a no ser un autor veterano, el valenciano ha sabido evolucionar desde sus orígenes, cercanos a un realismo mágico borgiano y al cómic de género, hacia otro tipo de realismo estrechamente conectado con la memoria: la memoria propia (Un hombre en pijama), la familiar (Arrugas, La casa), la del propio medio (El invierno del dibujante) y la de España (Los sucos del azar).
Para acompañar su visita, la Biblioteca Pública de Soria (que casi sentimos ya como una segunda casa) ha organizado la exposición "Contando en viñetas: Paco Roca", que ilustra en varios paneles las diferentes fases del proceso creativo de su autor. Precisamente, durante su ponencia, el autor diseccionó en detalle su método de trabajo: el itinerario que transcurre desde la voluntad inicial de hacer un cómic hasta su publicación final. Junto a Carlos Vicente (su anfitrión de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en esta "gira" castellanoleonesa), se tocaron muchos temas y se habló de sus cómics y de sus múltiples adaptaciones interdiscursivas, pero también del panorama del cómic contemporáneo o de la forma en que un personaje público se enfrenta a su propia popularidad. Paco Roca no regateó explicaciones a la hora de satisfacer las dudas de sus admiradores o de atender a sus requerimientos (dedicatorias, dibujos, fotografías, etc.).
A veces tenemos la sensación de que el concepto de blog está perdiendo vigencia, que poca gente dedica ya tiempo a la lectura de textos de más de 280 caracteres; en definitiva, que cada vez hay menos lectores al otro lado. Sin embargo, cuando tenemos el privilegio de conocer (de reencontrar, en este caso) a los protagonistas directos del cómic, a sus verdaderos artífices, somos conscientes de que cada segundo dedicado a la crítica, al análisis y a la divulgación de su obra, es siempre tiempo bien invertido. Por eso, el disfrute es doble cuando se tiene la oportunidad de conocer uno de los grandes y uno descubre que detrás del personaje público hay un tipo tan agradable y generoso como Paco Roca. Gracias.

martes, noviembre 12, 2019

Un día más con vida. Kapuściński en la encrucijada

Un día más con vida (Another Day of Life, 2018), de Damian Nenow y Raúl De la Fuente, fue una de las películas más premiadas de 2019: entre muchos otros, recibió el Goya y el Premio del Cine Europeo a la mejor cinta de animación, fue Premio del Público en el Festival de Cine de San Sebastián, ganó un Premio Platino del Cine Iberoamericano, etc. La película es una coproducción europea (España, Polonia, Alemania, Hungría...) que recurre a ese estilo de animación naturalista a partir de actores reales que ya hemos visto en películas estupendas, como Vals con Bashir, y que se adapta como un guante a historias de tono documental y biográfico como la que nos ocupa.
La película relata los turbulentos episodios que sucedieron a la independencia de Angola en 1975. Cuando Portugal decidió cerrar su etapa colonial, el país africano se convirtió en una pieza geoestratégica dentro del escenario global de la Guerra Fría que enfrentaba a Estados Unidos y la Unión Soviética. Mientras que las fuerzas populares comunistas de liberación del MPLA recibían armas y dinero soviético en su búsqueda de un conflicto revolucionario a gran escala, la CIA financió secretamente a los sanguinarios ejércitos paramilitares del FNLA y UNITA, responsables de numerosas matanzas de campesinos y de la aniquilación de pueblos enteros. En medio de este escenario prebélico surge la figura de Ryszard Kapuściński, uno de los nombres míticos del periodismo de guerra del siglo XX. 
Somos grandes admiradores del reportero y novelista polaco. Sus libros se leen como los testimonios lúcidos y perturbadores de un testigo directo de la Historia; y se disfrutan como la mejor novela posible de aventuras. Como suele suceder con los elegidos, el éxito y el prestigio del periodista no se vieron exentos de polémicas. Desde antes de su muerte hubo voces que le acusaron de novelar la realidad y de rellenar los huecos de sus vivencias reales con anécdotas efectistas, no siempre de primera mano. Se le acusó de intervenir activamente en los sucesos de aquellas historias (de la Historia) que luego habría de relatar en sus libros; de romper la objetividad equidistante del cronista y sobrepasar la línea deontológica del observador imparcial. Nos importa poco, la verdad. Todavía no hemos encontrado una manera mejor de intentar entender el laberinto africano del siglo XX, su tortuoso e inacabable proceso de descolonización, sus matanzas sanguinarias, la huella viscosa de la explotación europea, la historia infame de sus sátrapas y tiranos genocidas..., que leyendo a Kapuściński. En novelas-reportaje como Un día más con vida, Ébano, El emperador o El Sha, el autor arrojó luz sobre las sombras de las políticas silenciadas, las guerras fratricidas y los procesos intervencionistas que derivaron en cientos de miles de muertos. El humanista y el periodista comprometido han sobrevivido y se han impuesto a las reticencias generadas a su alrededor.
Un día más con vida combina su animación naturalista con imágenes reales de archivo y fragmentos de cine documental protagonizado por algunos de aquellos hombres que acompañaron al periodista polaco en su peligrosa epopeya angoleña. Personajes como Artur o Luis Alberto nos ayudan a entender el impulso temerario que llevó a Ryszard Kapuściński a viajar desde Luanda hasta el sur de Angola, territorio minado debido a los enfrentamientos armados y las emboscadas que se sucedían entre las dos facciones enfrentadas; pero, al mismo tiempo, el lugar donde encontrar al mítico Farrusco, el líder guerrillero que inspiraba a muchos de los rebeldes angoleños, un ex-paracaidista portugués que cambió de bando y decidió quedarse en Angola y combatir por ella y por sus gentes después de que su país la abandonara.
En el sur, Kapuściński fue testigo de la invasión del ejército sudafricano (la Sudáfrica del apartheid) apoyadas por la CIA. Fue testigo, igualmente, de la ayuda militar que Angola recibió de Cuba, y, entre uno y otro episodio, se vio obligado a tomar una de las decisiones más trascendentales de su vida. La película indaga con lirismo y con tensión en esa zozobra interior del protagonista. Un lirismo que aparece en la cinta cada vez que el relato objetivo de los acontecimientos se ve sobrepasado por la duda del ser humano, por la introspección inevitable del reportero que se siente impotente en medio del caos (la "confusão") que durante décadas invadió el destino de Angola y sus gentes: "Sabía que presenciaba acontecimientos que iban a marcar el destino de la humanidad durante generaciones, siglos incluso: el nacimiento del Tercer Mundo".
Como le sucedería muchas otras veces a lo largo de su carrera, el periodista sobrevivió milagrosamente a su obstinada temeridad y dio sentido al cliché: vivió para contarlo. Lo hizo en su primer libro Un día más con vida, del que la película de Nenow y De la Fuente toma su nombre. La película funciona como el relato sincero de aquellas vivencias iniciáticas, pero también como un homenaje al hombre que Kapuściński llegó a ser: el cronista íntegro, valiente y comprometido que siempre supo elegir el ángulo correcto para contar la historia, su historia.
Me identifico con los humillados y ofendidos, entre ellos me encuentro a mí mismo. La pobreza no tiene voz. Mi obligación es lograr que la voz de estas personas sea escuchada. Ésta es mi misión.

domingo, octubre 27, 2019

The Eyes, de Javi de Castro. Cómics animados

No podemos decir que no estuviéramos avisados.
Durante las jornadas sobre cómic y animación que organizó José Manuel Trabado para la Universidad de León este verano, tuvimos la suerte de asistir a la charla que impartió el joven dibujante leonés Javi de Castro. Además de comentar su obra, De Castro tuvo tiempo de ilustrar a la audiencia sobre su método de trabajo y las diferentes fases de su proceso creativo. Justificó su apuesta cada vez más convencida por las herramientas digitales, sin que ello implique el abandono total de los medios plásticos tradicionales.
https://www.javidecastro.com/theeyes
Después de revisionar algunos de sus primeros cómics digitales y explicar su original uso de la animación gif, Javi de Castro dejó caer la primicia: en septiembre estrenaría su nueva página web, The Eyes, dedicada en exclusiva al webcomic y a la experimentación con la narración digital. El anuncio ha fructificado y ya podemos disfrutar de los primeros episodios publicados en su web. El resultado es sorprendente y satisfactorio.
Las cuatro historietas colgadas en su página hasta el momento (Blindness, Mirage, The Evil Eye y Visions) vuelven a recurrir a un uso sutil e inteligente de la animación gif, combinada con una secuenciación a partir del scroll vertical. La línea clara de Javi De Castro, cada vez más expresiva y rica en detalles, se beneficia de un espléndido uso del color que funciona con eficiencia en la creación de pausas narrativas y momentos de suspense. Es cierto que, por su extensión reducida, algunas historias discurren de forma un tanto apresurada y que le dejan a uno con ganas de más, pero el ritmo de publicación del autor promete nuevas lecturas y muchos más momentos de diversión. Un aplauso por The Eyes y deseemos que la buena nueva tenga una vida muy larga.
https://www.javidecastro.com/theeyes-blindness
https://www.javidecastro.com/theeyes-mirage
https://www.javidecastro.com/theeyes-theevileye
https://www.javidecastro.com/theeyes-visions

jueves, octubre 10, 2019

Los Estados Divididos de Histeria, de Howard Chaykin, en Culturamas

https://www.culturamas.es/blog/2019/10/04/los-estados-divididos-de-histeria-de-howard-chaykin-la-gran-broma-final/
Los Estados Divididos de Histeria nos reencuentra con un Howard Chaykin en estado puro, ácido y salvaje como siempre, pero si cabe aún más provocador. Pareciera que el estadounidense no hubiera perdido un ápice de rabia y energía con el paso de los años: su discurso sigue siendo combativo y extemporáneo; profundamente incómodo para una sociedad y una industria cultural que se han acostumbrado a la repetición formulaica y al puritanismo rigorista de lo políticamente correcto. No es una sorpresa que la publicación de Los Estados Divididos de Histeria fuera acompañada en su país por una oleada de críticas (efectivamente histéricas) y por la censura de una de sus portadas.
De todo ello hablamos en nuestro último artículo para Culturamas: "Los Estados Divididos de Histeria, de Howard Chaykin. La gran broma final".

https://www.culturamas.es/blog/2019/10/04/los-estados-divididos-de-histeria-de-howard-chaykin-la-gran-broma-final/

miércoles, septiembre 25, 2019

The Boys: cómic vs. serie

En 2006, el guionista Garth Ennis (Predicador) y el dibujante Darick Robertson (Transmetropolitan) comienzan a publicar The Boys en el sello Wildstorm, perteneciente a DC. Seis números después de su inicio, se cancela la serie por su tono polémico y subversivo. Al año siguiente, The Boys reanuda su andadura en un nuevo sello, Dynamite Entertainment, donde continuará hasta su finalización en el número 72, junto a tres miniseries. Entre 2013 y 2015, Norma Editorial publicó tres integrales en español, repletos de extras y artículos, que recopilaban toda la colección: el volumen 1, incluyó los números USA 1-30; el volumen 2 recopiló hasta el número 47, junto a algunas miniseries, como "Herogasm" y "Highland Laddie"; y, por último, el volumen 3 reunió el resto de números (48-72), además de la miniserie "The Boys: Butcher, Baker, Candlestickmaker".
Sin embargo, aunque el cómic de Ennis y Robertson se granjeó un buen número de fieles, su éxito masivo no ha llegado hasta 2019, con la adaptación televisiva producida por Amazon para su plataforma audiovisual. The Boys ha sido uno de los estrenos seriales más exitosos y comentados de este año.
¿A qué se debió la accidentada edición inicial del cómic? ¿Qué empujó a DC Comics a recular y abandonar su publicación, hasta el punto de ceder la serie a otra casa editorial (incluidos los 6 primeros números que ya habían sacado ellos)?
Hace falta un poco de reflexión diacrónica.
Si a finales de los 80 y comienzos de los 90 el cómic de superhéroes había renacido a partir de la revisión crepuscular y adulta de sus fundamentos (ya saben, Moore, Miller, Mazzucchelli, etc.), los últimos 90 y el arranque del siglo XXI resituarán el género en el territorio postmoderno de la metaficción y sus rasgos pertinentes: parodia, autorreflexividad crítica, autorreferencialidad, interdiscursividad, etc. Son los años gloriosos de esa pandilla de guionistas y dibujantes descreídos y subversivos que deciden poner al clasicismo superheroico patas arriba, dando la vuelta como un calcetín a algunos de sus valores "incuestionables". Es también el periodo de la consolidación del multiverso, el what if.., los crossover devenidos en fenómeno de masas y los del éxito definitivo de las adaptaciones transmediales (al cartoon primero y al cine digital después).
Dentro de ese panorama, cada vez aparecen más autores (algunos con una larga trayectoria) que basan su trabajo en la transgresión, el desbordamiento del molde y la parodia indisimulada: hablamos de guionistas británicos como Mark Millar, Warren Ellis y el escocés Grant Morrison a la cabeza de todos ellos; pero tambien de Mike Allred y Peter Milligan, con su genial X-Force; de Joe Kelly, Kevin Smith, Brubaker, Michael Bendis.. y de Garth Ennis, claro.
Aunque habría que situarla al margen del género superheroico, Ennis ya había mostrado a las claras sus intenciones creativas con Preacher (1995-2000), una de las obras fundamentales del cómic reciente. En sus páginas, el británico daba rienda suelta a una violencia casi gore y a una desinhibición absoluta por lo que respecta a la corrección política de los temas tratados, el lenguaje o la sexualidad. Con la elección del dibujante Steve Dillon y de Glenn Fabry como portadista, además, Ennis marcaba el territorio grafico que le interesaba para su rompedora propuesta: un estilo expresivo agreste y muy explícito, que, de algún modo, emparentaba Preacher con la segunda fase del underground de los años 70 (Rand Holmes, Jack Jackson, Richard Corben).
Cuando concibe The Boys, Ennis pretende llevar la ultraviolencia y el espíritu subversivo de Preacher aún un paso más lejos. La elección de Darick Robertson para la parte gráfica incide en aquellas mismas motivaciones underground, potenciando aún más, si cabe, la explicitud sexual y el grafismo encarnizado. Se trata de golpear en el estómago a la industria del entretenimiento de los superhéroes que representaban Marvel o DC, con sus héroes pluscuamperfectos y sus múltiples y desordenadas fecundaciones de supergrupos en mutación constante. No fue una sorpresa que, como ya hemos dicho, DC decidiera cancelar la serie apenas llegada a su sexta entrega. 
The Boys debe interpretarse como la deconstrucción postmoderna y nihilista de un género desde su parodia más radical y grosera. Los guiones de Ennis no dejan títere con cabeza y casi todas las citas y referencias intertextuales que llenan sus páginas distan de ser sutiles. Casi desde la primera viñeta, reconocemos a personajes que funcionan como el trasunto indisimulado de los grandes mitos del cómic de superhéroes: ahí están Superman, Superwoman, Aquaman, Flash, Batman o el Detective Marciano; aunque en las páginas de The Boys se llamen, con mucha sorna, The Homelander, Queen Maeve, The Deep, A-Train, Black Noir y Jack from Jupiter.
Todos ellos forman el supergrupo más poderoso del mundo, The Seven, versión bufa y depravada de Justice League, aquel grupo que a principios de los 60 inauguró para el universo DC la época gloriosa de los conjuntos superheroicos. A lo largo de las páginas de The Boys encontraremos remedos burlescos de los principales supergrupos de Marvel y DC, con sus nombres alterados, pero con unos rasgos intrínsecos bien reconocibles: Young Americans (Teen Titans), G-Men (X-Men), Payback (The Avengers), Teenage Kids (The New Mutants), etc.
La novedad y la gracia del asunto (de la parodia) reside en que el cómic de Ennis y Robertson revierte por completo los valores heroicos de los protagonistas clásicos que lo inspiran. Frente a la rectitud moral, el valor y la sed justicia que definía a los superhéroes de la Edad de Oro estadounidense, estos nuevos protagonistas se caracterizarán por su codicia, su mezquindad, su depravación y su crueldad extrema. Atributos, todos ellos, puestos al servicio de macrocorporaciones tecnocráticas (singularizadas en el cómic en la tenebrosa corporación Vought International) y de  esa industria del espectáculo que se alimenta de reality shows, miserias humanas y talent shows de dudosa moral. Con cada nuevo episodio, The Boys pone una nueva pieza en el gran puzle de la degradación social y política hacia el que —parecen denunciar sus autores— se dirige occidente de forma irremisible. Dentro del tono corrosivo que contagia a la serie, los chistes de Ennis comienzan a chapotear en todos los charcos de la incorrección política (machismo, homofobia, racismo, neofascismo, intolerancia religiosa, etc.) en un deslizamiento progresivo hacia la total degradación del género superheroico, que terminará convertido en una (muy divertida y adictiva) broma de mal gusto. La moraleja resulta transparente: nada puede ser así de perfecto, detrás de cada sonrisa profident hay siempre un aliento fétido. Hagan ustedes una sencilla extrapolación del silogismo a la vida real y apliquen la conclusión no escrita a cualquier posible interpretación del panorama político y económico contemporáneo. Y ya lo tienen...
 
Esta temporada Amazon Prime Video ha estrenado la adaptación serial televisiva de The Boys en su plataforma audiovisual. A tenor de las críticas y las reacciones entusiastas de los televidentes, ha sido todo un éxito. Nos contamos entre sus seguidores satisfechos.
Se esperaba con precaución (recelo incluso) la adaptación de un cómic que, a primera vista, se antojaba difícil. Espinoso y demasiado agraviante para demasiados colectivos. La serie, creada por Eric Kripke (artífice de Supernatural), cuenta con Garth Ennis y Darick Robertson entre sus productores ejecutivos, hecho que invitaba a pensar en cierta fidelidad transmedial. Y la hay, pero sólo parcialmente. El cómic original encuentra su reflejo más o menos certero en su adaptación televisiva. Sin embargo, las diferencias también son notables. Casi todas ellas responden a una "necesidad sincrónica": es decir, están marcadas por el signo de los tiempos y sus penitencias.
En su versión audiovisual, The Boys no pierde ni un ápice de mala leche y humor ácido. Es más, en la adaptación naturalista que implica toda narración fílmica con autores de carne y hueso, la ultraviolencia los personajes resulta aún más lacerante y encarnizada. Terminamos cada capítulo de los ocho que forman la primera temporada salpicados de sangre y vísceras. Algunas escenas del cómic original funcionan a la perfección, como la del "accidente" de Robin, la novia de Hughie, en los primeros segundos de la temporada.
Esta bajada de la ficción al plano de lo real obliga también a cierta concreción dramática por lo que respecta a la unidad de acción, espacio y tiempo. Por el camino, se pierden ramificaciones y personajes que desarrollan en el cómic algunas subtramas divertidas. El contenido de estos primeros ocho episodios compendia el material narrativo de varios arcos (pocos) del primer volumen recopilatorio que mencionábamos al comienzo del texto ("Las reglas del juego" y, parcialmente, "Cherry" y "Bueno para el alma"), pero ignora deliberadamente y por completo bastantes otros ("Moja", "Glorioso plan quinquenal", "No le miento, Sargento", etc.); los últimos capítulos (los que cubren el episodio de la Convención Cristiana Superheroica) se ciñen con bastante fidelidad al arco "Creer" (perteneciente al segundo volumen recopilatorio).
Se prescinde en la trama televisiva, sobre todo, de aquellos episodios que muestran un contenido más crítico y explícito contra la política exterior estadounidense (recordemos que The Boys nace durante en el periodo más crítico de la administración de George W. Bush y que funciona, en parte, como una reacción a la política americana post 11-S). Tampoco encontramos en la adaptación televisiva la incorrección política que Ennis dedica a los diversos colectivos y minorías sociales de Estados Unidos: la subversión contra las buenas formas se diluye en un discurso que circunscribe sus andanadas al ámbito de la violencia y el lenguaje explícito; y, en menor medida, a un tratamiento de la sexualidad que nunca llega a ser tan explícito y salvaje en la serie como en las páginas de los comic books.
Por último, la serie omite también buena parte de las referencias metadiscursivas y autorreferenciales del cómic original: buena parte del trabajo de Ennis y Robertson debía leerse como una autorreflexión crítica sobre los cómics de superhéroes. Sus páginas estaban repletas de citas, guiños y alusiones directas a otros tebeos. El cómic deconstruía el género, al mismo tiempo que construía su propia revisión crítica. El arco titulado "Moja", por ejemplo, incluía a The Legend, el divertido y maquiavélico guionista, editor y archivista de cómics, al servicio de American's Victory Comics (la rama editorial de la Corporación Vought), encargado de construir la "historia oficial" de los superhéroes; convenientemente aderezada y expurgada de polémicas.
Hasta aquí las podas, pero ¿en qué medida enriquece la producción de Amazon el universo de The Boys, más allá de ese ya mencionado naturalismo?
Kripke y sus productores ejecutivos aumentan, por ejemplo, la presencia de la Macrocorporación Vought, dotando de mucho peso a Madelyn Stillwell, el personaje interpretado por Elisabeth Shue como vicepresidenta de la compañía. De esta forma, la importancia del factor armamentístico, que ya estaba presente en los cómics (la idea de convertir a un supergrupo en arma de destrucción masiva), adquiere prominencia en la versión televisiva hasta transformarse en uno de los hilos centrales de la trama. Vought International se consolida definitivamente como representación simbólica del mal (la antigua idea del villano elevada a una abstracción tecnocorporativa): la iniquidad asociada a la codicia empresarial, la especulación y la deshumanización de las grandes empresas. Es uno de los efectos directos de la crisis financiera de 2008: el enemigo ya no es tanto un nombre propio o una cara conocida, como la maquinaria financiera sin rostro que provocó el colapso económico. Ese deslizamiento de culpas post-crisis se concreta en The Boys en la imagen corporativa de la empresa Vought, cuyas intereses financieros serán la excusa para todo tipo de delitos y atropellos contra los Derechos Humanos. Y cuyo estandarte estará representado nada menos que por The 7, el grupo de héroes más admirado y respetado del mundo.
Aquí entra otro de los subtextos de la serie, potenciado respecto a los cómics: la crítica furibunda contra el papel de los medios de comunicación, la publicidad y la industria del espectáculo como factores de alienación y ocultación. The Boys apuesta (con intencionada inquina) por las teorías conspiranoicas y las manos invisibles en su interpretación del control político y económico global. Lo hace desde el tono paródico e hiperbólico que la caracteriza, pero sin dejar de sembrar ciertas dudas (razonable y persistentemente) acerca del oscurantismo en el que se encuentra el ciudadano medio; pagano final de todas las crisis.
The Boys, la serie, es una excelente adaptación. No es mimética ni exacta, por supuesto. Ninguna adaptación transmedial debería serlo. El cambio de medio siempre implica un cambio en las reglas del juego, un proceso adaptativo. En este sentido, la ficción audiovisual de Amazon saca provecho de las posibilidades que ofrece el lenguaje serial televisivo, así como de su actualización histórica a un momento diverso del que la vio nacer. Nos gusta el cómic de Ennis por lo que tuvo de transgresión, por su salvajismo y por su falta de pudor; también porque respondía a un momento histórico concreto de la evolución del género. Curiosamente, muchas de las razones por las que también nos ha gustado su adaptación televisiva.

miércoles, septiembre 04, 2019

El Fantomas de Cortázar. A fondo

El gran Julio Cortázar también hizo un cómic.
Bueno, no fue realmente un cómic, más bien un juguete anticapitalista con viñetas, bastante texto y paletadas de imaginación subversiva. Se llamó Fantomas contra las multinacionales (1975) y funcionaba como un folletín ilustrado de reivindicación política cargado de parodia postmoderna (antes de que tal cosa llegara a entenderse como tal). En él, el propio Cortázar convertido en personaje, junto a amigos como Susan Sontag o Alberto Moravia, recurre a Fantomas para conseguir dar voz a las denuncias y la sentencia simbólica del Tribunal Russell II (del que el propio Cortázar formó parte como testigo y miembro de la comisión) contra las violaciones de los derechos humanos en América Latina durante las décadas de los 60 y 70, así como contra el saqueo de los recursos naturales de la zona por parte de las empresas multinacionales.
Pero no les vamos a engañar, hemos traído a Cortázar a colación por otras razones muy diferentes.
En esta era cibernáutica de comunicaciones instantáneas y enciclopedismos al alcance de un clic, los secretos culturales pueden llegar a pasar desapercibidos entre el flujo de contenidos disponibles. Cuando se tiene acceso a todo, terminamos por insistir en lo de siempre. Esa pereza obstinada en tiempos de abundancia.
Probablemente nunca llegue a ser la BBC, pero cuando los gobiernos de turno (con sus aves rapaces de cabecera) se olvidan por un rato de degradar a la televisión pública y de mangonear su programación con indecencia propagandística, el medio público español también puede llegar a ser un espacio de encuentro. Ahora que además existe la posibilidad de descubrimiento y revisión, gracias a la plataforma digital de TVE, podemos incluso reconciliarnos con los programas itinerantes que nunca conseguimos encontrar en la parrilla a su hora de emisión real (léase Días de cine).
Debemos algunos de los mejores reencuentros televisivos recientes a ese milagro llamado "Televisión a la carta", que nos ha abierto a todos los españoles una buena parte del archivo inabarcable de la televisión que veíamos de pequeños, e incluso de la que veían nuestros padres y abuelos. Llevamos unas semanas, por ejemplo, enganchados a "A fondo", aquel programa de entrevistas dirigido y presentado por Joaquín Soler Serrano que visitaron algunos de los grandes nombres de la cultura del siglo XX; incluidos muchos de los mejores escritores de la literatura universal. Soler Serrano era un tipo instruido y elegante (un poco pedante y engolado en ocasiones), un presentador de los de antes, de los que dejaban hablar a sus invitados y les trataban con deferencia; en su caso, muchas veces, con la admiración verdadera de quien se sabe un privilegiado por poder compartir diálogo, cigarrillos y copas con genios como Dalí, Ayala, Alberti, Fellini, Carpentier, Borges o Cortázar.
"A fondo" esconde momentos gloriosos, como el de Umbral hablando con gravedad del hambre de postguerra mientras deglute vasos de leche y come manzanas compulsivamente; el de un Cortázar, aligerado de solemnidades y cada vez más relajado, fumándose los minutos junto a Joaquín Soler Serrano, hasta el punto de esgrimirle un “te respondo a esa pregunta si me das un poco de tu whisky”; o el de Dalí autoproclamándose puerco, "en el buen sentido de la palabra", y disparando ráfagas de titulares: “cuanto más me admiro, menos daliniano soy”. Habremos ganado en salud, pero cuánta normalidad hemos perdido.
Hace algunos años, se editó una colección de DVD recopilando algunas de las entrevistas más sobresalientes del programa ("Grandes Personajes A Fondo"), pero es ahora cuando tenemos la ocasión de disfrutar de ellas en el medio mismo que las vio nacer. La de Cortázar es una de las mejores.
Animado por un Soler Serrano al que le cuesta disimular su alborozo, el escritor argentino desgrana minuciosamente su biografía y su obra, sin ahorrar cigarrillos, tragos y reflexiones cargadas de lucidez. A medida avanza la conversación, trasluce la humildad y el genio oratorio de un Cortázar cada vez más relajado e intimista. La charla nos regala pasajes cuasi-confesionales, algunos verdaderamente emocionantes: como ese alegato dolorido y reivindicante de los exiliados por las purgas fascistas y la persecución política.
Por su duración, TVE ha dividido la entrevista en dos fragmentos. En el segundo de ellos (22:50-28:18), Cortázar reflexiona acerca de la génesis y las razones de ese curioso tebeo que, en formato comic-book, publicó en 1975. Su existencia nos ha servido de excusa para escribir este post y, sobre todo, para volver a la figura de uno de los grandes hombres de la cultura latinoamericana.
Julio Cortázar en 'A fondo' (1977) 


martes, agosto 20, 2019

Esenciales ACDC 2019 (primer semestre)

De nuevo, La Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic) publica su listado de esenciales con los cómics favoritos de la crítica durante el segundo semestre de 2018. Y, de nuevo, la ocasión es estupenda para completar lecturas, sacar ideas para futuros regalos y disfrutar de cómics que se nos pudieran haber pasado por alto en el curso anterior.
Éstas son las planillas con las portadas de los títulos seleccionados y la nota de prensa de la asociación:
 
En el listado, compuesto por un total de treinta novedades y cinco reediciones, destacan los títulos de autores españoles así como una significativa presencia de manga clásico, con obras de, entre otros, Go Nagai o Miyako Maki.
Con esta selección la asociación busca ofrecer una ‘guía de lectura’ tanto para lectores y aficionados como para bibliotecas, librerías y otras entidades culturales. 
La Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic) presenta la primera ronda de sus ‘Esenciales 2019’, la selección semestral de cómics con la que esta organización busca llamar la atención sobre las obras más relevantes de entre la gran cantidad de títulos editados en nuestro mercado. Con las treinta novedades y cinco reediciones publicadas entre enero y junio del presente año se conforma una 'guía del lectura' que sirva de orientación a lectores habituales y a aficionados al medio, pero también a libreros, bibliotecarios y gestores culturales.
La selección de novedades de la ACDCómic contiene una variada muestra de lo publicado durante el pasado semestre. Hay obras de jóvenes y talentosos historietistas españoles, caso de Aroha Travé con Carne de cañón, de Núria Tamarit con Dos modenas o de Víctor Solana con El subsuelo; pero también de dibujantes nacionales plenamente consolidados, como Inframundo, de Pep Brocal o La noche polar, de Marcos Prior.
En lo referente al cómic internacional, se observa una importante presencia del manga, una tendencia que ya se viene repitiendo en las últimas ediciones de 'Esenciales', merced al buen momento que atraviesa este segmento editorial en España. Así, entran en la selección obras de autores clásicos publicadas por primera vez en nuestro mercado, como Mi vida en barco de Tadao Tsuge, Mujeres del zodiaco de Mayako Maki, La cantina de la medianoche de Yaro Abe o Devilman. The first de Go Nagai; compartiendo espacio asimismo con títulos actuales como Golden Kamuy de Satoru Noda y Reiraku de Inio Asano. 
Respecto al resto de historietas elegidas, cubren igualmente una enorme diversidad, pues van desde la obra magna de Seth, Ventiladores Clyde, por fin concluida, a novedosas propuestas didácticas como Historia del arte en cómic: El mundo clásico, de Pedro Cifuentes;  pasando por lo último del actual guionista estrella de Marvel, Donny Cates, titulado Veneno; el cómic infantil representado por Bolívar de Sean Rubin, o la consolidación definitiva de Nick Drnaso a través de Sabrina.
La lista completa de ‘Esenciales’ para el primer semestre de 2019, en orden alfabético, es la siguiente:

Novedades

  • Bahía Acuicornio, de Katie O’Neill (La Cúpula)
  • Bolívar, de Sean Rubin (ECC)
  • La cantina de la medianoche 1: Tokyo Stories, de Yaro Abe (Astiberri)
  • Carne de cañón, de Aroha Travé (La Cúpula)
  • Devilman. The first, de Go Nagai (Panini)
  • Dos monedas, de Núria Tamarit (La Cúpula)
  • En un rayo de sol, de Tillie Walden (La Cúpula)
  • Los enemigos superiores de Spiderman, de Nick Spencer y Steve Lieber (Panini)
  • Esos días que desaparecen, de Timothé Le Boucher (Dibbuks)
  • Golden Kamuy, de Satoru Noda (Milky Way Ediciones)
  • Guy, retrato de un bebedor, de Olivier Schrauwen, Ruppert & Mulot (Fulgencio Pimentel)
  • Historia del arte en cómic 1: El mundo clásico, de Pedro Cifuentes (Desperta Ferro)
  • Inframundo, de Pep Brocal (Astiberri)
  • Intisar en el exilio, de Pedro Riera y Sagar Forniés (Astiberri)
  • Irmina, de Barbara Yelin (Astiberri)
  • Laura Dean me ha vuelto a dejar, de Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell (La Cúpula)
  • La mentira y cómo la contamos, de Tommi Parrish (Astiberri)
  • Maldita casa encantada, de Artur Laperla (Sapristi)
  • Mi vida en barco, de Tadao Tsuge (Gallo Nero)
  • Mujeres del zodíaco, de Miyako Maki (Satori Ediciones)
  • Niño prodigio, de Michael Kupperman (Blackie Books)
  • La noche polar, de Marcos Prior (Astiberri)
  • Ocultos, de Laura Pérez (Astiberri)
  • Reiraku, de Inio Asano (Norma)
  • Sabrina, de Nick Drnaso (Salamandra Graphic)
  • La sangre extraña, de Sergi Puyol (Apa Apa)
  • El subsuelo, de Víctor Solana (GP Ediciones)
  • Veneno, de Donny Cates y Ryan Stegman (Panini)
  • Ventiladores Clyde, de Seth (Salamandra Graphic)
  • Vidas paralelas, de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel)

Reediciones

  • Charlie Moon, de Carlos Trillo y Horacio Altuna (Astiberri)
  • Epiléptico, de David B. (Salamandra Graphic)
  • La guerra de Alan, de Emmanuel Guibert (Salamandra Graphic)
  • Isaac el pirata. Edición integral, de Christophe Blain (Norma)
  • Diario de un ingenuo, de Emile Bravo (Dibbuks)
ACDCómic es una asociación sin ánimo de lucro que agrupa a personas que realizan trabajos de periodismo, crítica, estudio, comisariado y otras actividades teóricas y divulgativas relacionadas con el cómic. La asociación se constituyó en 2012 con la voluntad de colaborar en la difusión del trabajo que ya desarrollan sus miembros de forma individual, emprender iniciativas conjuntas que no se podrían afrontar de forma separada y servir de interlocutor ante otros colectivos o instituciones.
En la selección de los Esenciales del primer semestre de 2019 han participado cuarenta y siete miembros de ACDCómic: Anna Abella, Daniel Ausente, Agus López “Bamf!”, Mikel Bao, Octavio Beares, Pablo Begué, Luigi Benedicto, Josep Maria Berengueras, Marc Bernabé, José Martínez “Bouman”, David Brieva, Marc Charles Palau, Oriol Estrada, Ángel L. Fernández, David Fernández de Arriba, Nerea Fernández, Iván Galiano, Manuel González, Julio Andrés Gracia Lana, Óscar Gual, Cristina Hombrados, Kike Infame, Raúl Izquierdo, Jesús Jiménez, Joan S. Luna, Jota Lynnot, Javier Marquina, Elena Masarah, Diego Matos, Pedro Monje, Javier Mora Brodel, Francisco Naranjo, Josep Oliver, Carolina Plou, Juan Royo, José Andrés Santiago, Óscar Senar, Xavi Serra, Alex Serrano, Jose A. Serrano, Jon Spinaro, Henrique Torreiro, Raúl Tudela, Rubén Varillas, Jaume Vilarrubí, Gerardo Vilches y Yexus.