lunes, septiembre 18, 2006

Art, el sucio.

Este fin de semana he desempolvado y pagado algunas deudas lectoras pendientes. Entre ellas, una revista de la época underground que me malvendieron en e-bay por unos pocos euros hace no mucho: Real Pulp Comics, nº 2 (de 1973). La nómina de autores incluye a los prolíficos Clay wilson o Bill Griffith (que durante cuatro o cinco años no se perdieron ni una), a los menos conocidos Leslie Cabarga o Charles Dallas, junto a a... Art Spiegelman.
A Spiegelman le conocen hasta los que nunca han leído un cómic (así que ahorraremos esfuerzos en repetir lo ya dicho) y Maus es uno de esos casos en los que incluso la critica academicista más sesuda parece haber resuelto que (la excepción confirma la regla) algún cómic podría tener cabida en las bibliotecas universitarías. Más aún, Maus dio, por así decirlo, el pistoletazo de salida hacia una (hipotética -pues aún estamos en ello) normalización del cómic adulto como vehículo cultural artísticamente valioso. La fama de Maus, además, acrecentó la leyenda y la repercusión de Raw, y la de todos los autores que participaron de esta revista que el propio Spiegelman coeditó junto a su mujer Françoise Mouly (imprescindible el análisis histórico de Bill Kartalopoulos en el Indy Magazine del invierno 2005).
Luego vendría la creación de la revista infantil Little Lil' (que se mencionaba en La Carcel hace bien poco), la polémica polvareda post-11S levantada por la publicación de Sin la sombra de las torres, etc. Pero curiosamente, por lo que menos se conoce al bueno de Art es por aquello que ocupó la mayor parte de su tiempo como dibujante de cómics: su etapa underground.
Firmaba Spiegelman con todo tipo de pseudónimos, Joe Cutrate, Al Flooglebuckle o, como en la historia de este Real Pulp, Skeeter Grant (por la extraña desaparición del creador original de la misma -comenta con cachondeo indisimulado el propio Spiegelman en la última página). Lo cierto es que la historia de su personaje, The Viper ("The Sub-Teen Snatch 'Snatch'") es -sin ser gran cosa, no se crean- lo mejorcito del cómic-book. Y es que, a comienzos de los 70 la euforia underground se mostró tan impetuosa y hemorrágica que, junto a revistas realmente valiosas (ZAP, Wimmen's Comix, Arcade, etc.), aparecieron muchas otras de las que, justamente, casi nadie se acuerda (a menos que entre sus páginas y créditos encierren algún secretillo, como la aparición de un tal Art Spiegelman).
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(Actualización: 17:45)
¡Las vueltas que dan las ruedas del azar! Leo en The Comics Reporter que Spiegelman es protagonista nuevamente en el panorama comicográfico norteamericano muy a su pesar; o no tanto. Tiene que ver la polémica, en este caso, con su retirada (y la de sus originales) de la exposición itinerante "Maestros del Cómic Americano" (así, tal cual, "americano"). Todo porque los organizadores han planteado como lugar de exposición el Museo Judío de Nueva York, que en opinión de Spiegelman convertirá la exposición de su obra en un evento folklorista (ya saben Maus, los ratones, los gatos, el holocausto...), restando validez a la propuesta inicial de la exposición de promover y dar a conocer el cómic como medio artístico. Sus palabras literales: "The statement intended by the Masters show, an exhibit formed to postulate that comics can actually be some sort of... Art, would be undermined by presenting the medium as some sort of "ethnic" phenomenon." En cualquier caso, espero que nadie malinterprete malintencionadamente nuestro maledicente título, a la luz de las nuevas revelaciones.
El texto completo en The Comics Reporter.

3 comentarios :

el-ed dijo...

qué blog más interesante que tienes pequeño little.
¿cómo nunca pasé por aquí antes?

un saludo y muchas gracias por tu comentario en mi bulín.

Iru dijo...

Tiene buena pinta esa etapa de Art Spiegelman. No la conocía y ahora me toca buscar. Ay Gato, ¡esto no se hace! Un besico,

Little Nemo's Kat dijo...

Gracias a los dos por vuestros posts.
Iru, siempre demuestras una ánimo "investigador" inquebrantable; da gusto con bloggers amigos como usted.
Ed, el placer es mío, y más viniendo del dueño de una página tan fantástica como la tuya ;)