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jueves, diciembre 04, 2008

Teratoid Heights, de Mat Brinkman. El ataque polimorfo.

En plena fase post-traumática de recuperación "maggotsiana", el amigo Kioskerman (cuyas tiras semanales no nos cansamos de recomendar) nos sugirió, entre otras cosas, el ataque a otro miembro de ese grupo de comiqueros incendiarios y transgresores que es Fort Thunder: Mat Brinkman. Guiados por tan buen consejero, tardamos horas en encargar su único y complejo Teratoid Heights. Muy poco tardamos también en devorarlo.
Devorarlo, sí. Por puro espíritu de supervivencia, no fuera que los monstruos que habitan los cerros de Teratoid terminaran por engullirnos a nosotros. A primera vista, Teratoid Heights tiene muchos elementos en común con Maggots; para empezar, la afición musical de sus autores: pero mientras Chippendale y sus Lightnining Bolt castigan los oídos con ráfagas del noise más salvaje (atención al vídeo), Brinkman se decanta por los experimentos electrónicos en bandas como Mindflayer o Forcefield.
En cuanto a las viñetas en sí, tanto Maggots como Teratoid Heights brillan por su heterodoxia. Obras de contracultura más que cómics propiamente dichos. En ambos, el experimento visual se impone al componente narrativo: secuenciación acumulativa, ruptura de las convenciones lectoras y recursividad de elementos detrás de pantallas de ruido (obstáculos a la lectura) en Maggots; en el trabajo de Brinkman prima el concepto de cambio, la evolución animal explicitada en los procesos de mutaciones imposibles de esas entidades-monstruos-animales orgánicos que habitan sus páginas.
Presenta su obra Brinkman como un libro conformado por diferentes episodios evolutivos independientes (con títulos sólo vagamente descriptivos o referenciales como "Oaf", "Flapstack", "Bolol", "Belittle", "Crudclub", "Glitch Ganglion", etc.) que acaban por componer el interesante árbol genealógico de las especies que habitan las Teratoit Heights y sus tierras laberínticas. El estilo de Brinkman ayuda a forjar esa pangea narrativa gracias a sus plumazos toscos y texturados. La fisiología de los personajes de Teratoid Heights está, aparentemente, constituida por la materia mítica más básica: sus formas "vivas" parecen hechas de piedra, madera, agua y vapores solidificados. Tampoco encontramos pensamiento racional en las acciones de los personajes, sólo instintos básicos y satisfacciones primarias destinadas a la supervivencia. Así, podemos entender este trabajo como una alegoría primaria y primigenia, una recreación en blanco y negro del nacimiento de un nuevo mundo.
La obra es mucho más "digerible" que Maggots y su lectura mucho más agradecida (no sé si gratificante sería el término adecuado aquí). El efecto en el lector, no obstante, es similar en ambas: después de una fase inicial de desconcierto, nos vemos sumergidos en la cascada rápida de secuencias mudas, que nos conducen hacia resultados insospechados, pero plenamente coherente dentro de la "lógica" animalidad de sus protagonistas. De este modo, el rol activo del lector en las obras de los autores de Fort Thunder parece resquebrajarse a causa de una ordenación que se supone anclada a procesos irracionales, pero que en realidad reponde a un inteligente y novedoso manejo de la secuenciación por parte de sus autores.
Teratoid Height fue publicado en 2003 en Canada por la difunta Highwater Books. No obstante, algunos de sus capítulos habían aparecido con anterioridad en diversas publicaciones (Burning, Monster, Comix2000...) entre 1994 y 1999. Mucho ha llovido ya y muchas extinciones (editoriales y "revisteras") han acontecido desde entonces. Curiosamente, cada vez somos más los que descubrimos a algunos de los talentos que habitaron durante aquellos años en el pequeño ecosistema de Providence y que se dieron a conocer como Fort Thunder. Tenemos la sensación de que no son (serán) pocos los que han bebido y están evolucionando desde aquellas fuentes.