sábado, mayo 27, 2017

¿Cuánta tierra necesita un hombre?, de Martin Veyron. Hasta donde la codicia se expande

En muchos casos, la narrativa rusa del siglo XIX orbitaba alrededor de conceptos morales amplios, la culpa en Crimen y castigo o la pasión desordenada en Ana Karenina, por ejemplo. Es ese el caso también de Cuánta tierra necesita un hombre, el cuento de León Tolstói, que hace de la codicia y la pequeñez de la existencia el punto sobre el que pivota su trama.
El de Martin Veyron es uno de esos nombres clásicos autores franceses que toda una generación de lectores recordamos por sus apariciones frecuentes en revistas como Címoc o El víbora. Sus historias estaban cargadas de diálogos y relaciones, también morales, en las que se entretejían el sexo, los conflictos interpersonales y el desamor. Un tipo de autor, Veyron, que como Gerard Lauzier, conectaba el cómic con una forma muy francesa de entender el arte y la cultura, emparentada por ejemplo con el cine de la Nouvelle Vague.
Le habíamos perdido la pista a Martin Veyron hasta que ha llegado a nuestra manos este Cuánta tierra necesita un hombre. Se parece en poco al autor que recordábamos, sobre todo en el plano gráfico. Aquellas escenas cotidianas de línea clara, planos cerrados y entornos íntimos, han dejado paso ahora a un cómic que respira en un contexto rural de grandes espacios abiertos. Abunda el nuevo trabajo de Veyron en escenas paisajistas y estampas de bosques, lagos helados, trigales y estepas. Esos paisaje rurales latifundistas que tan importantes fueron en la narrativa de Tolstói y a los que el propio autor regresó en su vejez cuando la tierra ya no estaba en manos de los grandes terratenientes imperiales. De este modo, el propio escritor respondió a la pregunta de su cuento cuando abandonó todo cuanto tenía (incluida su familia), se despojó de posesiones y de los oropeles de la fama, y regresó a la vida sencilla del campo.
Esa idea esconde, en realidad, la historia y el trasfondo de Cuánta tierra necesita un hombre. La historia pequeña de Pajom, granjero y vecino de una aldea siberiana, que vive al día con su familia gracias a sus animales y una pequeña parcela para alimentarlos. La suya es también la historia de sus vecinos, con quienes comparte penurias y lindes con las vastas posesiones de otra vecina, una noble boyarda que hace ojos ciegos a las constantes intromisiones de sus vecinos en sus tierras de pasto, a los capturas que éstos pescan en los ríos de su propiedad y a los árboles que talan de sus bosques. Un día, sin embarga, la boyarda, por mediación de su hijo Andreï, contrata un capataz para que vigile sus latifundios y propiedades. Ese será el punto de inflexión decisivo en la vida de Pajom, su familia y sus vecinos.
Para recrear la historia de Tolstoi, Veyron recurre a un convincente realismo de líneas sueltas y ágiles que, en algunos momentos, nos recuerda al trazo de Blain y en otras ocasiones al estilo naturalista de Rubén Pellejero. Su recreación de los paisajes rurales y de las grandes planicias siberianas es de una belleza sobrecogedora, pero íntima y sencilla. El recorrido del protagonista por los paisajes de la Rusia antigua está subrayado por secuencias mudas de bellas postales que, por momentos, transforman una historia costumbrista con moraleja en un cómic de viajes y de miradas. Un disfrute para el lector-pasajero de unas viñetas con historia y con mensaje.
Monsieur Veyron, ha sido un placer el reencuentro.

viernes, mayo 19, 2017

Iron Fist, la serie. Puño de plomo

Frente al cacao-maravillao-multivérsico hacia el que parecen encaminarse las adaptaciones cinematográficas del género superheroico, el trasvase televisivo de la noción de crossover que está llevando a cabo Netflix sobre la base del Universo Marvel nos estaba creando muchas expectativas. Ya saben, la aparición de Luke Cage en la serie dedicada a Jessica Jones, la de The Punisher en Daredevil o la presencia de esa doctora Claire Temple, protagonizada por Rosario Dawson, que con su aparición en todas las franquicias enhebra todas las sagas abiertas dentro de una misma realidad ficcional.
Con esta idea en mente, comenzamos a ver Iron Fist, la serie de Scott Buck basada en el personaje creado por ese gigante del cómic que fue Gil Kane y ese otro que sigue siendo Roy Thomas. Los dos primeros episodios nos parecieron prometedores. Teníamos la sensación de que la serie intentaba de algún modo capturar el tono de la excelente adaptación que del superhéroe hicieron hace diez años Ed Brubaker, Matt Fraction y David Aja (¡qué tres!); y cuyo mejor nivel duró hasta que el último de ellos abandonó el puesto de dibujante de la misma. El interés por la adaptación televisiva nos ha durado mucho menos.
Aunque la serie tiene varios hallazgos en la elección de reparto, en su ambientación y en la fidelidad a la idea original, tenemos la sensación de que a Netflix se le está yendo la mano con su insistencia en la personalidad torturada y angustiosa del superhéroe; que en el caso de las adaptaciones televisivas suele traducirse en la elección de actores blanditos (véanse Charlie Cox en Daredevil o Finn Jones en esta Iron Fist) y en el repertorio de pucheros y gestos toruturados que esgrimen sus personajes. Seguramente la imagen de querubín rubio con ojos azules de Jones no haya sido la mejor elección para este Iron Fist.
Tampoco acaba de funcionar el ritmo narrativo de la serie. Es más, por momentos resulta un tanto plomiza la insistencia en el elemento corporativo de Industrias Rand y los enredos de la familia Meachum.
La apuesta de Netflix por la actualización del Universo Marvel (en una suerte de revisión ultimate catódica) y su búsqueda de una sobria verosimilitud adaptada al tiempo presente, tiene como contrapartida una dosificación de la acción que, en bastantes momentos, termina por desconectar al espectador de la fantasía superheroica. En ninguna de las series de Netflix es este hecho más evidente que en Iron Fist. Es más, en ese ánimo "realista" las menciones a La Mano y a K'un-Lun terminan chirriando y nos suenan (nos van a perdonar la broma) a chino.
Acabamos de comenzar ahora con Legión (la serie de Noah Hawley para FX), también de la factoría Marvel. Hasta ahora cosa tiene una pinta bárbara. Crucemos los dedos.

viernes, mayo 12, 2017

La novela gráfica española y la memoria recuperada

http://edizionicafoscari.unive.it/it/edizioni/libri/978-88-6969-145-4/
Acabamos de publicar un estudio en el libro Historieta o Cómic. Biografía de la narración gráfica en España, de Edizioni Ca’ Foscar (editado por Alessandro Scarsella, Katiuscia Darici y Alice Favaro). En él, tenemos el honor de compartir páginas con investigadores de la talla de Antonio Martín o Manuel Barrero, así que no podemos estar más satisfechos. Se pueden ustedes descargar el libro en pdf de forma gratuita.
Este es el -creemos- interesante índice de la obra:
 
En nuestra colaboración hemos intentado acercarnos al fenómeno de la memoria histórica y al modo en que algunos creadores contemporáneos están llevando a cabo una labor que debería estar encabezada por las autoridades políticas y por una administración que se demuestra temerosa, arbitraria e injusta. Una sociedad difícilmente puede avanzar si no se cierran las heridas, se resarce a las víctimas y se pide perdón por los errores cometidos. Fundamentos de base que, frente a ejemplos muy recientes (como los de Argentina y Chile), o más lejanos en el tiempo (el ejemplo obvio de Alemania), en nuestro país  siguen sin afrontarse o resolverse. De todo ello hablamos en "La novela gráfica española y la memoria recuperada", cuyo texto arrancan así:
Concluida la Guerra Civil Española, el gobierno franquista en el poder llevó a cabo una política de purga y exterminio contra los supervivientes del ejército republicano derrotado y aquellos ciudadanos que habían colaborado con él o simplemente se habían mostrado desafectos hacia la causa del régimen. La historia de estos represaliados ha permanecido silenciada y ‘enterrada’ durante décadas en el olvido y en miles de fosas comunes. La Ley de la Memoria Histórica aprobada por el Parlamento Español en 2007 intentaba reparar y reconocer a las victimas de la Guerra Civil y el franquismo, sin embargo, su recorrido fue tan breve como el alcance de su puesta en práctica.
En nuestro estudio nos referiremos a este proceso político fallido y a cómo el espíritu de la iniciativa pervive gracias a actuaciones individuales y proyectos artísticos/culturales. Llevaremos a cabo un recorrido somero por aquellos cómics de postguerra que, de algún modo, se refirieron a los efectos del conflicto sobre los derrotados de Guerra Civil, hasta llegar al auge presente de la novela gráfica. Nos centraremos en una serie cómics que abordan los efectos de la Guerra Civil y de la dictadura en el bando de los perdedores; obras como El arte de volar, Los surcos del azar o Un médico novato, que a su manera funcionan como ejercicios reales de recuperación de la memoria histórica.

miércoles, abril 26, 2017

Grafitis gaditanos

Regresamos de un viaje sureño y soleado. La última vez que visitamos Cádiz y sus pueblos éramos niños. Aunque hemos encontrado la ciudad igual de acogedora, festiva y entrañable, sus muros muestran nuevas caras. El paisaje urbano español ha cambiado mucho en estas décadas, los solares han sido ocupados por torres de pisos, los suelos se han repavimentado como si estuviéramos todos andando por las mismas calles y las viejas casonas, palacios ruinosos y edificios abandonados son ahora paradores, oficinas administrativas o centros culturales. Todo está más aseado pero, al mismo tiempo, parece menos auténtico. Entre tanto cambio, el que más nos gusta es el que ha dado visibilidad a muros y fachadas, el que ha encontrado en ellos un lienzo para insuflar algo de vitalidad en nuestros paisajes rutinarios. Un poco de belleza efímera contra el ruido metropolitano.
Nos divirtieron, por ejemplo, los "cuadros" de multitudes pop que decoraban la trasera de ese mercado de abastos tan lustroso y bien aprovechado del que presume Cádiz. Un espacio de exposición al aire libre con frecuente lavado de cara.
En Sanlúcar de Barrameda nos topamos también con este excelente grafiti de un artista que nos gusta mucho, Aryz:
Pero, sin duda, el conjunto urbano que más nos impresionó es el que alumbra la entrada a Tarifa desde la Barriada Virgen del Carmen: la intervención titulada Vecinos. Desde la misma carretera de acceso a la ciudad, se puede ver ya este tríptico formado por tres murales inmensos que cubren la fachada de tres bloques bajos de edificios; decorados los tres con motivos de inspiración árabigo-andaluza. Las obras son de Axel Void, la Rosa de los vientos es de Zepha y el tercero está dibujado por un viejo conocido, El niño de las pinturas:

miércoles, abril 12, 2017

Cómics Esenciales 2016 (de Jot Down y la ACDCómic)

La semana pasada hablábamos de una asociación y de una publicación online en la que se ponía de relieve el estado de la industria del cómic en nuestro país durante 2016. En ésta, vamos a hacer lo propio acerca de otra asociación y una nueva publicación en la que, en este caso, se analizan y reseñan los cómics esenciales en español publicados en el mismo periodo tiempo; todo ello, según el criterio de sus redactores y el de la revista Jot Down, que es quien publica este interesante y muy recomendable volumen (y eso que en él participamos nosotros con dos reseñas).
Cómics Esenciales 2016 nace de la alianza de Jot Down con la ACDCómic (Asociación de Críticos de Cómic de España) y de la voluntad de dar forma impresa al trabajo de la Asociación en su selección semestral de cómics esenciales: dos tandas anuales con los 50 cómics más destacados publicados en España según el criterio de sus miembros. Una valiosa herramienta de divulgación y promoción del cómic en nuestro país.
El libro de Jot Down y la ACDCómic se aproxima a ese compendio de obras seleccionadas durante el año con todo lujo de referencias bibliográficas, recomendación de obras afines y reseñas exhaustivas. Además, Cómics Esenciales 2016 incluye una interesante e instruida conversación a tres bandas entre Paco Roca, Ana Galvañ y Pepo Pérez; tres de los autores esenciales del cómic español contemporáneo.
Nosotros hemos participado con reseñas de dos de las novelas gráficas que más nos han impresionado este curso: las espléndidas Beverly, de Nick Drnaso y La favorita, de Matthias Lehmann. Si le echan un vistazo al listado de participantes de más abajo, verán que la cosa tiene enjundia y recoge los nombres de muchos de los mejores críticos del país. Les adjuntamos también a continuación los párrafos introductorios de nuestras colaboraciones, a ver si enganchamos a alguno, que la publicación lo vale. Créannos.
Listado de participantes
Alberto García Marcos, Alex Serrano, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , .
Beverly, de Nick Drnaso. Miserias corales
En 1993 el cineasta Robert Altman estrenó su película Vidas cruzadas (Shortcuts), en la que, a partir de diversos relatos y poemas de Raymond Carver, creaba un relato coral tejido a partir de las vidas de personajes sin relación aparente entre sí, cuyos itinerarios terminaban por confluir en una misma línea argumental para crear un cuadro social y costumbrista de más amplio alcance.
La idea no era nueva, encontramos ejemplos de este modelo de expresionismo narrativo en escritores modernistas del siglo XX, como John Dos Passos (Manhattan Transfer, 1925) o William Faulkner (Mientras agonizo, 1930), y en autores más recientes como Camilo José Cela (La Colmena, 1951). El mismo Robert Altman había recurrido con anterioridad a esta técnica en películas tan distanciadas en el tiempo como MASH (1970) o El juego de Hollywood (1992)... (continúa en Cómics Esenciales 2016)
La Favorita, de Matthias Lehmann. Otra vuelta de tuerca 
Algunas biografías literarias esconden detalles extraordinarios que harían sombra a muchos actos de ficción. ¿Sabían, por ejemplo, que la madre del poeta alemán Rainer Maria Rilke, durante siete años de su vida, vistió y trató a su hijo  como a una niña para poder superar el dolor que le causó la muerte de una hija anterior? ¿O que las precoces hermanas Brontë, paradigma de la exaltación romántica y las pasiones agitadas, vivieron una apacible vida sedentaria sin salir apenas de su casa de Haworth, y sin grandes historias sentimentales que llevarse al corazón? Podríamos referir también el caso de Henry James y sus hermanos, cuyas infancias estuvieron marcadas por las vívidas experiencias sobrenaturales que su padre les confesaba haber vivido y les relataba con frecuente sobresalto... (continúa en Cómics Esenciales 2016)

jueves, abril 06, 2017

Un informe impecable: "La industria del cómic en España en 2016" (por la Asociación Cultural Tebeosfera)

Nos ha llegado el informe anual de la ACT (Asociación Cultural Tebeosfera) con su análisis sobre "La industria del cómic en España en 2016". Se trata, una vez más, de un análisis riguroso y preciso, refrendado por números, porcentajes y datos concretos. Una labor encomiable de investigación y confrontación estadística que nos ofrece datos y números indiscutibes sobre el mercado del cómic en nuestro país; una información, por cierto, que hasta hace no mucho estaba envuelta en un secretismo y una falta de transparencia incompresibles.
Hay que agradecer y aplaudir a la Asociación Tebeosfera por su trabajo continuado en la defensa del cómic y por su esfuerzo denodado por construir una base de datos (un gran catálogo enciclopédico, más bien) que lleva años prestando una ayuda incalculable a todos cuantos nos dedicamos a la investigación comicográfica. Pero, además, con iniciativas como la publicación de estos informes anuales o la aparición regular de su revista teórica online ("Revista teórica periódica fundada en 2001 que estudia los medios vinculados a la cultura popular gráfica, tales como la historieta y el humor gráfico, la ilustración, la novela popular, el cine o los juegos"), Tebeosfera está creando la base para uno de los trabajos de investigación sobre el cómic más serios y rigurosos de Occidente.
No nos une a la ACT más que el afecto a sus miembros, el respeto por su trabajo, alguna colaboración esporádica y el hecho de ser socios de su proyecto desde hace años. Por esa dedicación, merecen toda nuestra admiración. Y, por ello, desde aquí invitamos a investigadores y amantes del cómic en general a que colaboren y/o se asocien a la ACT. Sólo el envío regular de sus inmaculadas publicaciones impresas ya haría que esto último mereciera la pena.
Al respecto, no tenemos más espinita clavada que la falta de comunicación (o aprecio) que se percibe entre las diferentes Asociaciones de Investigadores de Cómic que podemos encontrar en nuestro país. Es una verdadera lástima que, en un momento en que el acercamiento científico y académico al cómic en España parace haberse consolidado (como demuestra el impresionante Congreso Internacional de Estudios Interdisciplinares sobre Cómic que se está celebrando en Zaragoza), no seamos capaces, unos y otros, de ponernos de acuerdo y llegar a consensos desinteresados y constructivos. Ante la falta de apoyo institucional ese es el camino que nos queda por construir.
Sin más, les dejamos con la nota de prensa del mencionado informe: "La industria del cómic en España en 2016". Gracias Tebeosfera.
 
UNA INDUSTRIA ESTABLE DEL CÓMIC, CON MÁS SUPERHÉROES Y MANGA

Como cada año, la Asociación Cultural Tebeosfera emite su informe anual sobre la industria del cómic en España trabajando sobre la base de datos más rigurosa de historieta y sátira gráfica en español.
Los datos de este año revelan un leve descenso de la producción global, con un muy pequeño aumento de la producción de tebeos genuinos y una pérdida, en proporción, de la obra de autoría netamente española. Solo son tebeos "pata negra", producidos aquí con obra de autores nacionales, un 10,65% de los lanzamientos de 2016, que en total ascendieron a 2.867 títulos diferentes. Desconocemos las tiradas, pero entre los tebeos más vendidos estuvieron las traducciones de The Walking Dead, el manga One Punch-Man y entre lo nacional: El ala rota, el integral de 13 Rue del Percebe y la crónica dibujada La guerra civil española, que sobrepasa ya los 12.000 ejemplares vendidos.
En España lo que más se distribuye es cómic traducido (casi un 75% lo son), con periodicidad mensual en su mayoría, generalmente con formato de libro (solo uno de cada cuatro tebeos se sirve grapado) y con unas dimensiones estándar parecidas a las del comic book estadounidense. No obstante, el auge del manga es cada vez mayor, puesto que las traducciones de cómic japonés crecen de año en año y esto implica una mayor abundancia de los libros de pequeño formato.
El incremento más patente en 2016 ha sido el de traducciones de cómic estadounidense, acaso propiciadas por la presencia constante de superhéroes en series y películas, lo cual va en consonancia con el descenso de las traducciones de cómic europeo. Nuestros autores publican menos aquí y más en el extranjero, sobre todo para los sellos Marvel y DC. Las mujeres, en su conjunto, siguen participando poco en esta industria, incluso si sumamos lo que producen y editan en España con las obras que desarrollan para el exterior: un 3% respecto del total.
Los tebeos que más se leen actualmente son de aventuras, muchos de superhéroes, y bastantes son de fantasía heroica y futurista (género de muchos mangas). El tebeo dramático, el romántico y el humorístico van a la par pero ha descendido de manera preocupante el cómic dirigido a la infancia, cada vez menos representado en nuestras publicaciones. Panini, el sello que traduce los cómics de Marvel, es el que mayor cantidad de títulos lanzó en 2016, más de quinientos. Norma fue el sello que más variedad ofreció en su catálogo, pese a que no superó las 320 novedades. Milky Way, un pequeño sello asturiano que traduce manga, fue el que más creció comparativamente. Los editores más procupados por lanzar tebeos autóctonos y en español fueron: Amaniaco, Astiberri, B, Cornoque, Diábolo, GP, El Jueves y Nowevolution.
Las cifras de nuestra industria se mantienen estables sobre la base de la traducción pero también de la recopilación y reedición de obras de probada calidad, que han proliferado en 2016 tanto o más que el cómic comprometido, el experimental y el que surge de la autogestión editorial.

viernes, marzo 31, 2017

Un paseo inglés con Harry Furniss

Seguimos regresando con frecuencia a Inglaterra. En los ambientes en los que nos movemos es como si el triunfo xenófobo, retrógrado y antieuropeo del Brexit no hubiera tenido lugar. La hipocresía meliflua y envenenada de Theresa May no nos llega por aquí.
Aunque somos conscientes de que es en estas zonas recónditdas y rurales donde se ha gestado mayoritariamente el desencuentro, nos sigue encantando pasear por esos pueblos ajenos al ruido y la prisa; entrar en sus pequeños comercios y pubs, tan parecidos a como eran hace cien años; y escudriñar en esas librerías de segunda mano que parece que ya sólo quedan en la Gran Bretaña.
En nuestra última visita, acabamos descubriendo un tesoro en una de ellas. Entre ediciones de Penguin, cuentos infantiles y libros de viaje por la campiña interior inglesa, se nos aparecieron decenas de tomos de aquellas viejas ediciones encuadernadas en tela que la revista humorística Punch (una de los publicaciones donde más tempranamente se desarrolló el cómic en Europa) publicaba semestralmente recopilando sus entregas mensuales previas. Subidón de adrenalina.
Olvidando a dónde íbamos o qué intenciones nos llevaban hasta allí, dedicamos la siguiente hora a pasar páginas, a contrastar fechas y a maravillarnos ante el talento inmenso de ilustradores como Linley Sambourne, Alfred Chantrey Colbourn o el increíble John Tenniel; cuyas impresiones xilográficas (grabados sobre madera) corrían casi siempre a cargo del inmenso Joseph Swain (y su estudio).
Pero entre todos los ejemplares de Punch, or the London Charivari (su nombre completo) que pudimos ojear, nos llamó sobremanera la atención el trabajo de un tal Harry Furniss, de quien nunca habíamos oído hablar.
La mayoría de sus ilustraciones destacan por su línea clara, en algunos momentos con un trazo muy muy fino, que resulta en dibujos mucho más ligeros y menos entramados que los que abundaban en Punch. Nos fijamos en Furniss, sobre todo, porque muchas de sus planchas parecían ejemplos de protocómic muy elaborados y verdaderamente "modernos". Como pudimos aprender posteriormente, Furniss colaboró con Punch desde 1880 hasta 1894 (curiosamente, el periodo aproximado que cubrían los volúmenes que encontramos en nuestra cueva de Alí Babá particular; como si el vendedor o donante que allí los dejó hubiera también él sido un fan de Furniss).
Es habitual en su producción la ejecución de grandes viñetas marco a toda página, con uno o más personajes centrales, alrededor de los cuales se desarrollan microsecuencias narrativas, conectadas en ocasiones, independientes en otras. En sus dibujos se repite el recurso de la ensoñación o directamente del sueño: un personaje que ocupa el centro de la página deja volar su imaginación, de modo que sus pensamientos, sueños o imaginaciones se despliegan a su alrededor como pequeñas microviñetas sin marco. En muchos casos, los personajes están acompañados de unos sutiles globos de diálogo (apenas esbozados), que recogen sus parlamentos y reflexions. Se trata de una curiosa actualización, con carga textual añadida, de aquella famosa ilustración goyesca de El sueño de la razón produce monstruos. En nuestra pequeña labor de investigación, encontramos ejemplos de esta estructura en prácticamente todos los números de Punch que contaban con la presencia de Furniss.
Otro tipo de viñetas muy habituales en su producción fueron las escenas de multitudes. Cuadros en escenarios costumbristas de las clases altas (museos, cafés, clubes para hombres, salas de exposiciones, etc.), en los que amontonaba muchedumbres de personajes en situaciones humorísticas con un toque slapstick. Son, por ejemplo, las que componen su larga serie "Interiors and Exteriors" (que comenzó el 14 de febrero de 1885), en la que, progresivamente, Furniss fue introduciendo mayor complejidad y variedad de escenas
De algún modo, estas escenas multitudinarias nos recuerdan a las viñetas que pocos años después emplearía Richard Felton Outcault en Estados Unidos en su Hogan's Alley, para hacer sátira social a partir de la visión de unos niños de clase baja (entre los que se encontraba el célebre The Yellow Kid). Como Outcault, con el paso de los años, Furniss fue incorporando más y más dinamismo a sus viñetas, al mismo tiempo que en sus ilustraciones empezaban a proliferar elementos textuales (globos, carteles y lexías) que cada vez las acercaban más al recién nacido y aún balbuciente lenguaje del cómic.
Como no podía de ser de otro modo, de nuestro viaje nos volvimos con un par de esos gloriosos Punch debajo del brazo. No nos cansamos de ver sus increíbles ilustraciones y, cada vez, nos preguntamos cuánto se hubieran mofado y reído Harry Furniss y los irreverentes y brillantes colaboradores de Punch de la ínclita Theresa May y sus miles de resentidos acólitos "separatistas".

sábado, marzo 25, 2017

The End of Summer, de Tillie Walden. La mansión de los niños cautivos

Conocimos a la jovencísima Tillie Walden gracias a I Love this Part (2015), un cómic pequeño y emocionante; un ejercicio de lirismo a partir de bellas páginas-viñeta y una narración en primera persona que descubría la sensibilidad de una autora tremendamente dotada para un dibujo realista y ligero. 
The End of Summer (2015), la que por unos meses fue su primera obra publicada, es todavía un trabajo más ambicioso y con un recorrido narrativo más elaborado que I Love this Part (debido a ello quizás es también menos redonda y perfecta que ésta). Pero ambas comparten cierta mirada poética y un estilo gráfico deslumbrante.
Imaginemos una infancia eterna en el entorno resguardado de una familia protectora y adinerada. Imaginemos que se nos ofrece una existencia despreocupada en un suntuoso palacio de fantasía, como ideado por un Piranesi juguetón, lleno de rincones secretos, salones de juego, camas con dosel cubiertas de colchas de plumas, piscinas de agua tibia, toboganes, pasadizos de juego y lujosos salones para celebrar banquetes familiares. Como si por fin hubiéramos llegado a aquella mítica Slumberland sobre el lomo de un gato gigante y nos tocara interpretar el rol de un Pequeño Nemo agasajado por sirvientes y vasallos. Imaginemos, por último, que desde la cálida protección de nuestro palacio familiar, con sus alfombras persas, sus almohadones de plumas y edredones de patchwork, pudiéramos observar desde unos ventanales enormes, ociosos, el transcurso de un invierno detenido en el tiempo durante más de tres años.
¿No seríamos felices? ¿No es ésta la descripción perfecta del refugio protector de la vieja poesía?
Probablemente lo sería si la primera sentencia en primera persona del cómic no fuera “I am going to die before the winter ends”. En la primera viñeta aún no lo sabemos, pero la afirmación, severa y autoconsciente, pertenece al pequeño Lars, el protagonista de The End of Summer. Su familia, como muchas familias, encierra secretos asfixiantes y una colección de rituales extravagantes que dirigen la vida de sus miembros hacia una endogamia enfermiza. Así, por debajo de la aparentemente estólida felicidad, discurre una corriente subterránea de misterios larvados que crecen y corroen la plácida cotidianidad. Es quizás en esta búsqueda etérea del oscurantismo familiar donde reside una de las inconsistencias de The End of Summer. Sobre todo en sus páginas finales, el cómic peca de cierto cripticismo que funciona en un nivel poético, pero que espesa la línea argumental y su resolución. Quizá sea una decisión estilística de la autora en su búsqueda de cierto lirismo visual, pero, en este mismo sentido de facilitar el seguimiento de la trama, no ayuda tampoco el hecho de cierta indefinición física de los personajes, cuya similar fisonomía e identificación resulta confusa en ciertos momentos. 
Pero no nos engañemos, el dibujo de Tillie Walden apabulla desde la portada misma del cómic. Su recreación minuciosa de salones y habitaciones, techos, suelos y escaleras, cúpulas y columnatas convierte este cómic en un maravilloso ejercicio gráfico de arquitecturas atemporales, preciosistas detalles arquitectónicos y profusas decoraciones ornamentales. Lo más curioso de todo es que, en su minuciosa construcción gráfica de un universo basado en el detalle arquitectónico y la intrincada miniatura decorativa, pareciera que Tillie Walden (estamos por asegurarlo) ha disfrutado con cada línea proyectada y cada una de las filigranas que adornan puertas, colchas, bóbedas y doseles. Nadie se embarcaría en una tarea de miniaturista medieval como ésta si no estuviera realmente enamorado de la idea que la cobija y enciende.
Detrás de los palacios fastuosos y los oropeles de The End of Summer, se esconde, sin embargo, una idea simbólica mucho más humilde y profunda que su lujoso envoltorio: la que convierte a la infancia en el refugio de toda nuestra existencia posterior. La juventud de Tillie Walden (nacida en 1997) todavía la mantiene cerca de un tiempo que para muchos de nosotros es un recuerdo lejano, pero al cual todos nos aferramos e intentamos regresar en nuestros peores momentos. Son los años protegidos de la felicidad inconsciente, del ocio infinito y de la invulnerabilidad ante el mundo exterior; es el tiempo de la familia y el hogar, en los que nos guarecíamos cada vez que se acababa el luminoso verano y llegaban aquellos inviernos que parecían eternos.

sábado, marzo 18, 2017

Aquellos fondos de Disney...

Acabamos de comenzar la serie documental dedicada a Walt Disney de Sarah Colt. La miniserie, de más de cuatro horas y media de duración (que puede verse en emisiones de dos o cuatro capítulos), presume de ser el acercamiento más minucioso a la figura del gran tótem de la animación universal. En principio, nos gusta que el metraje, además de ser un registro biográfico concienzudo de la genialidad del creador, no eluda las sombras que se proyectaban detrás de la figura mítica de Walt Disney: su ego y ambición desmedidos, sus ademanes tiránicos y su incapacidad para prever las crisis personales a su alrededor. Pero ya habrá tiempo para hablar mal de Disney (¡ese deporte postmoderno!) en alguna otra ocasión.
Viendo estas imágenes sobre su vida, sin embargo, nos hemos acordado de otro documento audiovisiual, mucho más humilde, con el que nos topamos hace un tiempo. Se trata de un vídeo corto, de poco más de siete minutos, en el que se explica con detalle la técnica que en los Estudios Disney empleaban para elaborar los fondos de sus películas. El vídeo, que se rodó el 13 de febrero de 1957, detalla el funcionamiento de la cámara de planos múltiples (multiplane cámara), que permitía dotar de movimiento y tridimensionalidad a imágenes de fondo bidimensionales superpuestas.
Cuando veíamo las películas de Disney de pequeños, nos quedábamos hipnotizados con esos cuadros estáticos estilizados y abigarrados que servían de escenario a las aventuras de sus célebres personajes. La irrealidad de los fondos de pantalla, filtrada a veces por una idealización romántica, otras por un tamiz casi expresionista, nos transportaba siempre a un espacio de ensueño fantasioso en el que resultaba fácil perderse y en el que, como niños, creíamos sentírnos seguros. 
Por eso, este breve documento nos parece tan maravilloso, porque al mismo tiempo que nos revela el truco de la ficción, nos invita a volver a ella una y otra vez para disfrutar de su rudimentaria, pero encantadora, maravilla técnica.

jueves, marzo 09, 2017

Black River, de Josh Simmons. The Walking Women

Conocimos a Josh Simmons con su serie Happy a comienzos de la primera década de este siglo. En la línea de otros fanzines y revistas unipersonales, los Happy de Simmons recogían historias cortas del autor publicadas en un formato cercano al de los comix-books de los 60-70. Con aquellos, Simmons compartía también un estilo informal marcadamente underground  y un espíritu crítico y transgresor; similar al de otras publicaciones más o menos coetáneas, como el Weasel de Dave Cooper, los minicómics de Jeff Brown o el Hate de Peter Bagg.
En los años de consolidación de la “novela gráfica”, las historias cortas de Happy vivían del sarcasmo salvaje y de una incorrección política mucho más extrema que la de las viejas publicaciones underground. Licencias narrativas del cambio de siglo: veníamos de las parodias crueles de Tom Solondz, del humor salvaje de Tarantino o los Hermanos Coen y del extrañamiento irónico en los cómics de Burns y Clowes, no se olviden.
Algo de ello perdura en casi todos los cómics posteriores de Simmons y también, desde luego, en Black River, su aclamada novela gráfica de 2015.
Después de la buena recepción de obras anteriores como Furry Trap y House, el estadounidense insiste en el género de terror para situarnos en un mundo postapocalíptico de esos que tanto abundan en las narrativas contemporáneas. Encontramos en Back River elementos familiares que habíamos visto ya en trabajos como La carretera, de Cormac MacCarthy o en el omnipresente The Walking Dead, de Robert Kirkman: paisajes desolados, crueldad extrema, degradación del ser humano, espíritu de supervivencia mezclado con sadismo, etc. Abunda la obra de Simmons en escenas poco aptas para estómagos delicados; el catálogo explícito de asesinatos y decesos no busca excusas ni elipsis reparadoras: degollaciones, machetazos, ahogamientos, violaciones, venganzas y asaltos desesperados son la materia prima que alimenta el horror de sus páginas y el recorrido de su argumento. La combinación de violencia extrema y caricatura no suaviza el resultado final, muy al contrario, lo hace parecer particularmente cruel. De algún modo, nos recuerda a esa otra obra, también despiadada y nihilista, que es Black Lung, de Chris Wright
Black River es una lectura deliberadamente incómoda, basada en la idea del camino y la búsqueda (the quest) de un mundo mejor que no existe, de una esperanza que, sus protagonistas son conscientes, ha quedado reducida al acto más simple y barbárico de la supervivecia diaria. Introduce además la novedad de un elenco de personajes protagonizado por mujeres; mujeres aguerridas, violentas y tan salvajes y endurecidas como ese entorno cuyo génesis ignoramos.
A través del itinerario de ese grupo nomádico de mujeres que recorre los paisajes calcinados del cómic, profundizamos en la naturaleza humana y, sobre todo, en el mismo proceso de desintegración de cualquier rasgo humanidad. Los episodios se hilvanan como secuencias sangrientas en las que la cronología y la geografía de la historia importan bien poco: como demuestra la secuencia final, tiempo y espacio se desvanecen en Black River como en una neblina tenue en la que sólo destacara el rojo de la sangre y el negro de las cenizas. En las situaciones dramáticas que describe el cómic de Josh Simmons, el aquí y el ahora del agua, la comida y la cruda supremacía darwinista se imponen a los conceptos superados del futuro y del pasado.
Ya lo hemos dicho, Black River es una lectura incómoda. Una historia de terror postapocalíptico que quizás deberíamos leer como imagen simbólica de esa lucha que todavía hoy, en pleno siglo XXI, las mujeres deben mantener contra unas sociedades machistas y violentas que se empeñan en poner piedras en su camino.

miércoles, marzo 01, 2017

Hablamos de Javier Coma en Plan B

La semana pasada nos deparó dos noticias especialmente luctuosas para el aficionado comiquero: en tres días nos dejaron Jiro Taniguchi y Javier Coma, dos nombres que forman parte de la historia misma del cómic. El primero fue uno de los autores de referencia del manga, un autor que puso al cómic japonés adulto en el foco de atención, una vez superada la fiebre Otomo (volveremos a Taniguchi en un futuro no muy lejano).
Coma, por su parte, fue un crítico y estudioso de referencia en la investigación comicográfica; sus eruditos libros, enciclopedias y colaboraciones significaron para muchos de nosotros una puerta abierta a la historia del cómic estadounidense, en un tiempo en el que la "novela gráfica" y la moda del cómic ni siquiera se intuían; cuando ni los periódicos, ni las universidades, ni los expertos de la cultura y el arte hablaban de viñetas, ahí estaban gente como Coma, Gubern, Antonio Martín, Vázquez de Parga o Altarriba.
A Javier Coma le dedicamos nuestra última participación en Plan B, en nuestro espacio «TBO en la onda». De todo lo anterior hablamos, pero tirando de la madeja del magisterio de Coma, terminamos también enrededados en temas tan variopintos como Tebeosfera, GRAF, el cómic digital o la feria de ARCO.
El audio a partir del minuto 03:45: «TBO en la onda».

miércoles, febrero 15, 2017

Esenciales ACDC 2016 (segundo semestre)

A finales de la semana pasada, ACDCómic (la Asociación de Críticos de Cómic) publicó su lista de esenciales de la segunda mitad del 2016. Mucho bueno durante este semestre, incluidas algunas obras que también incluimos en nuestra lista de favoritos del 2016.
Qué fácil lo ponen desde ACDC para leer buenos cómics. Un orgullo formar parte de ella.

ESENCIALES ENERO-JULIO 2016



  •  Basura, de Derf Backderf (Astiberri) 
  • Beverly, de Nick Drnaso (Fulgencio Pimentel) 
  • Dororo, de Osamu Tezuka (DeBolsillo) 
  • El Boxeador, de Manolo Carot y Rubén del Rincón (La Cúpula)
  • El sheriff de Babilonia, de Tom King y Mitch Gerads (ECC)
  • Enter the Kann, de Víctor Puchalski (Autsaider)
  • Gran Hotel Abismo, de Marcos Prior y David Rubín (Astiberri)
  • Impresiones de la isla, de C. Portela y F. Iglesias (Retranca)
  • Intemperie, de Javi Rey (Planeta)
  • Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín (Norma)
  • Jane, el zorro & yo, de Isabelle Arsenault y Fanny Britt (Salamandra)
  • Juliette: Los fantasmas regresan en primavera, de Camille Jourdy (La Cúpula)
  • La chica de los cigarrillos, de Masahiko Matsumoto (Gallo Nero)
  • La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)
  • La vida: Una historia de Carles Casagemas y Pablo Picasso, de Tyto Alba (Astiberri)
  • Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)
  • Las amapolas de Irak, de Brigitte Findakly y Lewis Trondheim (Astiberri)
  • Leñadoras, de Stevenson, Ellis, Watters, Allen y Laiho (Astiberri)
  • Materia, de Antonio Hitos (Astiberri)
  • Moon Girl y Dinosaurio Diabólico, de Reeder, Montclare, Bustos y Bonvillain (Panini)
  • Parasyte, de Hitoshi Iwaaki (Planeta)
  • Philémon Integral, de Fred (ECC)
  • ¿Quién es el 11º pasajero?, de Moto Hagio (Tomodomo)
  • Spiderwoman: Cambio de marcha, de Hopeless, Rodríguez, López y Rosenberg (Panini)
  • Spirou, de Y. Chaland (Dibbuks)