lunes, diciembre 30, 2013

Lavado de cara y cambio de plantilla.

Se nos han adelantado los Reyes Magos gracias a la pericia informática de nuestro amigo Jorge Sánchez. Aunque no se note mucho a simple vista, por fin hemos jubilado nuestra vieja plantilla Bowman Mínima y nos hemos mudado a la también muy minimalista Plantilla Simple Beta de Blogger.
Mantenemos las señas de identidad del blog, fondos y cabecera, pero nos da la sensación de que la visión global de títulos, pies de entradas, vínculos y textos es mucho más diáfana y aseada. Ya nos dirán si les convence.
Felices fiestas y gracias por seguir ahí.

lunes, diciembre 23, 2013

Beowulf, de Santiago García y David Rubín. Épica secuencial.

Este año han caído en nuestras manos dos de esos cómics que deslumbran por una factura visual espectacular y una secuenciación audaz y vertiginosa. Nos referimos al multipremiado Cuento de arena, de Ramón K. Pérez, Jim Henson y Jerry Juh, y a Beowulf, de Santiago García y David Rubín, que, seguro, también recibirá un buen número de galardones en este 2014 que se nos viene encima.
Aunque el trabajo estadounidense está repleto de sorpresas argumentales y soluciones imaginativas, nos quedamos sin duda con la obra de García y Rubín, a la que encontramos superior por su enjundia argumental y simbólica, por su trascendencia "literaria" y por el valioso ejercicio adaptativo que han llevado a cabo sus autores (que implica, entre otras cosas, huir de esa literariedad que acabamos de mencionar).
Hace ya más años de los que nos gustaría confesar, tuvimos que leer Beowulf por razones académicas. Una tarea ardua y filológica, pero llena de alicientes. El Beowulf, como decíamos entonces, es una de las obras literarias más importantes de la literatura inglesa y uno de los pocos textos anglosajones que se conservan. Poco más se sabe del origen de este poema épico anónimo. Por dicha naturaleza épica, Beowulf, como tantos otros cantares de gesta, se presta perfectamente a cualquier tipo de trasvase narrativo (los señores de Hollywood también se dieron cuenta de ello hace unos años, con bastante poco éxito). Santiago García y David Rubín lo han entendido a la perfección: su obra se alimenta de ese espíritu épico y del tono mítico de las grandes epopeyas.
La historia del héroe Beowulf, sobrino del rey de Gotlandia, que ofrece su espada al rey skyldingo Héorot de Hrothgar para derrotar al troll Grendell que tiene aterrorizados a todos sus subditos, es el material narrativo que utiliza este cómic para desarrollar una aventura cargada de acción, sangre y heroismo clásico. El Beowulf de García y Rubín redistribuye los cuatro Cantares de la obra original en tres partes (y un epílogo a cargo de Javier Olivares). En cada una de ellas, el héroe protagonista lleva a cabo una acción heroica que habrá de redundar en el bienestar de los vikingos azotados por la maldición del monstruo Grendell, primero, por el odio vengativo de su madre, después, y por el fiero dragón que amenaza el propio reino de Beowulf en Suecia, en tercer lugar. Como sucede en casi todas la grandes obras literarias, detrás de la base argumental se esconden simbolismos y relecturas de diferente naturaleza: con las victorias del héroe, asistimos también a su madurez, a los diferentes periodos vitales del Beowulf hombre; que evoluciona desde su ímpetuosa vanidad juvenil hasta la madurez serena y un tanto taciturna de sus últimos años. Beowulf es también un "tratado" de moral política, una reflexión en torno al poder y a sus consecuencias, y una reflexión acerca de la naturaleza humana, por oposición al carácter heroico.
Precisamente, parece que David Rubín ha decidido en los últimos tiempos indagar en los valores del heroísmo comicográfico. En sus dos tomos de El héroe, el gallego ya exploraba con éxito las posibilidades narrativas y gráficas de la aventura epopéyica. Ahora, a partir del muy medido guión de Santiago García, Rubín da rienda suelta a ese enorme y tan personal talento gráfico que ya se adivinaba en aquellas sus primeras obras que tanto nos gustaron, como El circo del desaliento o La tetería del oso malayo. Su crecimiento (su evolución, mejor) como artista plástico se revela en Beowulf a través de desbordantes construcciones visuales y una minuciosa recreación de ambientes y personajes.
Como anticipábamos en la introducción de estas líneas, uno de los valores más destacados de este trabajo es su osadía narrativa, su capacidad para conseguir soluciones ingeniosas a partir de las complejas secuenciaciones que han construido sus dos autores. El relato, la aventura, se despliega con un ritmo ágil y fluido que, no obstante, deja espacio a las descripciones físicas y psicológicas, gracias al uso de microviñetas insertas en grandes viñetas-marco. De este modo, la narración se despliega en diferentes niveles y se añaden nuevas dosis de información mediante el uso de estructuras paralelas y viñetas superpuestas. En muchos casos, estas pequeñas viñetas añaden puntos de vista subjetivos (la mirada de la bestia que sólo ve tendones y carne donde nosotros, los lectores, vemos personas y héroes); en otros, funcionan como elementos descriptivos o como viñetas de creación de ambiente (lo que McCloud llamaba transiciones de aspecto a aspecto).
El brillante empleo del color y las texturas, la riqueza informativa y secuencial y la lujosa edición que ha llevado a cabo Astiberri, hacen que este sea uno de esos libros que no sólo se lee, sino que hay que volver a ver, mirar y descubrir de tanto en cuanto. Una victoria.

lunes, diciembre 16, 2013

La propiedad, de Rutu Modan. Deudas y restituciones.

Se prodiga poco Rutu Modan. Después del éxitoso restallido de crítica y público que acompañó a Metralla, sólo habíamos tenido ocasión de leer Jamilti, una recopilación de relatos interesante, pero más irregular que aquel.
Se publica ahora en nuestro país La Propiedad, su última novela gráfica, un trabajo que mantiene algunas de las muchas virtudes que nos gustan de la autora israelí. Insiste, por ejemplo, en esa línea clara realista, cargada de detalles y subrayada por un uso muy limpio de colores planos, que aportan una cualidad casi "industrial" al dibujo de Modan. En alguna ocasión hemos señalado las afinidades entre su estilo y el de otros autores plásticos que han hecho una marca estilística del acabado perfecto y  el diseño técnico (cercano al campo de la señalética); pensábamos en Julian Opie o Alex Katz, por ejemplo.
Su dibujo está al servicio del realismo, de la verosimilitud de sus historias, que se mueven entre lo ordinario y lo azaroso con la misma normalidad que lo hacen las historia de los hombres y la Historia de los pueblos. No hay elementos mágicos, ni extrañamiento, en los cómics de Rutu Modan, pero sus narraciones están cargadas de anécdotas, coincidencias y sucesos que, sin perder un ápice de credibilidad, consiguen casi siempre arrastrar al lector hacia el territorio del relato, captar su interés. En parte, el mérito es atribuible al exotismo, a la indagación en universos culturales que nos son ajenos: desconocíamos que los escolares en Israel hacen excursiones anuales a Polonia y a Alemania con el fin de "refrescar" las tragedias de su pasado colectivo; nos sorprende la secuencia en la que la protagonista, una productora de televisión, se refiere a sí misma como experta en artes marciales (un efecto secundario del servicio militar obligatorio y universal en Israel), después de haber noqueado a su interlocutor...
Detalles y más detalles, gráficos y narrativos, que funcionan como leitmotivs, como puentes entre la ficción y la historia real de tantos y tantos judíos que tuvieron que emigrar de Alemania, Polonia y el resto de territorios ocupados, antes y después del trágico conflicto europeo. Pero no nos equivoquemos, La propiedad no es una historia trágica, es más, la diáspora sólo se presiente en un segundo plano, como lejano elemento desencadenante de los acontecimientos que en verdad se desarrollarán en la historia.
Una abuela y su nieta viajan desde Israel a Polonia con el fin de poner al día ciertos asuntos inmobiliarios referentes a las propiedades que la familia dejó atrás en Varsovia cuando tuvieron que huir de los Nazis. Como suele suceder, lo más sencillo, la más fútil de las burocracias, puede terminar convirtiéndose en un ovillo de gestiones, molestias y dificultades imprevistas difícil de desenredar. Sobre todo, cuando detrás de todo, en la trastienda del viaje y la gestión inmobiliaria, se esconden secretos familiares de largo alcance. De este modo, lo que parece un viaje más, termina por convertirse en una travesía mucho más compleja, que implica una búsqueda interior y un reecuentro traumático con el pasado; y una historia, más o menos trivial, acaba por adquirir ciertas dosis de intriga y enriquece su trama con elementos más propios del suspense ficcional que del costumbrismo con trasfondo histórico que anunciaban las primeras páginas.
En el debe del cómic encontramos una recreación de personajes que, en bastantes ocasiones, nos los hace parecer verdaderamente antipáticos. No siempre le resulta fácil al lector empatizar con esa abuela, víctima en segunda instancia del avance Nazi (¿es necesario representar e los cómics a todos los ancianos judíos como personajes hoscos, caprichosos y agrios? ¿es una consecuencia del peso de la historia o del peso del Vladek, de Art Spiegelman?). Tampoco la nieta, ni los dermás personajes secundarios, se aparta de ese manto de amargura, aunque sus vivencias del éxodo no sean directas y vengan interpuestas por la tradición, la familia y la complicada situación sociopolítica de Oriente Próximo. 
Quizás por todo ello, La propiedad adolece también de cierto victimismo histórico, transformado en algún momento en revanchismo hacia el pueblo polaco y los personajes polacos de la historia (descendientes de los verdaderos protagonistas de las afrentas pasadas, en realidad). Entendemos que, probablemente, así sean las cosas y así sea el estado de la cuestión en Israel, pero, de igual manera que la indagación multicultural y el costumbrismo de La propiedad funcionan como acicate narrativo, el perfil de sus personajes nos crea en ocasiones una barrera psicológica de incompresión. Un personaje no tiene que caerte bien para que aprecies las bondades de su naturaleza literaria o artística, es cierto, pero también lo es que sus actos tienen que resultarnos comprensibles, sus reacciones deben entrar dentro de cierta lógica interpersonal para que empaticemos con ellas. Quizás sea esa misma distancia cultural y geográfica, que señalábamos al comienzo, la responsable de este desafecto que venimos comentando, la causa de que nuestro poco aprecio por los personajes de Modan nos separe emocionalmente de sus enfados, suspicacias y desconfianzas.
Y a pesar de todo (cualquiera lo diría) admitimos sin dudarlo que La propiedad nos ha gustado mucho. Es una historia muy bien dibujada y optimamente construida: su guión funciona con precisión y consigue alternar lo cotidiano con lo extraordinario, el costumbrismo con el suspense o, lo que es aún más importante, la vida con la ficción. Es verdad, Rutu Modan ha hecho otro cómic excelente.

lunes, diciembre 09, 2013

BLU, libros y vídeos.

Lo hemos repetido ya en varias ocasiones, en nuestra opinión BLU es uno de los artistas más importantes dentro del panorama cultural contemporáneo. Lo es por su talento gráfico, por la reflexividad crítica y social de su trabajo, por la invectiva símbolica de sus murales y grafitis; y lo es por el grado de virtuosismo que se encierra en su propuesta técnica y en su manejo novedoso del stop motion aplicado sobre muros vivos en flujo constante (que en sus últimos trabajos incluye con cada vez mayor frecuencia la animación de elementos reales). El fenómeno BLU se circunscribe dentro del ámbito postmedial, esa nueva realidad de un arte contemporáneo abierto, democrático, intertextual y multimedia, que según Domigo Hernández se mueve en el doble contexto imbricado de la postmodernidad y los ámbitos tecnológicos. En cierto sentido, los trabajos de BLU condensan ese nuevo estadio medial, esa reformulación del arte, mestiza, abierta y tecnológicamente sofisticada (aunque su base plástica sea puramente instintiva y manual).
 Nos sigue fascinando la complejidad hipnótica de MUTO, de Morphing o de Big Bang Big Boom y aún conservamos viva la sensación de pasmo cada vez que (intencionada o casualmente) nos hemos topado con alguno de sus colosales grafitis en Berlín, Barcelona, Zaragoza o Lisboa.
Por eso, cuando, hace no mucho, alguien muy especial nos sorprendió con un regalo también especial, una de las primeras cosas que pensamos fue en compartir con ustedes la existencia de BLU sketch note-book y la de BLU 2004-2007. Se trata, respectivamente, de un DVD y un libro ilustrado, en los que se recopila buena parte del videoarte y la producción ilustrada de BLU, además de numerosas fotografías, grabaciones filmadas de la elaboración de sus grafitis y los célebres wall-painted animations que hemos mencionado más arriba.
BLU 2004-2007 (Studio Cromie) recoge una selección de sketches y de fotografías murales realizados por el autor entre los años señalados en el título. El libro es todo un festín de gourmet dedicado a fans y completistas de la obra del artista taliano; un capricho primorosamente editado.
Por su lado, el DVD BLU sketch note-book es una recopilación de sus vídeos, pequeñas películas animadas y las grabaciones de su proceso de trabajo en la creación de murales y grafitis animados. La recopilación de materiales comprende los siguientes cuatro apartados: "wall-painted animations", "animations on paper or computer", "time-lapse videos" y "extras"; en esta última categoría encontramos las primeras pruebas de BLU con sus grafitis vivos, experimentos diversos de animación, e incluso algunos de sus primeros ejemplos de "dibujos animados" realizados con lápiz (Dialogo), tinta (China), rotuladores de colores (Limone) o medios digitales (OK NO).
Precisamente, una de las mayores sorpresas que encierra el DVD se encuentra en la estupenda colección de animaciones "convencionales" de BLU que se recogen en el mismo. Deslumbrados por su faceta de artista urbano, no nos habíamos parado a pensar en que el artista hubiera trabajado también sobre papel o con materiales reales (como la plastilina, en FFWD). Algunos de estos dibujos y trabajos de animación tradicional son tan sorprendentes como sus stop-motions sobre muros, y, como sucede con toda su producción, se reconoce inequivocamente en ellos el sello BLU: por su estilo, por su realización virtuosa y por el mensaje crítico que encierran.
Los temas de cada una de estas animaciones son variados, pero casi todas incluyen conceptos e ideas muy habituales en el universo del creador italiano, como la evolución y la lucha por la supervivencia (que vemos en Palla, FFWD), la mutación y la trasformación (FFWD, Child, Fino), la alienación de las sociedades de consumo (Child) o la muerte y la destrucción de toda forma de vida como elementos consustanciales de la naturaleza humana (Palla, Sulla differenza tra un sorriso e una risata).



Dos joyas, tanto el libro como el DVD, dos regalos como dos soles que satisfarán a cualquier fan de BLU y del buen arte en general.

lunes, diciembre 02, 2013

Sobre Spleen, de Esteban Hernández, en Culturamas.

http://www.culturamas.es/blog/2013/12/02/spleen-de-esteban-hernandez-ahogo-interior/
Esta semana nos hemos mudado temporalmente a nuestra segunda casa, Culturamas, para hablar de Spleen, el último trabajo de Esteban Hernández, un habitual en nuestro blog. Un tebeo autoeditado y autodistribuido, un cómic complejo y exigente, que habla de los demonios interiores y del ahogo existencial. Introspección en tiempos de crisis interior.
Aquí pueden hacerse con él, y aquí leer nuestra reseña:

lunes, noviembre 25, 2013

Wright, Merritt y otras murder ballads.

Seguimos respirando un poco más a través de Blacklung. En uno de sus abordajes, los piratas protagonistas encuentran un libro de canciones marineras entre el botín. Entre todos, obligan a Marquis, el único que sabe leer, el profesor y tripulante accidental del barco, a recitarles una de las canciones del libro. La canción-poema que el azar elige es la siguiente:
The land is short
The sea is high
Not half as high as the wind
Our mast is thick 
Our sails are true
Not true as Ann Garland.

I gave her up to be a man
And told her, darling dear,
There was never a man that went away
Who had so little fear,
That he would come back home,
That you would wait for him
So he'd have his darling dear.
At the end of the day
He could look at his wife
And upon his children dear.

The land is short
The sea is high
Not half as high as the wind
Our mast is thick 
Our sails are true
Not true as Ann Garland.

Five years hence
He arrived at the dock
Near the home he once had known,
With a body that was hard
And eyes that were keen,
He went to greet his very own.
But when he came to the door
He saw the face of a child
Through the window staring at him
And his heart rose up.
He could taste it in his mouth
The fear he'd mocked now had him.

The land is short
The sea is high
Not half as high as the wind
Our mast is thick 
Our sails are true
Not true as Ann Garland.

He knocked on the door
And prayed to his soul
That the child would not be real.
Her sweet lover's eyes
Exploded in the night
And tasted their last meal.
A mother she had been
And a widow she had been
And been also a gentle lover.
He put them in a hole
And he covered up his soul
And he left his home forever.

The land is short
The sea is high
Not half as high as the wind
Our mast is thick 
Our sails are true
Not true as Ann Garland.
La canción encierra a la perfección el espíritu doblemente trágico y trascendente de Blacklung. La primera vez que la leímos, nos pareció que este poema podría estar libremente inspirado en alguna antigua canción marinera o en una murder ballad (composiciones líricas de metro simple sobre asesinatos y sucesos macabros, el equivalente anglosajón de nuestros romances más truculentos), pero no hemos encontrado rastros de ella en la web, por lo que suponemos que se trata de una creación de Chris Wright al estilo antiguo. Como también hiciera Nick Cave en su disco del mismo nombre (Murder Ballads) en 1996, en el que incluyó joyas como ésta.
La composición de Wright le deja a uno mal cuerpo, pero tiene su aquel. En otro tono (uno mucho menos desabrido y sangriento) nos recuerda a otra "falsa balada", el "Abigail", de Stephen Merritt y sus The Magnetic Fields, el grupo que más nos ha emocionado y tocado la fibra en estos últimos lustros (que van siendo décadas). "Abigail, Belle of Kilronan" es sólo una de las muchas obras maestras (una de las más conmovedoras) que adornan las tres fabulosas horas de 69 Love Songs. Fundamental:

lunes, noviembre 18, 2013

Blacklung, de Chris Wright. Ángeles, monstruos y piratas.

Blacklung es uno de los cómics estadounidenses más alabados y premiados del 2012. Su rareza es su virtud, su originalidad, el mayor de sus atractivos.
Hablábamos el otro día de animales antropomórficos y de seres humanos animalizados con motivo de la comparación entre la pintura alegórica flamenca y renacentista y cierto underground. El cómic de Chris Wright está obviamente influido por el estilo underground clásico (su trazo nervioso, el abundante entramado y rayado manual, la espontaneidad de su acabado), pero el diseño de sus páginas y personajes, más que a las caricaturas gamberras y transgresoras de los Crumb, Shelton o "Spain" Rodriguez, nos recuerda a la turbadora visión del mundo de William Blake (infiltrado en un mundo de piratería ilustrada).
Estamos ante un trabajo complejo y rico en matices, una de esas obras que requieren de una lectura atenta. Resulta curioso, de algún modo, porque la historia que se plantea en Blacklung es en realidad un ejercicio de género puro y duro, un relato de aventuras de piratas. El resultado final está muy lejos, sin embargo, del simple distraimiento o de la aventura heroica. Chris Wright utiliza el molde genérico para hablar de temas tan profundos como el sentido de la trascendencia, la pérdida de la fe, la predestinación frente al libre albedrío o la brutalidad humana. Sobre todo la irracional, desnuda y primitiva brutalidad humana.
Los personajes de Blacklung no son exactamente personas, tampoco animales, son “entes” animados, seres primarios, sólo a veces guiados por una chispa racional, golems de barro, arpillera y paja destinados a simbolizar todos y cada uno de los defectos y vicios humanos. Sus rostros están diseñados como aquellos muñecos de hierba que regábamos de niños hasta que las raíces y brotes que crecían desde su interior terminaban por formar un rostro vegetal deforme. Sus actos discurren entre una espiritualidad religiosa cuasi-esotérica y la barbarie en estado puro. Fuego y tierra.
Hablábamos hace unos meses de la lucha animal y del darwinismo inclemente de una obra como Pudridero, tan poblada de bestias y monstruos. Los personajes de Blacklung son aún más bestiales que aquellos, porque la suya no es una simple lucha animal por la supervivencia, sino un struggle for life matizado por la búsqueda de explicaciones a nuestra existencia, una orgía de deshumanización salpicada por la culpa y el temor de dios (de algún dios). Esta visión más compleja de la existencia es la que, en nuestra opinión, hace de Blacklung una obra superior a la de Johnny Ryan; un trabajo más cargado de matices y segundas lecturas.
La historia, las historias que se cruzan en el trabajo de Wright son las que marcan a su vez las vidas cruzadas de sus numerosos personajes (a los cuales no es siempre sencillo distinguir, ya que sus rasgos fisiológicos son más icónicos que humanos -otra vez). Tampoco es fácil seguir el hilo de sus parlamentos (por lo alegórico, en ocasiones, por lo arcaizante de su lenguaje, en otras), ni una línea de acontecimientos que depende, tantas veces, de la naturaleza simbólica del relato. Pero el reto, la inmersión, vale bien la pena: el lector profundizará con desconcierto e interés, primero, en la leyenda cruenta del pirata Towart; se posicionará con cierto escepticismo al lado del profesor Isaac, protagonista involuntario de la aventura; y se embarcará, finalmente, en la travesía definitiva junto a la terrible tripulación del Pirata Brahm, tan místico como sanguinario: "...he conocido a un buen número de tripulaciones y capitanes, y este Brahm es otra cosa. Es fiero pero no está loco, tiene medida, alma, podríamos decir...", señala uno de sus marineros.
La apuesta de Wright es al todo o nada: ni le ahorra al lector esfuerzos, ni evisceraciones. Sus escenas de castigos y batallas son algunas de las más explícitas y cruentas que hemos visto en una viñeta, mientras que las páginas que ilustran los sueños, las visiones y los metarrelatos espirituales del Capitán Brahm, funcionan en un plano simbólico, casi abstracto, que no habíamos leído nunca en un cómic. La secuenciación geométrica, totémica, de sus viñetas tiene una fuerza primitiva que entronca con una visión atávica y ancestral del mundo y de la espiritualidad, y aporta una buena dosis de simbolismo a las páginas de Blacklung.
Blacklung by Chris Wright - pages
Un cómic con mayúsculas. No sabemos si hay alguna editorial española que se haya hecho ya con los derechos de la novela gráfica de Chris Wright, pero la que se atreva, se apuntará un tanto ganador. Eso sí, no sería mala idea regalar un pañuelo junto al libro. Para limpiar las salpicaduras de sangre, decimos.

lunes, noviembre 11, 2013

Sobre Miguelanxo Prado y su Premio Nacional en la SER.

Estuvimos la semana pasada con Chema Díez, en nuestro programita comiquero de la cadena SER Soria, hablando del Ardalén de Miguelanxo Prado; para que no se diga que no nos ceñimos a la actualidad o que le damos la espalda a los nombre ilustres del cómic español. 
 Nos gustó mucho el trabajo de Prado, una obra profunda y reflexiva, un cómic de personajes y retratos sociales, que vuelve a incidir en la compleja fragilidad de la memoria y en la construcción de los recuerdos. Muy merecido su Premio Nacional. ¡Y además Miguelanxo cada vez dibuja mejor!
Les dejamos con el podcast.

lunes, noviembre 04, 2013

De lo barroco, lo grotesco y el underground (II).

Hablábamos de neobarrocos y underground, de cómo las marcas de aquellos se pueden rastrear de algún modo en la proposición estética de estos últimos, desde sus orígenes en los años sesenta hasta sus últimas reformulaciones contemporáneas. Hablábamos de la recién clausarada exposición en el Guggenheim bilbaíno y de aquel precedente salmantino y nos referíamos a otro salmantino, investigador ilustre, que nos ayudaba a guiarnos entre los meandros de lo sublime y lo grotesco.
Paseando los pasillos de la pinacoteca bilbaína, dejándonos llevar por las exuberancias barrocas y sus derivaciones postmodernas y neobarrocas, jugamos también a encontrar paralelismos entre la brocha y el lápiz, entre el lienzo y la viñeta. Descubrimos, por ejemplo, la obra de Faustino Bocchi, pintor italiano a caballo entre los siglos XVII y XVIII, que hizo habitar en sus cuadros a enanos, animales antropomórficos y demás fauna alegórica de esa que tanto gustaba en su época. El astracán al servivio de la enseñanza moral y la crítica del vicio, en una línea semejante a la que otros visitantes ocasionales de este blog, como el Bosco o Brueghel, pusieron también en práctica algunos años antes que Bocchi. Con motivo de algún otro post y alguna otra exposición, ya comentamos lo mucho que las deformaciones alegóricas flamencas nos recordaban al aire caricaturesco de los primeros cómics, hijos decimonónicos de la ilustración. Ahora, nos atreveremos a dar un paso asociativo aún más largo, porque, observando cuadros de Bocchi como su Escena burlesca, en la ostentosa animalización de sus humanos y en la antropomorfización grotesca de sus animales, nos ha parecido ver algunos de los rasgos caricaturescos de un dibujante como Jim Woodring, tan dado al simbolismo y a la fabulación irreverente como Bocchi, el Bosco, Brueghel o Cornelis Saftleven (de quien también había obras en la exposición bilbaína); aunque no comparta con ellos intenciones, ni contextos.
Más. Al Columbia es uno de los enfants terribles del cómic estadounidense. Detrás de la amable caricatura disneyana de personajes como Pim & Francie, el trabajo de Columbia esconde toda la incorrección política del mundo. En este caso, el sentido del underground lo lleva el artista estadounidense en las tripas y lo plasma a través del contraste que sus dibujos marcan entre lo estético y lo irreverente, entre la convención y la trasgresión, la apariencia y el fondo. Algo que también encontramos en el trabajo plástico y escultórico de otro "niño terrible" del arte, el estadounidense Paul McCarthy, un creador que ha hecho de la provocación una forma de vida. Lejos ya de las performances imposibles y los atentados al buen gusto, McCarthy se mueve en los últimos años como un pez en el agua dentro de la transgresión de la arcadia capitalista. En Bilbao pudimos disfrutar de su revisión del cuento de Blancanieves, gracias a su colosal escultura Nieve Blanca y mudito (White Snow and Dopey) y a cuadros como sus Enanitos giratorios. Y pensamos, esto podría ser de Al Columbia.
Nos sorprendió por la violencia de su texturalidad visceral la obra de Glenn Brown, cuadros como La negra del mundo, Carnaval o La felicidad en el bolsillo, cuya crudeza visual sitúan al espectador al borde del rechazo o el desgrado. Es una sensación que también aparecía (y aparece) de forma deliberada en buena parte del comix underground: el feísmo como carta de presentación, la viscera expuesta, el despojo y la carne. Nadie como Dave Cooper ha sabido jugar con la naturaleza metamórfica del cuerpo y la piel. En sus cómics, la realidad alucinada convive con la mutación vírica, con el nervio y el tendón a la vista de todos.
Cerramos con el trabajo de Dana Schutz porque sus coloridas composiciones superpuestas, la ambigüedad de sus personajes, sólo parcialmente figurativos, y el trasfondo trágico que se percibe debajo de la superficie de sus lienzos, también nos ha hecho pensar en la poética underground, en la carga explosiva debajo de la pista de baile, el ácido clorhídrico que fluye por las venas de los perdedores a punto de estallar. De ello habla en algunas de sus obras Brecht Evens, uno de los nuevos talentos del cómic europeo, un autor valioso y valiente que detrás de la intelectualidad de su propuesta alberga algunos de los valores que hicieron importantes a los Robert Crumb y Gilbert Shelton, como la ironía inteligente, la falta de prejuicios gráficos (ese aire suyo tan Chagall) y la libertad creativa. De algún modo, el trabajo de Schutz también nos ha acercado a la figura de Evens.
Caprichos de la memoria asociativa, dirán algunos. Simple jugueteo de semejanzas, podrá ser. En el fondo, no pretendíamos otra cosa que acercarnos al arte y al cómic desde una mirada diacrónica, valorar la posibilidad de que, después de tantas décadas divergiendo, por fin las viñetas (algunas viñetas) parecen correr en paralelo a movimientos, tendencias y escuelas asociadas a las bellas artes. La finalidad del cómic es narrativa, es un hecho, su naturaleza, sin embargo, es dual (gráfica y textual), por eso, nos agrada también encontrar a Crumb en un museo, por lo que su obra (su estilo) tiene y ha tenido de referente visual en la conformación de la mirada presente, de la iconografía del S.XXI. Y por eso nos gusta que comisarios como Bice Curiger no se olviden de Crumb cuando se trata de recorrer algunas de las habitaciones del arte contemporáneo.
______________________________________________________

De lo barroco, lo grotesco y el underground (I).

lunes, octubre 28, 2013

Los must de 2013 (so far).

La Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic elige los títulos  "esenciales" del primer semestre de 2013 
ACDCómic presenta una guía con 25 novedades y 5 clásicos publicados entre enero y junio de 2013 
El objetivo de esta selección, primera acción de la asociación, es contribuir a que el público descubra una serie de obras particularmente notables 
La Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic) presenta sus 'Esenciales', una iniciativa que pretende destacar una serie de lecturas de entre todos los cómics editados en nuestro país. Para esta primera entrega, disponible en acdcomic.es/esenciales2013, se han escogido 25 novedades y 5 clásicos publicados entre enero y junio de 2013.
Esta selección tiene como objetivo llamar la atención sobre una serie de obras especialmente destacables y estimular la curiosidad por propuestas de estilos muy amplios.  A modo de guía de lectura, se incluyen unos breves apuntes sobre cada obra seleccionada, que la sitúan y contextualizan rápidamente, además de accesos directos a reseñas y comentarios realizados por miembros de la asociación para diferentes soportes y medios de comunicación.
La selección de Esenciales ACDCómic está dividida en dos apartados: 'Esenciales', donde se consideran las novedades editoriales estrictas, sin hacer distinciones entre nacionalidades o distintas escuelas, y 'Esenciales Clásicos', que recoge obras que por su valor artístico o histórico forman parte del patrimonio cultural de la historieta. En la siguiente entrega de Esenciales ACDCómic, que abarcará los cómics publicados entre julio y diciembre de 2013, se incluirá también una categoría de 'Esenciales Infantiles', con títulos especialmente dirigidos a niños de hasta 12 años aparecidos a lo largo de todo el año.
Los Esenciales para Enero-Junio de 2013 son: 

    Alter y Walter o la verdad invisible, de Pep Brocal (Entrecomics Cómics) 
    Los años Sputnik, de Baru (Astiberri Ediciones) 
    Autobiografía, de Shigueru Mizuki (Astiberri Ediciones) 
    Bakuman, de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata (Norma Editorial) 
    La colmena, de Charles Burns (Random House Mondadori) 
    Conspiraciones, de José Domingo (Astiberri Ediciones) 
    Cuento de arena, de Jim Henson, Jerry Juhl y Ramón K. Pérez (Norma Editorial) 
    La cuerda del laúd, de Jim Woodring (Fulgencio Pimentel) 
    Fatale, de Ed Brubaker y Sean Phillips (Panini Cómics) 
    Fraction, de Shintaro Kago (EDT) 
    Guía del mal padre, de Guy Delisle (Astiberri Ediciones) 
    Grandes preguntas, de Anders Nilsen (Sins entido / Fulgencio Pimentel) 
    Grandville, de Bryan Talbot (Astiberri Ediciones) 
    La Hermandad de Historietistas del Gran Norte, de Seth (Sins entido) 
    El hombrecito, de Chester Brown (Edicions La Cúpula) 
    Huracán de sensatez, de Paco Alcázar (Diábolo Ediciones) 
    I Am a Hero, de Kengo Hanazawa (Norma Editorial) 
    La infancia de Alan, de Emmanuel Guibert (Sins entido) 
    Nela, de Rayco Pulido (Astiberri Ediciones) 
    Ojo de Halcón, de Matt Fraction, David Aja y Javier Pulido (Panini Cómics) 
    Panorama, de Varios Autores (Astiberri Ediciones) 
    Paul en Quebec, de Michel Rabagliati (Astiberri Ediciones) 
    Prophet, de Brandon Graham / Simon Roy / Farel Dalrymple / Giannis Milonogianis (Aleta Ediciones) 
    Ragemoor, de Jan Strnad y Richard Corben (Norma Editorial) 
    El rayo mortal, de Daniel Clowes (Random House Mondadori)
Los Esenciales Clásicos para Enero-Junio de 2013 son: 
    Atajos, de Martí (Ediciones La Cúpula) 
    Creepy Presenta: Richard Corben, de Richard Corben y VVAA (Planeta-DeAgostini Cómics) 
    Fénix, de Osamu Tezuka (Planeta-DeAgostini Cómics) 
    Johan y Pirluit, de Peyo (Dolmen Editorial) 
    Krazy Kat: Celebrando los domingos, de George Herriman (Norma Editorial)
 
ACDCómic es una asociación sin ánimo de lucro que agrupa a personas que realizan trabajos de periodismo, crítica, estudio, comisariado y otras actividades teóricas y divulgativas relacionadas con el cómic. La asociacion se constituyó en 2012 con la voluntad de colaborar en la difusión del trabajo que ya desarrollan sus miembros de forma individual, emprender iniciativas conjuntas que no se podrían afrontar de forma separada y servir de interlocutor ante otros colectivos o instituciones. 

lunes, octubre 14, 2013

De lo barroco, lo grotesco y el underground (I).

Se ha trabajado poco sobre la idea de lo barroco (y lo neobarroco) en el mundo del cómic, sobre la revisitación de lo grotesco a partir del comix underground y sus derivaciones contemporáneas.
Acaba de concluir la exposición Barroco exuberante: de Cattelan a Zurbarán, que ha ocupado los muros del Museo Guggenheim Bilbao durante casi cuatro meses y que nos ha permitido constatar el peso de lo barroco (como propuesta estética e intelectual) en el arte contemporáneo, en un interesante juego de espejos entre las obras gestadas durante el Barroco histórico y las reformulaciones, apropiaciones y lecturas neobarrocas del momento presente. 
En 2005, el Domus Artium (DA2) de Salamanca tuvo a bien programar una de sus muestras más destacadas, Barrocos y neobarrocos. El infierno de lo bello. Javier Panera, el comisario de aquella exposición, ya señalaba que su intención era abordar el Barroco "no tanto como un momento histórico, sino como una categoría estética que aparece en diversos momentos de la historia" y que para tal fin había seleccionado un conjunto de obras contemporáneas que "sobresalen por su carácter teatral, por su carácter perturbador de los sentidos". La filosofía, como hemos tenido ocasión de constatar en Bilbao, no era entonces muy diferente de la que ha guiado los pasos de la comisaria Bice Curiger en su selección de obras para el Guggenheim (con la salvedad señalada del ejercicio comparativo entre el presente y pasado que hemos señalado más arriba).
En su exigente y muy interesante ensayo La comedia de lo sublime, el profesor de estética, teoría del arte y filósofo Domingo Henández alude a la teatralidad y a la exageración (a "la realidad escenificada y sobresaturada"), junto a otros rasgos, como los de la sobreexposición de las imágenes, la mirada teledirigida, la ilusión ficticia de extrañeza o la nostalgia de lo siniestro, para concretar algunos rasgos de la postmodernidad artística contemporánea. En su trabajo, el autor reivindica la actualización de la vieja dialéctica entre lo sublime y lo cómico, y lo hace partiendo de tres ámbitos muy definidos: lo pintoresco, lo siniestro y el cuerpo. Para ello, Domingo Hernández analiza algunos de los males que aquejan a la mirada artística actual: "la enfermedad de la imaginación, la conversión de los ojos en cámaras dirigidas o lo anodino de las miradas telegrafiadas", alude también a la tan frecuente tergiversación de "lo real bajo la máscara de la sangre, la carne y el cadaver":
Defendemos, en todo caso, una versión de lo cómico que parte de su dialéctica con lo sublime, que es capaz de invertirlo, pero que no se independiza en la subjetividad; un humor objetivo donde su parte más crítica se inicia, precisamente, en el respeto por el objeto y lo real; una comedia que es capaz de, sin caer en la banalidad, encontrar grietas de las sociedades sontemporáneas y mostrarlas cuando sea necesario, sabiendo que, en el fondo, no hay mejor ejemplo de lo sublime cómico que nuestra propia realidad.
Suponemos que muchas de las obras neobarrocas objeto de las dos exposiciones que venimos señalando pecan en gran medida de esos vicios que Hernández achaca a buena parte del arte contemporáneo, pero no es menos cierto que tanto en Barrocos y neobarrocos, como en Barroco exuberante, hemos tenido la oportunidad de disfrutar de muchos trabajos nacidos también de ese "respeto por el objeto y lo real", que señalaba el crítico.
Andábamos dándole vueltas a estas y otras sesudas reflexiones mientras paseábamos por los pasillos del Guggenheim, cuando nos dio por considerar el encaje del cómic dentro de este esquema de pensamiento. Inmediatamente se nos vino a la mente el comix underground y sus ramificaciones post-underground. Somos de los que pensamos que Robert Crumb es uno de los cinco o diez artistas vivos más importantes e influyentes. Su obra cae en lo grotesco y supone una exacerbación paródica de lo real, pero nadie podrá negarle a Crumb, dentro de su exuberancia, dentro de su barroquismo gráfico y conceptual, un compromiso auténtico con la realidad social, una relación fiera y directa con el objeto de su crítica y una carga de profundidad, detrás de sus caricaturas deformantes, que aleja a su discurso de cualquier tentación a la superficialidad nostálgica (más allá de sus frecuentes retratos de grandes figuras del primer jazz).
Además, la influencia de Crumb y sus coetáneos underground, su poética, pervive, en grados diferentes, en muchos de los autores de cómic más importantes de la actualidad, que también han optado por una elaboración teatralizada y una atracción manifiesta por el extrañamiento: su apostolado es patente en la obra de los Hernandez Bros, en la de Burns, Clowes o Ware, y en la de casi todos los autores jóvenes norteamericanos surgidos de la autoedición y el minicómic (Jeff Brown, Tony Millionaire, Sammy Harkham, Dash Shaw, etc.).
En esas estábamos cuando, detrás de una cortina, suponemos, destinada a controlar impudores y sofocos malpensantes, nos encontramos con dos decena de páginas de Crumb y constatamos que no eramos los únicos en dejarnos llevar por asociaciones, sólo en apariencia, tan sinuosas. No nos sorprendió encontrar la obra de Crumb en las paredes de un museo (ya habíamos tenido la ocasión de disfrutar de exposiciones suyas con anterioridad en circunstancias semejantes), pero nos divirtió ver sus dibujos rodeados de obras tan "ajenas" al mundo del cómic; aunque en casos como los de las esculturas de Urs Fischer (Cama blanda), el vínculo asociativo surja de forma espontánea casi inmediatamente. Allí había caricaturas y planchas de dos o tres historietas típicamente crumbianas, no faltaban ejemplos de su vena misógina (Cómo pasarlo bien con una mujerona), ni del peculiar revisionismo histórico a que nos tiene acostumbrados (Una historia clásica).
En una próxima entrega les contamos otras cuantas reflexiones neobarrocas y comiqueras que se nos vienieron a la cabeza en nuestro recorrido por la pinacoteca bilbaína.