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viernes, octubre 06, 2017

Lisboa hipster (y alrededores)

Hace algo más de un año, les hablábamos de los muchos grafitis que nos encontramos en una escapada lisboeta y nos poníamos tremendos con unas expectativas insatisfechas creadas por el enésimo artículo de tendencias.
Pues bien, ¿se pueden creer que hemos insistido en la búsqueda de esa Lisboa moderneta y que esta vez sí que la hemos encontrado? (Amigos y familiares mediante, todo sea dicho).
Llevados por los mejores guías posibles, nos acercamos a Sintra con la sana intención de visitar sus maravillas arquitectónicas, comer bien y olvidarnos de crisis y banderas (que tantas veces van unidas). Pero cuando nos propusieron visitar el alucinante y escondido Monasterio de los Capuchos y "vermutear" luego por los alrededores, no esperábamos encontrarnos con el rincón más hipster de Portugal a apenas unos cientos de metros de distancia: en la freguesía de Colares.
Resulta que en el espacio reducido de dos o tres manzanas, descubrimos varios alicientes que merecen una visita. Por ejemplo, el espectacular centro cultural/restaurante/sala de exposiciones Flores do Cabo: entre las amplias estancias de una antigua nave industrial rediseñada con un gusto se esconden antigüedades, piezas de arte contemporáneo, mobiliario de estilo orientalizante y un restaurante con muy buena reputación... Un lugar por el que pasear con total libertad y perderse un buen rato.
 
Solo unos metros más allá, se encuentra también el anticuario Francoise Boudry, una nave de antigüedades que ocupa un viejo almacén y que parece sacada del Camden londinense o el Soho neoyorquino. Muebles, vajillas y ropajes conviven en un espacio, reinventado con elegancia en múltiples microentornos, que tiene la cualidad de transportarnos en el tiempo y hacernos olvidar dónde estamos.
Ya en la calle, subiendo unas cuantas escaleras desde el lateral del anticuario, se llega a la placita-terraza en la que se ubica cada mes el Coolares Market. Pijo o estiloso (allá cada uno con sus prejuicios, filias y fobias), lo cierto es que este mercado mensual ofrece la posibilidad de comprar regalitos, comer y beber productos artesanos, pasear entre tenderetes con joyas (no siempre asequibles) y comprobar que la moda hipija no está en crisis. Una buena pausa entre visitas monumentales y palacios masónicos.
Al día siguiente nos acercamos a Lisboa. Sorpresa, sorpresa. Nos dimos cuenta de que en nuestra visita anterior (que tampoco era la primera) se nos habían pasado por alto, no sólo algunas de las cervecerías más flamantes y modernas de la ciudad, sino el verdadero espacio hipster local, la madre de todas las gentrificaciones industriales culturetas lisboetas: el LX Factory. Como quien entra en una nueva ciudad, entre el microcosmo de antiguas naves forradas de grafitis y fábricas reconvertidas, el visitante encontrará numerosos restaurantes para foodies, elegantes coctelerías, tiendas de diseño y una librería de escándalo construida en el espacio de una vieja fábrica textil que aún conserva intacta su estructura y parte de su maquinaria: Ler Devagar. Sólo por ella, LX Factory ya merecería la visita.

miércoles, septiembre 13, 2017

Grafitis colombianos (II): el Caribe y más allá

Les referíamos en nuestro último post varias andanzas colombianas y lo mucho que nos sorprendió el muralismo bogotano, por su cantidad y calidad.
Pero no fue en la capital colombiana en el único sitio en el que nos topamos con arte urbano y vitalidad creativa a la vuelta de cada esquina. Nos gustó mucho, por ejemplo, el ambiente que nos encontramos en Getsemaní, el otrora peligroso barrio extramuros de Cartagena de Indias que se despliega alrededor de la Plaza de la Trinidad y que en pocos años se ha convertido en la zona más bohemia y festiva de la vieja capital colonial. No sabemos si existe un estilo de grafiti caribeño, pero en los muros de muchas ciudades como Cartagena, Santa Marta o la misma Bogotá se repiten rostros de mujeres y hombres, jóvenes y ancianos, indígenas o criollos; fisonomías que se deshilachan en mil colores y veladuras expresionistas, y que se confunden y fusionan con motivos abstractos o referencias naturales: aves y peces tropicales, flores y lianas, hojas en mil tonos de verde... Estos son algunos de los grafitis que nos encontramos en Getsemaní:
https://cartagenacolombiarentals.com/2017/02/getsemani-graffiti/
Tampoco en Santa Marta, la capital de Magdalena que mira al Caribe desde los pies de la Sierra Nevada, faltan ejemplos de muralismo en su viejo barrio colonial. Como en tantas otras ciudades colombianas, las calles de Santa Marta destilan entusiasmo juvenil y vivacidad creativa; porque hasta para vender hay que presumir de imaginación.

sábado, septiembre 02, 2017

Grafitis colombianos (I): Bogotá

Acabamos de regresar de un viaje a Colombia que nos ha maravillado. Un país joven y en efervescente crecimiento, muy alejado de los prejuicios y la imagen de violencia que se ha difundido en los últimos tiempos desde la pantalla televisva. La Colombia actual se parece muy poco al estado narco-terrorista que hace apenas quince años la hacía desaconsejable como destino turístico.
A día de hoy, el país cafetero parece a punto de explotar como uno de los tres o cuatro grandes destinos turísticos americanos. Lo tiene todo: selvas, bosques, valles cafeteros y playas paradisiacas; preciosas poblaciones coloniales y grandes urbes que rezuman bohemia y cultura; impresionantes monumentos precolombinos y arte contemporáneo de altura; una gastronomía riquísima a precios más que competitivos y un ambiente nocturno bullicioso; y, sobre todo, una población alegre, amable y acogedora.
Tenemos la sensación de que el arte urbano es uno de los ingredientes que han ayudado a revitalizar la imagen (y fachada) de las ciudades colombianas. Hemos estado en pocos sitios con un aprovechamiento más prolífico de muros y fachadas; Bogotá y sus miles de grafiti son un ejemplo perfecto.
Entre confesión y leyenda urbana, nos contaba un taxista bogoteño que el apogeo presente del muralismo colombiano se le debe a Justin Bieber y su visita al país en 2013. Antes de dicha visita -nos contaba el conductor- el grafiti estaba perseguido en Colombia y se tachaba de vandalismo. Sin embargo, cuando el ídolo adolescente se dedicó a pintar los muros de la calle 26 rodeado de sus guardaespaldas en una escapada nocturna, la percepción popular del arte urbano cambió sustancialmente.
El segundo nombre propio del grafiti colombiano es el del joven Israel Hernández, que murió en Miami en 2013 a manos de la policia. Después de ser sorprendido pintando un grafiti, la policia persiguió a Israel y le disparó una descarga eléctrica que acabó con su vida. El caso se ensució lamentablemente cuando los implicados intentaron ocultar la realidad acusando al joven de una actividad criminal que no había cometido, con el fin de camuflar lo sucedido. El suceso levantó enormes muestras de solidaridad en Colombia y causó una gran polémica. Su muerte tuvo un efecto colateral inesperado, creando una corriente de aprecio hacia el grafiti y las intervenciones urbanas.
Hoy en día, el arte urbano está asentado en Colombia hasta extremos que resultarían sorprendentes en una ciudad europea: funciona como muestra espontánea de creatividad, sí, pero ha arraigado también como elemento publicitario y carta de diseño para promocionar negocios, espectáculos o locales de moda. Quedan pocas fachadas vírgenes en una ciudad como Bogotá y la calidad de las intervenciones es, por lo general, altísima. El grafiti se ha convertido (como viene sucediendo en numerosas geografías en los últimos tiempos) en un vehículo institucional para el potenciamiento y la promoción de espacios urbanos deprimidos y localizaciones poco atractivas o desaprovechadas.
Estos son algunos de los muchos grafitis promocionales que encontramos en Bogotá:
Pero, como decimos, en Bogotá el muralismo es ya mucho más que un mecanismo de promoción comercial, se ha convertido en toda una forma de entender la vida y de leer los espacios urbanos. Algunos ejemplos más:

miércoles, abril 26, 2017

Grafitis gaditanos

Regresamos de un viaje sureño y soleado. La última vez que visitamos Cádiz y sus pueblos éramos niños. Aunque hemos encontrado la ciudad igual de acogedora, festiva y entrañable, sus muros muestran nuevas caras. El paisaje urbano español ha cambiado mucho en estas décadas, los solares han sido ocupados por torres de pisos, los suelos se han repavimentado como si estuviéramos todos andando por las mismas calles y las viejas casonas, palacios ruinosos y edificios abandonados son ahora paradores, oficinas administrativas o centros culturales. Todo está más aseado pero, al mismo tiempo, parece menos auténtico. Entre tanto cambio, el que más nos gusta es el que ha dado visibilidad a muros y fachadas, el que ha encontrado en ellos un lienzo para insuflar algo de vitalidad en nuestros paisajes rutinarios. Un poco de belleza efímera contra el ruido metropolitano.
Nos divirtieron, por ejemplo, los "cuadros" de multitudes pop que decoraban la trasera de ese mercado de abastos tan lustroso y bien aprovechado del que presume Cádiz. Un espacio de exposición al aire libre con frecuente lavado de cara.
En Sanlúcar de Barrameda nos topamos también con este excelente grafiti de un artista que nos gusta mucho, Aryz:
Pero, sin duda, el conjunto urbano que más nos impresionó es el que alumbra la entrada a Tarifa desde la Barriada Virgen del Carmen: la intervención titulada Vecinos. Desde la misma carretera de acceso a la ciudad, se puede ver ya este tríptico formado por tres murales inmensos que cubren la fachada de tres bloques bajos de edificios; decorados los tres con motivos de inspiración árabigo-andaluza. Las obras son de Axel Void, la Rosa de los vientos es de Zepha y el tercero está dibujado por un viejo conocido, El niño de las pinturas:

sábado, octubre 08, 2016

De grafitis por East London

Acabamos de regresar de una escapada inglesa post-Brexit que nos ha llenado de energía. Queríamos conocer un Londres diferente a los que ya conocíamos, así que nos pusimos en modo maleta y dejamos que unos buenos amigos nos llevaran de un lado a otro con la boca abierta. Prueba conseguida.
Nos adentramos sin prejuicios en el Londres más indie y hipster, el que recorre el área de Shoreditch y alrededores: Brick Lane, Bethnal, Dalston... Mucho diseño y modernidad, buena música tras cualquier puerta y arte urbano desatado. Pasear por East London es un recreo constante para la vista: no hay muro sin intervención. En Brick Lane, en los alrededores de Spitafields Market y en el Box Park de Bethnal Green Road nos topamos con obras emblemáticas de Stik, Roa, Dale Grimshaw, Ben Slow, Invader y, por supuesto, Banksy (cuyas obras sobreviven convenientemente protegidas en vitrinas o detrás de pantallas de metacrilato). Adivinamos tendencias tridimensionales en el arte urbano contemporáneo: sellos en relieve en esquinas, coloridas esculturas y cada vez más y más intervenciones e instalaciones; algunas de ellas monumentales y tan impresionantes como el increíble Bow and Arrows en pleno corazón de Shoreditch.