miércoles, junio 04, 2014

Con Los Ignorantes, de Étienne Davodeau, en la SER.

Confesamos que somos de los que terminaron la lectura del muy premiado La mala gente entre bostezos; y por esas cosas del contagio y la afinidad selectiva, le cogimos un poco de manía al señor Davodeau.
De hecho, y aunque más adelante leímos algunos otros cómics suyos, no ha sido hasta que nos hemos topado con Los ignorantes cuando hemos pensado que Davodeau es un autor muy digno de atención dentro del mundo viñetero. Quizás se trate únicamente, como decíamos antes, de dar con la tecla temática que le despierte a uno el interés (o la pituitaria).
Los ignorantes es un cómic documental, en la linea de otros trabajos del francés (como el señalado La mala gente o Rural), pero al mismo tiempo es un ejercicio de iniciación fascinante: en su tebeo, Davodeau se compromete a trabajar durante un año para el vinatero Richard Leroy (de balde) y a "aprender" el oficio vinícola, con la condición de que éste siga el mismo proceso de aprendizaje respecto al cómic y sus fases de creación (de ahí el título). El resultado es un libro abierto sobre las pasiones que le roban a uno la vida y los disfrutes compartidos entre amigos. La obra es tan recomendable como esa lista de vinos y cómics que aparece en la última página del libro. 
Sobre todo ello, y algo más, hablamos en la SER de Soria con nuestros amigos Chema Díez y Carlos Molina:

martes, mayo 27, 2014

DON cervecero.

http://www.revistadon.com/
Hablábamos de ella el otro día: DON es, seguramente, la mejor revista para tablet y iPad en español. Dinámica, interactiva, irreverente y muy divertida. Un buen ejemplo de lo que decimos es la colaboración mensual de Mauro Entrialgo que, sin abandonar su habitual línea cáustico-incisiva, nos regala una suerte de "elige tu propia aventura" comicográfica, en la que el lector crea su propio itinerario de lectura.
Estamos contentos porque los chicos de DON nos han invitado a su casa y, como no sólo de viñetas vive el bloguero, en este caso para hablar de otra de nuestras ocupaciones favoritas: la ingesta cervecera. Nos honra ver aparecer nuestra seccioncita sobre estilos de cerveza en este último número, junto a reportajes dedicados a María León, a nuestro admirado Leopoldo María Panero y a caretas cholistas. 
¡Que siga la fiesta!

martes, mayo 20, 2014

Más Valientes: López Lam, Franz y Estrada.

Tendría que ser de prescripción obligada una visita anual al catálogo de Ediciones Valientes. Estamos convencidos de que sus fanzines, revistas, minicómics y objetos artísticos esconden algunos de los mejores ejemplos de cómic underground y arte narrativo de vanguardia hispanoamericano que se están llevando a cabo desde nuestro país. Dejamos testimonio de un claro ejemplo de ello aquí hace bien poco.
De hecho, uno de los últimos minicómics de la editorial que hemos leído nos recuerda mucho visualmente a aquel Playground que tanto nos gustó. Caballos muertos permanecen a un lado de la carretera, del brasileño Pedro Franz, comparte con el trabajo de Berliac el gusto por la imagen abocetada y la asociación disyuntiva, el trazo expresionista, el relato fragmentario y la apropiación interdiscursiva. Se trata de un relato fugaz de desamor, surcado de recuerdos casi perdidos y vínculos de la memoria. Lástima que en algunos pasajes chirríe un tanto la traducción.
A Inés Estrada la habíamos conocido en el último número (el quinto) de la siempre recomendable recopilación Kovra. Ha compartido páginas con Berliac y Pedro Franz en publicaciones como la alternativa Kuš!. En su minicómic Traducciones, la autora mexicana recurre a un estilo underground descuidado y urgente, que encaja con eficiencia en el relato de los desórdenes biográficos (¿autobiográficos?) de la protagonista (slice of life a pie de calle y vida disoluta): una historia sobre el amor a distancia, las urgencias epidérmicas y los sueños cargados de pena (alucinando quizás entre tanta ida y venida del subconsciente, hemos creído "leer" en uno de los sueños de la protagonista de Traducciones un homenaje a uno de nuestros outsiders favoritos, Mat Brinkman y su Teratoid Heights).
El último trabajo al que queremos referirnos apareció el curso pasado y su autor no es otro que Martín López Lam, la cabeza pensante de Ediciones Valientes. De los tres minicómics referidos, es el que más nos ha gustado ya desde su telegráfica y autodescriptiva presentación: "Dote de Poto a Tres es un zine improvisado y realizado a partir de dibujos y viñetas del cómic Parte De Todo Esto, del mismo autor, junto a otras imágenes encontradas". El trabajo de Martín López es, efectivamente, una colección de instantes, el (esbozo del) álbum de un viaje, dibujado y fotografiado, por la ciudad de Lima; pero al mismo tiempo, esa comunión expresionista de instantáneas enhebradas por una voz narrativa lírica y reflexiva ("Aterrizar en Lima es como sumergirse dentro de una espuma grisácea. No aterrizas desde un avión sino te sumerges como un submarino sin saber con certeza en qué ni dónde.") funciona como un viaje interior hacia el arte y la inquietud de todo artista por recoger y plasmar lo que le rodea. De este modo, el relato se hace mientras se narra, se convierte en una ilustración de sí mismo, en una reflexión fraccionada que describe dos geografías complementarias, la de la ciudad que seguramente tan bien conoce su autor (Martín López es peruano) y la de la geografía interior del artista incapaz de plasmar el tiempo, el espacio y la luz como él las siente ("Ahora entiendo al hombre del avión cuando decía que era tristísimo habitar aquí. Nunca hay sol. La gente y las cosas no proyectan sombra. Es como si no existiesen.")
Los fanzines y publicaciones de Ediciones Valientes son minoritarios, humildes y breves en su extensión, pero están repletos de esfuerzo y detalles de edición (como esos miniglosarios con traducciones dialectales de la jerga juvenil mexicana) que los convierten en "objetos" únicos, en pequeños libros de coleccionista en los que, en ocasiones, la narración y el arte alternativo se confunden en una misma realidad. Como siempre, es un disfrute pasear por sus páginas.

martes, mayo 13, 2014

Paul en los Scouts, de Michel Rabagliati. La falsa inocencia.

Los cómics de Michel Rabagliati nunca son lo que parecen. Su serie sobre Paul lo demuestra en cada nuevo tomo. Hace unos años así lo referíamos al respecto de Paul va a trabajar este verano, una historia que detrás de su apariencia naif, en torno a la pérdida de la inocencia y la iniciación adolescente, encerraba en realidad una lección acerca de los fracasos existenciales y las primeras pequeñas tragedias a las que todos nos enfrentamos tarde o temprano. Paul en los Scouts (Paul au parc, en su título original) ahonda aún más en esa idea de la falsa felicidad y la adolescencia como puerta de entrada al muchas veces tenebroso mundo real (no habrá spoilers, no teman).
El dibujo de Rabagliati, ese estilo que aquí hemos llamado muchas veces "línea clara minimalista", es fundamental para comprender el alcance y las intenciones últimas de su trabajo. Funciona, por así decirlo, como un falso señuelo, un catalizador de expectativas equívocas. Su trazo (¿su "escuela"?) nos recuerda al de muchos autores contemporáneos, como Guy Delisle, Andy Watson o los españoles Calo, Fermín Solís o Juan Berrio; y, a partir de un proceso de depuración, remite, desde luego, a los maestros de la línea clara clásica franco-belga (Jijé, Franquin, Peyo...) de la que el propio Rabagliati se declara abiertamente deudor (ya desde las mismas páginas de este Paul en los Scouts).
Por su delicadeza y amable factura caricaturesca, el dibujo del canadiense, decíamos, funciona como anticipo tramposo de una inocencia feliz que, en bastantes momentos, se ve contradicha por la condición realista (a veces casi naturalista) de un relato que no entiende de correcciones políticas, ni elude situaciones incómodas: como esas referencias constantes a los atentados y acciones terroristas del FLQ (Frente de Liberación del Quebec) que tuvieron lugar en los primeros años 70 en Canadá, y que los niños protagonistas del relato no alcanzan nunca a comprender del todo; o esa escena breve y sin subrayados en la que se revela la homosexualidad del monitor de los scouts, como un gesto de absoluta normalidad (reforzada por la inconveniencia de los comentarios ofensivos y despechados de su pareja). Rabagliati no se anda con chiquitas.
Precisamente es ese contraste acerado, entre el delicado minimalismo gráfico y la crudeza realista de lo relatado, el que produce la chispa narrativa; el factor que convierte a las historias de Rabagliati en algo diferente, al margen del género o la dulcificación infantil/juvenil, en la que tantos autores de línea clara caen en ocasiones. En la serie de Paul, forma y contenido establecen una dialéctica de contrarios que empuja a favor de una única causa: la nostalgia existencial filtrada por la verosimilitud de lo narrado. 
En este caso (y vean que dejamos para el final la referencia a los sucesos, a la anécdota argumental) el cómic desarrolla la historia de aquel año en el que un ya no tan niño Paul, trasunto del propio Rabagliati, decidió enrolarse en el grupo parroquial de los scouts de su barrio, al que ya pertenecían algunos de sus amigos. Junto a ellos, junto a sus monitores y junto a las personas que le rodeaban en aquel entoncés, Paul descubrirá algunas lecciones vitales que le acompañarán para siempre. 
Esa dialéctica que mencionábamos entre el dibujo y la historia narrada, se ve además reforzada por otras tantas tensiones que se establecen en el interior del relato y que nacen de la misma complejidad de los personajes, de su propia imperfección. Así, las débiles certezas de Paul se ven constantemente sacudidas por la influencia de aquellos que le rodean: la religiosidad de su madre y abuela, se ve enfrentada a la mirada progresista y la duda constante de su monitor Daniel (de hecho, voluntario de un grupo scout católico); el nacionalismo militante separatista de algunos de sus monitores choca contra el antirradicalismo de su padre; la estrecha vida familiar de Paul encuentra su contrapunto en las ansias de intimidad que demanda su madre, etc.
Y de telón de fondo, el nacimiento de la afición por el cómic y sus mecanismos. La confesión vocacional de un autor, Michel Rabagliati, que a través de su personaje Paul, nos desvela algunos de esos secretos que dan forma a una vida (también artística).