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lunes, junio 09, 2014

Sin título, de Cameron Stewart. La madeja serial.

Esto no es una reseña, es la confirmación de una reseña. La que hicimos hace cuatro años con motivo del premio Eisner que Cameron Stewart obtuvo en 2010 gracias a su webcómic Sin título. En aquel entonces, loábamos las virtudes de un cómic que jugaba a la vuelta de tuerca y el cliffhanger continuado. Cada nueva entrega de Sin título era un thriller en miniatura en la línea de las antiguas tiras cómicas que constituían unidades narrativas independientes, pero que se debían a un todo, con rasgos de sumario y suspense en cada una de ellas. El ejercicio de Stewart funcionaba en su creación de asombro sin fin.
Cuando reseñamos Sin título, el cómic se hallaba más o menos por la mitad de su trama y planteábamos el riesgo de que se pareciera a esas historias (en Hollywood lo saben muy bien) que viven de la emoción constante y de la apertura de líneas narrativas sorpresivas a cada nuevo paso/página. Normalmente, las pélículas o las series que basan su armazón narrativo en el engaño y el desconcierto progresivo del espectador suelen caer en su propia trampa a la hora de satisfacer las expectativas creadas en ese mismo receptor.
Sin título concluyó en octubre de 2012 después de 160 entregas. Dark Horse Comics en Estados Unidos y ahora Astiberri en nuestro país lo han editado en formato libro. Son varias las reflexiones a que nos mueve su lectura.
El cómic de Cameron funciona tan bien en papel como lo hacía en formato web; mantiene su formato rectangular apaisado y su estructura regular reticulada de ocho viñetas simétricas por página. No sabemos si este hecho es una buena noticia para Cameron y Sin título o una pésima noticia para los webcómic como formato de composición y difusión. Casi ninguna de las predicciones de McCloud respecto al medio digital y su potencial narrativo parecen haberse cumplido. La red y la tecnología digital han funcionado como dinamizadores de la "industria", como factor imparable de difusión y reproducción, pero ¿hasta qué punto han cambiado las estructuras de la narración comicográfica? Los experimentos de gente como Cat Garza o Daniel Merlin cada vez parecen más precisamente eso, experimentos; y los webcómics que triunfan de verdad no parecen aspirar a otra cosa que a su publicación en papel, por lo cual uno termina por cuestionarse hasta que punto el formato web no es otra cosa que un simple formato. Esperamos equivocarnos.
No en el caso de Sin título. En su día comparábamos esta obra con algunas otras narraciones seriales, como Perdidos o los tebeos de Urasawa; cuyos valores principales tenían que ver con el grado de adicción generado en el consumidor y la emoción mantenida. El trabajo de Cameron plantea una nueva interrogante, literalmente, en cada página. Su lectura es adictiva y el modo en que engarza realidad, ficción, sueño y subconsciente funciona francamente bien, aunque le deje al espectador con una mosca detrás de la oreja prácticamente desde el arranque: ya se sabe, las áreas desconocidas de la mente y el subconsciente onírico son factores muy socorridos cuando llega el momento de restañar un espejo-guión narrativo roto en mil pedazos por mor del suspense. Sin título soluciona el brete con relativa fortuna. El lector no se siente estafado cuando concluye la lectura y, sin ser una obra completamente abierta, el relato mantiene algunas interrogantes en el aire una vez concluido, acerca del proceso creativo, la inspiración y los diferentes planos de la realidad.
Con Sin título, en el fondo, sucede lo mismo que está pasando con el fenómeno contemporáneo de las series televisivas (un aspecto que cuestiona desde raíz los fundamentos mismos de los relatos por entregas en televisión): la espera hasta el siguiente capítulo es positiva, genera expectativas y favorece el intercambio de opiniones, pero, cuando es el espectador quien tiene el poder para gestionar su propio calendario de "consumo" -y no las cadenas, productoras, o autores en el caso del cómic-, ¿no es cierto que la ingesta episódica se torna aún más intensa?, ¿cómo explicamos esos casos de aficionados que degluten una serie de cuatro temporadas en una sola semana?, ¿quién no ha caído alguna vez en la tentación de "tragarse" tres o cuatro episodios de su serie (coyunturalmente) favorita de una sentada, solazándose en esa pérdida de autocontrol cultural?, ¿no es exactamente eso lo que está sucediendo a día de hoy con las fórmulas de difusión y recepción de las series? 
Quizás sea esa la razón de que Sin título también pareciera predestinado a convertirse en una novela gráfica (más). No es nuevo, que le pregunten a Galdós.

sábado, julio 31, 2010

Sin título, de Cameron Stewart. Ciffhangismo de raíz.

Hace años (y esta vez en un sentido casi literal) que no hablamos de cómics online, ni actualizamos la lista de los mismos en nuestra barra lateral. Para remediar el abandono, nos hemos puesto al día con Sin título, la historieta de Cameron Stewart ganadora de los últimos premios Eisner en la categoría de mejor cómic digital. Comenzó el 17 de junio de 2007 y se encuentra actualmente en su entrega 101. Sin duda, Sin título (cuya españolidad empieza y acaba en el mismo) es hija y signo de estos tiempos. 

Comentábamos en una charla reciente que de aquellas doce revoluciones que anunciara Scott McCloud hace diez años, las que menos parecen haber cuajado son las relativas a internet y la revolución digital. Es cierto que la oferta de webcomics es cada vez mayor; lo es también que internet ha permitido establecer vínculos casi personales entre lectores, autores, críticos y blogueros (haciendo incluso coincidir varias de estas figuras en una misma persona); también admitimos que la adquisición y lectura de cómics cambiará sustancialmente gracias a los nuevos soportes de lectura digital y las nuevas tiendas online; pero, desde el punto de vista formal, desde el aspecto puramente narrativo, los webcomics no han revolucionado el lenguaje ni las posibilidades expresivas del medio, nos parece. Trabajos de experimentación radical, como los de Daniel Merlin o los del propio Scott McCloud, tienen un seguimiento minoritario y su repercusión en los medios (incluso en el medio comicográfico) es relativamente escasa. 

Sin embargo, después de leernos Sin título, casi de un tirón, tenemos que replantearnos algunos puntos, quizás no tanto por la naturaleza concreta de este trabajo, sino porque hasta ahora no nos habíamos percatado de uno de los hallazgos formales que aportan los cómics digitales a la evolución del medio.

Uno de los factores esenciales que determinaban la estructura discursiva de las tiras periodísticas era el de la continuidad, con mayúsculas: se trataba de que el lector pudiera seguir las andanzas de su héroe favorito o los chistes del "animal sabio" de turno sin perder el hilo conductor de la serie, aunque efectivamente se hubiera perdido alguna de las entregas precedentes. Este sistema de serialización creaba continuas redundancias y requería de mecanismos de repetición (basicamente carteles de resumen y didascalias explicativas constantes), que tenían su razón de ser en los plazos de entrega (diarios, semanales, etc.) de las series. Hoy en día, cuando la lectura de las tiras se lleva a cabo de forma continuada gracias a libros-recopilatorios, constatamos con facilidad cuánto entorpece el ritmo de narrativo tanta explicación y resumen. Ésta es la principal razón de que el acercamiento a las tiras de Caniff o Gould resulte, en muchos casos, fatigoso; cosa diferente es, por razones obvias, el caso de las tiras humorísticas (cuya finalidad última, humorística, se satisfacía en cada entrega). Hablando en plata: muchas de las series clásicas periodísticas (con todo su caudal de innovaciones técnicas, virtuosismo visual y valía sociocultural) han envejecido fatal, en términos puramente narrativos.
Ahí es donde el webcomic aporta la solución definitiva al cómic seriado y la publicación regular por entregas. En las tiras de prensa, cuando un lector dejaba de leer una entrega (porque no compraba el periódico de ese día, por ejemplo), perdía la posibilidad de revisión de lo narrado: no había forma de moverse hacia atrás en el relato, de refrescar contenidos (un periódico es un objeto desechable). La web (el hipertexto multidireccional) elimina definitivamente la necesidad de resúmenes y redundancias narrativas: no hace falta repetir mil veces lo ya dicho o aportar indicios que guíen al lector; éste puede, simplemente, pinchar en la pestaña con la flecha o fecha correspondiente y moverse libremente por el relato. De este modo, el mismo fluye de forma mucho más natural y con muchas menos restricciones.

Sin título es un cómic excelente para ejemplificar lo aquí expuesto. Cameron Stewart es un autor que trabaja sobre todo para las grandes compañías estadounidenses de comic-books, encargándose de series regulares como Batman & Robin. Sin embargo, él mismo declara que donde se siente más cómodo y libre de restricciones es en trabajos como Sin título.

Su webcomic se plantea en entregas regulares (no en el tiempo, lamentablemente) de ocho viñetas divididas en dos tiras. Cada una de sus páginas funciona como unidad narrativa relativamente autónoma (dentro de la historia principal), en el sentido en que todas pretenden acabar en un momento de acción climática que enganche al espectador (como las antiguas tiras periodísticas, pero con un formato más amplio que permite una mayor ambición narrativa). En inglés a este recurso se le denomina cliffhanger, porque deja al espectador/lector al borde del abismo, del precipicio, anclado en el momento de máxima tensión. El propio Stewart revela sus influencias en uno de los breves comentarios con los que acompaña cada una de sus entregas (la de la página 39, en concreto):

One of my favorite pieces of serial fiction, and one of the indirect influences on Sin Titulo, is the tv series Lost. One of the things that Lost does exceptionally well, and which I am trying to emulate, is to advance the story while continually opening new narrative avenues, and to end each episode with a really exciting cliffhanger that hopefully keeps the audience hooked. One of the other things I enjoy about Lost is reading all the various theories that have been proposed about What’s Really Going On. Some of them make sense, some of them are really unlikely, and I’m sure that very few of them are what the writers actually have in store for us. So to that end I’d encourage readers of Sin Titulo to post their theories here – what do you think is happening? Where is the beach? Who is the woman in black? What happened in Room #3?

El autor remite a Perdidos y sus mil puertas abiertas y misterios no revelados, como influencia directa. Muchos de los comentarios de sus lectores mencionan a David Lynch. Hablamos de lo mismo, en realidad. Lo comentábamos aquí hace nada: la narración dislocada y el extrañamiento como factores de construcción narrativa parecen ya definitivamente anclados en la experiencia del lector/espectador contemporáneo. David Lynch, Daniel Clowes y Tarantino ya han plantado su semilla. Nadie se sorprende de la sorpresa hecha leitmotiv. Sin Título se nutre de ello, con una trama en la que se abre un interrogante tras otro sin dar respiro. Tensión en constante crescendo, una vuelta de tuerca tras otra, a lo Urasawa. Nos queda esperar y ver si las interrogantes son señales de humo o construcciones cerradas, constatar si al final del camino hay algo más que aire (ese es el riesgo de este tipo de relato); esperamos que no sean el sueño, la pesadilla o la amnesia, las decepcionantes respuestas, una vez más.

Hasta entonces, seguiremos disfrutando de Sin título, un tebeo de suspense, tremendamente hábil, adictivo como pocos y muy muy bien dibujado; con una línea claramente emparentada con el estilo de David Mazzucchelli y su minimalismo superdotado. Stewart usa el color (un expresivo bitono ocre) con maestría y sus dotes para la composición de escenas crean cuadros muy bellos visualmente que, como hemos señalado, funcionan con perfección dentro de su esquema narrativo. Y además, por la módica cantidad de una conexión a internet. No se queden sin este título.