martes, octubre 26, 2010

Sufjan Stevens, Henry Darger y las niñas voladoras (con permiso de Chippendale).

Como quedó claro en nuestra entrada anterior, los caminos multidireccionales de la asociación son inescrutables. Más ejemplos.
Estábamos el otro día cloqueando ante las maravillas reveladas del último disco de Sufjan Stevens (The Age of ADZ, inapelablemente, de lo mejorcito del presente curso), publicado apenas un mes después de su también brillante EP, All Delighted People, cuando un amigo musiquero nos puso en la pista de un viejo tema suyo; un tema instrumental con uno de los títulos más barrocos, marcianos y sugerentes que hayamos leído nunca: "The Vivian Girls Are Visited In the Night by Saint Dararius and his Squadron of Benevolent Butterflies". Nos contaba nuestro amigo que Sufjan y sus secueces interpretaron el tema en escena disfrazados de bandada de mariposas polinizadoras, nada menos.
El señor Stevens es un tipo leído, por eso tampoco nos sorprendió descubrir que tamaña gesta nominal no era completamente de su cosecha, sino homenaje flagrante a Henry Darger. Un personaje. Después de rastrear su legado, nos acordamos de aquel otro artista alucinado del que hablamos aquí hace ya tanto.
Henry Joseph Darger (1892-1973) pertenecía a esa tribu de literatos invisibles y camuflados detrás de su propio halo de inasibilidad, como los señores Salinger o Pynchon, entre tantos otros. Curiosamente, como tantas otras veces ocurre también, debe Darger su fama a dicho aire de autor maldito y a una gesta literaria no menos trascendente: es el escritor de la novela The Story of the Vivian Girls, in What is known as the Realms of the Unreal, of the Glandeco-Angelinnian War Storm, Caused by the Child Slave Rebellion, descubierta sólo después de su muerte. El manuscrito original constaba de 15.145 páginas a un espacio y, esto nos interesa, estaba ilustrado de mano del propio escritor, con cientos de acuarelas.
Nos parece recordar que leímos algo de toda esta historia hace algunos años en un dominical de El País. Pero no ha sido hasta ahora cuando nos hemos puesto en firme a revisar algunos de los dibujos de Darger y, que quieren que les digamos, nos parecen asombrosos. Una mezcla entre la ilustración inglesa más clásica del S.XIX (Walter Crane, John Tenniel...) y el dibujo infantil o primitivo (que ya reivindicaron, entre otros, los pintores fauvistas y cubistas).
Tienen las acuarelas de Darger esa belleza arrebatada e intuitiva, que surge del subconsciente, propia de algunos locos ilustres, como Daniel Johnston. Pero, por otro lado, demuestran un virtuosismo y una capacidad para la recreación del detalle imaginativo, que nos hace pensar en un dibujante lleno de talento y extremadamente hábil. La falsa sencillez de un parnaso ficcional a la medida de su autor: la fantasía como fuente y motivo de creaciones imposibles. Sus dibujos son inquietantes y perturbadores: su obsesión por las imágenes de soldados y niñas (aladas, insinuantes o maltratadas), la repetición de elementos y personajes extrañamente descontextualizados, la desafiante religiosidad de sus dibujos, la ruptura de la perspectiva, etc., ayudan a crear un universo visual preciosista y desasosegante a un tiempo. Encontramos algunas claves del personaje y su trabajo en el documental In the Realms of the Unreal, que filmó la ganadora del Oscar Jessica Ju en 2004.
No es de extrañar que la obra ilustrativa de Henry Darger resida o sea visitante asidua de museos de primer orden, como el Museum of Modern Art de New York, el Art Institute y el Museum of Contemporary Art, de Chicago, o la colección de l’Art Brut, en Lausanne; o de otros centros aún más peculiares, como el Center for Intuitive and Outsider Art, también en Chicago.¿Y saben qué? A nosotros el estilo colorista, exuberante, extrañamente hipnótico y muy heterodoxo de los dibujos de Darger nos recuerdan a las ilustraciones y planchas en color de uno de nuestros autores favoritos (ahora que acaba de publicar su If-n-Oof). Nos referimos, sí, a Brian Chippendale, especialmente a su trabajo en obras como Ninja. Y es la segunda vez que nombramos esta obra. A la tercera ha de ir la vencida, por fuerza.

lunes, octubre 18, 2010

Katsura Funakoshi en Kanazawa. El busto de los ángeles.

Vamos a ir cerrando nuestro periplo de recuerdos nipones. Hemos dejado para el final una de las mejores imágenes artísticas que nos trajimos de allí.
Hay ciudades que crecen a la vera de un hallazgo arquitectónico. Que se lo digan a Bilbao. Kanazawa era, en Japón, una ciudad reconocida por su barrio ninja, por sus calles de geishas y por disponer de uno de los tres grandes jardines oficiales del Japón. Ahora, a Kanazawa, se la conoce y reconoce también por contar con el museo de arte contemporáneo más importante de Japón, o casi.
El 21st Century Museum of Contemporary Art no luce la barroca espectacularidad del Guggenheim, pero casi. Su forma circular permite una sorprendente organización de los espacios interiores, en sus jardines crecen como flores futuristas obras tan espectaculares como la Colour Activity House de Olafur Eliasson o el Klangfeld Nr.3 für Alina de Florian Claar. Y en la colección permanente de su interior no hay Serras, pero hay falsos agujeros negros de Anish Kapoor, una increíble sala de luz del siempre increíble James Turrell, una piscina reversible de Leandro Erlich (la niña bonita de las piezas exhibidas, según parecen dejar ver los visitantes que se asoman por arriba y desde abajo) y un hombre midiendo las nubes, obra de Jan Fabre.
Precisamente, cuando visitamos el museo la exposición temporal, titulada Alternative Humanities, estaba dedicada a los trabajos enfrentados de dos artistas dispares, el mismo Jan Fabre y el japonés Katsura Funakoshi. Dos creadores unidos por su mirada hacia el arte y el pensamiento pretéritos como motivo de inspiración, como fuente de materias primas sobre las que trabajar y elaborar sus discursos. La obra de Fabre tiene mucho de trasgresión y provocación; su relectura del cristianismo, la realeza y del arte flamenco, por ejemplo, está repleta de alusiones/puñetazos simbólicos, creados a partir de la reutilización de materiales orgánicos y otras desviaciones matéricas (mantos de insectos, osarios de cristal, muros pintados con bolígrafo y cajas de escaleras hacia la nada).Katsura Funakoshi plantea reflexiones similares acerca del pasado, el arte y las religiones filosóficas orientales. También existe cierta intención provocadora en sus bustos y esculturas a medio camino entre la figura antropomórfica y la construcción mítica. Sus materiales son, sin embargo, mucho más tradicionales: lápices y óleos para los bocetos y pinturas preparatorias, madera policromada y escayola para sus esculturas. Curiosamente, la propuesta de Funakoshi le resulta al espectador occidental mucho más críptica que la de Fabre, pese a la compleja puesta en escena de las piezas de este último.
Los bustos del japones están rodeados de cierta imperfecta divinidad, de un aura de irrealidad. Pese a todo, los mirábamos una y otra vez y no podíamos evitar encontrar cierto aire familiar en esos ojos de cristal de mirada animal, en sus pieles celestes, en sus cuerpos mutilados y en sus largos cuellos. ¿Dónde nos habíamos encontrado antes con los ángeles andróginos de Funakoshi, con esas criaturas detenidas entre la tierra y el cielo?
Al final lo recordamos...


martes, octubre 12, 2010

RЭVЄS #1.

Pues eso, después del 0 viene el 1. Ya está aquí el nuevo número de RЭVЄS, nuestro mini-fanzine reversible favorito. Mantiene este número las secciones abiertas en el anterior: filosofía, cómics, folclore, arte, en el horizontal, y fotografía, poesía, viñetas y pintura en el vertical. Didactismo versus creatividad.
Pero además, como es costumbre en la casa, en este nuevo número abundan las sorpresas e ideas enrevesadas. Todo, por el módico precio de cero euros si se quedan ustedes en la lectura digital en la web; si lo que buscan es la página impresa, el olor a papel y tela, la posesión preciada de la joyita artesanal, dirijanse ustedes al punto de venta más cercano (de los indicados en la web) y paguen esos módicos 3 euritos que cuesta.

Les dejamos con las portadas, el "Revitorial" de este número y el vínculo perenne ahí a la derecha:

Franjas de confusión magmática y caos controlado, no son malos colores para tenerlos por bandera editorial. Algunos de los nuestros no nos entienden. Fanzinear a lo loco, sin reglas monográficas o patrones de conducta grupal, tiene sus riesgos y, lo asumimos, no nos va a dar acceso a ninguna academia de la ortodoxia. No nos ganaremos ni el carnet de nobleza artística, ni el de la posteridad oficial. Ni falta que hace. Admitimos la pena y nos recreamos en el pecado.

Llegamos al número 1 de Revés y queremos seguir instalados en la confusión y en la duda inteligente, y si es posible aumentarlas. Artistas sin padre ni madre, textos espesos y exigentes, pinturas figurativamente abstractas, cómics con dinosaurio, poemas desenhebrados, arte y saber convertidos en un tutum revolutum, para que cada lector le ponga el orden que rija en su cabeza.

Decíamos, vamos a más en nuestra confusión planificada: lo horizontal sigue rezando prosa cultural, lo vertical continúa vendiendo creación, pero en este Revés en segunda instancia, además, se nos han cruzado las páginas y, de pronto, nos sentimos japoneses. Pues nada, si hay que aprender a leer de nuevo, se aprende. Al que no le guste que proteste airado, que en el siguiente número le respondemos a las quejas en tres párrafos. Queda dicho.

martes, octubre 05, 2010

"Silver Surfer, Ghost Rider Go!", de Trentemøller. Psicofonías escenografíadas.

Venga, uno cogido por los pelos y en el rollo musiquero que nos traemos últimamente entre orejas.
Después de años de osadías heavymetaleras, los países nórdicos van camino de convertirse en el paraíso perdido de las melodías juguetonas y la orfebrería pop. En los reinos de ABBA y aledaños han aparecido en fechas recientes toda una colección de bandas angloparlantes que tienen hipnotizados a los registradores de hypes y listas de éxitos de medio mundo; en España, por supuesto, seguimos embarrados en rollito latino y en la jauría de rock mediomalote-adolescente (sin preocuparse, que dentro de diez años, como ha sucedido con los Franz Ferdinand, Arcade Fire o Sigur Ros, los redescubriremos a todos vía algún anuncio televisivo o melodía de serie exitosa).
A lo que íbamos. Se pone a hacer uno recuento de los grupos de pop que impactan últimamente y todos suecos, daneses y demás latitudes de climas gélidos. Desde un pionero como Jens Lekman a los Shout Out Louds, pasando por los Friska Viljor, los Raveonettes, los Sambassadeur, las Audrey, los Lacrosse o Peter Von Poehl, todos  suecos, daneses y más suecos, y todos con un sonido fresco y cristalino.
Sucede que, entre tanta joya pop, nos ha llegado a nuestro correo en fechas recientes una rareza techno-trance que nos ha dado la vuelta a las orejas. Se llaman Trentemøller y están encabezados por el Dj danés, Anders Trentemøller. La excusa de que aparezca en un blog comiquero es uno de sus últimos temas, el alucinante, hipnótico y psicotrópico "Silver Surfer, Ghost Rider Go!". La razón, a ver si alguno de ustedes le saca algo de sentido al título. Nuestra coartada, que su vídeo del tema en directo en el concierto de Roskilde de 2009 es absolutamente alucinante. Estamos seguros de que Frank Miller o Bryan Talbot habrían firmado una escenografía así de marciana con los ojos cerrados y el casco puesto. Amárrense a la silla y escuchen, escuchen.