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jueves, junio 22, 2017

El paraíso perdido, de Pablo Auladell, en SER Soria

Nos hemos acercado a la cadena SER, con nuestro buen amigo el filósofo Borja Lucena, para hablar del último Premio Nacional del Cómic concedido por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. En octubre de 2016, los responsables del galardón decidieron que la mejor obra de 2015 había sido El paraíso perdido, de Pablo Auladell. Hubo varios candidatos igualmente meritorios durante ese curso, pero es innegable que el trabajo del alicantino es un cómic con mayúsculas, una adaptación del gran poema épico de Milton llena de fuerza, virtuosismo gráfico y talento secuencial.
En El paraíso perdido, Auladell (que trabajó durante más de cinco años en él) recurre a su habitual estilo pictórico para dotar de profundidad simbólico-alegórica a un trabajo cargado de matices y niveles de lectura.
De todo ello hablamos en este nuevo capítulo de "Cómics en la Biblioteca".

martes, junio 12, 2007

Pablo Auladell, el príncipe está triste...

En el 2005 Edicions de Ponent publicó La Torre Blanca de Pablo Auladell (dibujante y músico), entre parabienes y halagos varios de sus lectores y críticos. Ahora, dos años después, la obra ha cobrado nueva actualidad con motivo de la reciente exposición que le dedicó el Saló de Barcelona de este curso. En un ejercicio de oportunismo con precedentes, devuelvo ahora la mirada sobre esa obra grande que es La Torre Blanca:
- Déjame decirte algo que arroje una luz sobre esa búsqueda tan lírica que estás llevando a cabo por los territorios de tu adolescencia.
Primero: deberías saber que los recuerdos engañan. Aquello no fue tan magnífico. Pasaste tardes enteras escondido en las escaleras de la Torre Blanca porque te avergonzaba que nadie contara contigo para nada. ¡Cuando ibas con ellos eras un pegote una casualidad!
Segundo: ¿quieres saber qué ha sido de la ninfa, tu gran obsesión, tu fascinación más sangrante? Yo te lo diré: ¡Es una mujer normal! ¿Y absolutamente engullida por la mediocridad! Así sucede siempre. Ya se calló todo el polvillo mágico de sus alas. ¿Alguna vez te has parado a pensar qué hubieras hecho con ella si le llegas a gustar? ¡Si no tenía conversación y era más bien tonta del culo!
Y tercero: ¿En serio has follado ya?
Algo está definitivamente cambiando en el panorama del cómic. La Torre Blanca es un cómic adulto y un cómic para adultos: sí, quiero decir eso, que un niño difícilmente podría disfrutarlo y un adolescente lo comprendería sólo a medias. Sin embargo, no se parece en nada a "aquellos cómics adultos", los que nos vendían en los 70 y 80 como anomalías de mercado: aquí no sale ni una teta de aquellas (bueno sí, una) que nos recalentaban las meninges. El estado, el estadio, adulto de La Torre Blanca se huele en otros detalles y se adivina en otras intenciones: en la nostalgia profunda de su protagonista-narrador; en las imágenes idealizadas de su pasado colorido, que contrastan con la aspera angulosidad del presente (su presente); en el dolor por los momentos perdidos y la experiencia malganada...
¿Cómo puede sufrir alguien que no conoce el dolor? Cierto que el dolor de la adolescencia es profundo, intenso, desgarrado, pero está fabricado en cristal soplado. Duelen más los años, la asunción de que aquel dolor de juventud (que nos parecía infinito y agónico) no volverá, porque ya no vivimos la vida como lo hacíamos, como un drama-aventura bizantina. No quiero ponerme tremendo, claro, porque el trabajo de Auladell regala muchos instantes de belleza ensoñadora y porque de nada sirve recrearse en el óxido que nos afecta o ha de afectar a todos. Pero, si algo me gusta de La Torre Blanca, es su capacidad para recoger ese instante fugaz de desesperación existencial, ese pinchazo que a todos nos escuece cada cierto tiempo.
Las soluciones narrativas y visuales del autor se revelan muy efectivas, en todo caso: la mezcla de evocaciones infantiles (recreadas desde la fragilidad del recuerdo idealizado), subrayadas por la amable calidez de los colores pastel, contrasta con las frías tramas grises y las líneas cortadas sobre el vacío de la viñeta. Las mil aventuras de la infancia (cuántas cosas viven los niños, y todas a la vez), se enfrentan a los paseos solitarios del protagonista, que rumia sus viejos recuerdos al tiempo que construye una realidad presente, monótona y, en muchos casos, de espaldas a sí misma.
Como señalaba nuestro artista del abecedario, hace poco, es La Torre Blanca una de esas historias en las que apenas pasa nada, al menos en la superficie, per en las que se dice mucho y se tocan muchas teclas. Una obra adulta, para adulto agarrados por su pasado. Ya lo decían Les Luthiers, "suéltame pasado"; o no, mejor no me dejes, que da gusto sufrir de buenos recuerdos.
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Interesante maxi-entrevista de los chicos de Zona Negativa (a los que les hemos tomado prestadas las imágenes) a Pablo Auladell, en dos entregas: una y dos.