jueves, agosto 31, 2006

Del slice of life, Fermín Solís y otras hierbas aromáticas.

Con motivo de la publicación del primer número de Las pelusas de mi ombligo, Fermín Solís nos solicitó a sus lectores opiniones, cartas y comentarios para inagurar una nueva sección ("Pelusas en mi buzón") en su segunda entrega. Se me ocurrió aprovechar la misiva para pedirle al dibujante extremeño su opinión acerca de ese nuevo género (tan viejo, por otro lado), que ahora llaman "slice of life" (es decir, historias cotidianas sobre la vida cotidiana de seres cotidianos).

Leo el segundo número de Las pelusas (Dolmen) y me parece entrever que la carta (guiada por la simple curiosidad, aseguro) parece haber causado cierto malestar en Fermín. Si es así, no entiendo bien las razones pero insisto en la falta de malicia que me motivó a escribirla; en ningún momento pretendí meter ningún dedo en llaga alguna.

Comprendo que a los artistas, en general, no les gusta ser etiquetados o enmarcados en un género o estilo. Se entiende igualmente que la asunción de rasgos comunes pueda llegar a minar la necesaria búsqueda artística de una voz propia, pero, en mi opinión, no hay por qué renegar de la adhesión a una escuela o evitar la aceptación de influencias ajenas. Hay algo evidente, en los últimos años, se ha consolidado una manera de entender el cómic que emparenta a un grupo numeroso de artistas. Podríamos hablar de "slice of life" para describir el campo temático en el que se mueven todos ellos y de "línea clara minimalista" (el término no es mío) para entender su estilo. En este grupo encontraríamos a gente como Seth, Rabagliatti, Andy Watson o Dupuy y Berberian, entre los autores de fuera; y a artistas españoles como Calo, Lorenzo Gómez o el mismo Fermín Solís. Las conexiones y afinidades entre elllos son incuestionables, su calidad también.
Y es que, lo admito, soy un enamorado del slice of life, por eso no acabo de entender la susceptibilidad herida de Fermín Solís. Me cuesta más aún encontrar una lógiga artística a la proliferación de esta línea estilística justo ahora. ¿De dónde surgen estas afinidades? ¿Se debe al aprovechamiento editorial de la brecha que Drawn & Quarterly abrió en los 90? ¿Hay una inflencia primera o común para todos ellos? ¿Son hijos de la línea clara franco-belga? Son interrogantes para los que no tengo respuesta. De ahí mi consulta epistolar. Espero que algún día el señor Pons en su Cárcel o algún otro bloguero experto arroje un poco de luz sobre la cuestión. Hasta ese día seguiremos indagando y disfrutando de ellos.

Cambiando un poco de tema, hay que admitir que Las pelusas de mi ombligo tiene cada vez mejor pinta. Si el primer número era un tanto irregular, en este segundo se advierte un número alto de buenas historias (algunas, como "No seguirás al vecino del segundo" o "Versión original", más que buenas).

Se agradece también la iniciativa de Fermín Solís, que en la línea de algunos autores estadounidenses (Bagge, Clowes, etc), ha decidido dar continuidad a una revista monográfica, personal y ecléctica, con sus virtudes y sus defectos, pero llena de interés. Esperamos que tenga una laaaarga vida.
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Por cierto, aprovecho para incluir el enlace al blog de Fermín Solís en mis "Blogs de autor"; de visita obligada.

miércoles, agosto 30, 2006

Satoshi Kon en Venecia.

Entre los últimos estrenos de Aronofsky, Brian de Palma, Stephen Frears o Alain Resnais, este año se estrenarán en Venecia las últimas cintas de Katsuhiro Otomo (Mushishi) y Satoshi Kon (Paprika -en la foto). Del primero poco se puede decir que no se sepa (bueno, yo puedo confesar que Steamboy me aburrió soberanamente). Satoshi Kon es menos conocido que aquel, aunque su labor como guionista y director de ánime incluya títulos tan populares como Perfect Blue (1997), Millenium Actress (2001) o Héroes al rescate (Tokyo Godfathers) (2003).

Sin embargo, lo primero que se me ha venido a la cabeza cuando he leído el cartel de Venecia no ha sido ni la obra de ánime de Satoshi Kon ni la del creador de Akira (en la que también trabajó Kon, por cierto). Me he acordado de un cómic que publicó Planeta en 1994 y que pasó muy discretamente por nuestro panorama editorial, ahogado por la celebridad de los Dragon Balls, Ranma 1/2 y Shirows. Y, pese a todo, para un servidor, Regreso al mar fue uno de los primeros manga españoles que situó al cómic nipón a la altura de las exigencias artísticas que se le exigen a otras obras. Después, han sido legión los autores y los cómics manga (valga la redundancia) de calidad y excelencia artística (más allá del simple entretenimiento, me refiero), pero hasta Kon, apenas había podido interesarme por las páginas sueltas de El Caminante de Taniguchi en El Víbora y por alguna obra de Hisashi Sakaguchi (Versión). Además ("yo confieso") ni siquiera leí Regreso al mar el año de su publicación, por lo cual seguramente la única responsabilidad de esta tardía relación con los manga de élite sea mía y nada más que mía.

Pero regresemos a Regreso al mar. El dibujo de Satoshi Kon es meticuloso, casi primoroso. Sí, es cierto, los rostros de sus protagonistas podrían ser los de cualquier otro manga que se les ocurra, pero pocos mangakas se toman las molestias de Kon en la recreación del detalle, en la construcción de sus escenarios y fondos; da gusto "mirar" las páginas de Regreso al mar, caramba.

Por lo demás, no es una obra perfecta y su ritmo, en ocasiones, es irregular. Curiosamente, en esa arritmia reside uno de los aspectos destacados de la obra. Regreso al mar es un catálogo de narración manga, un compendio de la capacidad del cómic japonés para buscar soluciones imaginativas a la linealidad de los relatos. Los occidentales siempre hemos interpretado el clímax (literario, desde luego) de un modo diverso al de los artistas orientales. Pasa lo mismo con el mundo de las viñetas. En las primeras páginas de Regreso al mar aparece esa maravillosa cadencia contemplativa que Taniguchi lleva a su grado más perfecto, pero, a medida avanza la trama, también encontramos en las páginas de Satoshi Kon acción desenfrenada y un ritmo tan vertiginoso como sólo saben conseguir los autores del sol naciente.

En fin, una vez más, he sucumbido ante uno de mis ataques de nostalgia y he tenido que releer Regreso al mar. Así da gusto lamentarse de los tiempos pretéritos, ¿no creen?

lunes, agosto 28, 2006

Phoebe Gloeckner. Historias de la mala vida.

Después de unos cuantos post llenos de buenrollismo y felices perspectivas, me apetecía espolvorear un poco de azufre (del caro) entre los bloggers y lectores amigos. Nada mejor para tal fin que una ración de Phoebe Gloeckner. La inadvertida autora underground pertenecía al grupo de autoras que a comienzos de los 70 participaron en revistas como Wimmen's Comix (tan inadvertidas y ninguneadas como para permitir que un servidor adquiriera hace poco el número uno de la revista en su primera edición, por menos de 10 euros; para mear y no echar gota, vamos). Gloeckner, en todo caso, se puso de actualidad en nuestro país gracias a la edición de su Vida de una niña por parte de La Cúpula hace unos meses. Me apetecía ahora recuperar el articulillo que saqué en El Tribuna hace unos meses (el 5 de marzo de este año, concretamente). Aquí lo suelto.
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Sexo, drogas y… abusos, maltratos, sordidez. La palabra underground adquiere sus connotaciones más truculentas en los relatos autobiográficos de Phoebe Gloeckner, editados por La Cúpula bajo el título de Vida de una niña. La desarmante (y patética) sinceridad de Robert Crumb en el prólogo a la obra (“Perdóname, Phoebe, por contarle al mundo –y a ti– como te deseaba”), abre la puerta a toda una erupción de confesiones gráficas tan crudas, tan desnudas y directas, que pueden llegar a levantar ampollas emocionales en los lectores más susceptibles.

En las páginas de Vida de una niña, Gloeckner desata, ante nuestra mirada atónita, todo su ejército de demonios interiores, y lo hace con una sinceridad casi dolorosa. Si dejamos de lado nuestras reticencias ante lo políticamente incorrecto y los prejuicios apriorísticos, Vida de una niña se convierte en una lectura absolutamente reveladora de un contexto social y un momento histórico; se trata, obviamente, de un buen analgésico contra los mensajes edulcorados del “American way of life” de los años 50 y 60, pero, Vida de una niña, es, sobre todo, un mazazo directo hacia el rostro de la idealizada bonhomía hippy y sus derivaciones ilusorias.

El estilo de la obra, ecléctico y cambiante según el instante vital recogido, no abandona, sin embargo, las raíces estilísticas del underground: una caricatura grotesca, apoyada por un uso abundante de la mancha y un rayado espeso e irregular. Una base gráfica instalada en cierto “feismo”, que resulta ser un envoltorio más que adecuado para la virulencia de las historias que desarrolla la autora. Cuyo impacto visual, sin duda, se ve subrayado por el uso extremadamente explícito de la anatomía por parte de Gloeckner, quien durante mucho tiempo se ha dedicado profesionalmente a la ilustración médica.
Por todo ello, Vida de una niña, por un lado nos devuelve sabores conocidos, los de los ejercicios trasgesores de los primeros y revolucionarios autores underground, los Crumb, Shelton, Moscoso o Clay Wilson. Pero Phoebe Gloeckner (una autora muy poco prolífica, todo sea dicho) nos conduce también hacia un escenario mucho menos reconocido: el de las autoras que plantaron la semilla de un cómic underground hecho por mujeres, en un momento en que las artistas de comics (o quizá deberíamos decir, “comix”) decidieron situarse al lado de sus compañeros de viaje. Nos referimos al grupo de dibujantes que pusieron en marcha proyectos como la revista Wimmen’s Comix a principios de los 70, gente como Trina Robbins, Roberta Gregory (recientemente publicada en España, por Alecta/Recerca), Carol Lay o Aline Kominsky (la pareja actual de Robert Crumb). Un grupo en el que podríamos situar también a una jovencísima Gloeckner con sus primeras historias cortas (en torno a 1976) y que habría de marcar definitivamente al conjunto de creadoras que, años más tarde (a comienzos de los 90, sobre todo), dieron el espaldarazo definitivo al cómic hecho por mujeres desde una impronta autoconfesional (con unas raices underground, en muchos casos).

De este modo, como demandaba Scott McCloudd en La revolución de los comics, parece que las voces femeninas se han instalado en el mundo del cómic, convencidas de poder romper todos los prejuicios y barreras que se les pongan por delante. Ahí están para demostrarlo las Julie Doucet, Marjan Satrapi, Jessica Abel y, por supuesto, Phoebe Gloeckner. Que sus obras se estén publicando regularmente en nuestro país es una muy buena noticia y una señal de buena salud artística y editorial, que duda cabe.

viernes, agosto 25, 2006

Cómics Online: Scott McCloud

Pues sí, a día de hoy, doy por inagurada una nueva sección en mi side-bar: Cómics Online. La cosa está clara, de vez en cuando iré incorporando un link a cómics creados en o para la red; a autores que cuelguen sus historias de forma integra en internet (no simples páginas de muestra). Un link que nos comunique con la labor creativa actualizada regularmente online.
No podía comenzar con otro autor que no fuera Scott McCloud, desde luego. Por varias razones. El norteamericano es uno de los grandes estudiosos del medio y además uno de los pocos que se han acercado a los mecanismos discursivos del cómic valiéndose de sus propios recursos (hay otros, el rey Eisner o nuestro gran Sergio García Sánchez). Así, las obras teóricas de McCloud conjugan su interés "científico" con su genio artístico; y de este último hay mucho. Sin ir más lejos, su Understanding Comics (re-editado por Astiberri en español, bajo el título Entender el cómic), es, en mi opinión, uno de los grandes cómics de todos los tiempos, un top-class de la historieta, además de uno de los mejores acercamientos didáctico-científicos a la misma.
De su trabajo deducimos la concienciación de McCloud para con el medio y su difusión. Por eso, su siguiente obra fue Reinventing Comics (en nuestro país, La revolución de los cómics, de Planeta). Una obra en la que el estadounidense indagaba acerca de los caminos futuros y los obstáculos que se le presentan al cómic en los años venideros. En esta obra, McCloud se centra (se obsesiona casi) con las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías a los autores de viñetas; y sobre todo en las aparentes infinitas puertas que se le abren a la narración gráfica desde internet.
En mi opinión, reinventing Comics es una obra mucho menos valiosa que Understanding Cómics y sus disquisiciones finales acerca de los cómics en internet se quedarán obseletas en poco tiempo (si no lo están ya). Tampoco comparto el desmedido optimismo internáutico de McCloud por el futuro de los cómics "informáticos". Eso sí, es muy loable que el estadounidense predique con el ejemplo y que intente demostrar con hechos aquello de lo que habla. Su página scottmccloud.com es el mejor ejemplo y su sección de "online comics", que protagoniza nuestro primer vínculo, un ejemplo efectivo de los muchos caminos que quedan por explorar. En todo caso, y aunque las cosas no vayan tan rápidas como anunciaba McCloud, lo cierto es que hay un buen puñado de ejemplos de grandes trabajos online. Seguiremos dándolos a conocer desde aquí.

miércoles, agosto 23, 2006

Ojito a Huizenga.

Leo el otro día en La Cárcel, que Sins Entido proyecta entre sus novedades de septiembre el Ganges de Kevin Huizenga. Me hacen chirivitas los ojos.

No se me ocurren muchos autores más prometedores en el panorama norteamericano actual que el amigo Kevin. Autor de minicomics y cercano a la filosofía fanzinera, gracias a la calidad de sus propuestas, Huizenga se ganó a pulso su participación en proyectos colectivos de Drawn & Quarterly (D & Q Showcase #1) y su posterior fichaje por Fantagraphics. En esta última edita Ganges, trabajo que toma su nombre del personaje protagonista (Glenn Ganges) y que se compone de una serie de historias cortas aparentemente adscritas a ese género que se ha dado en llamar slice of life; y digo aparentemente, porque Ganges es mucho más que una crónica biográfica o un fragmento de vida hecho cómic.

Huizenga es un auténtico renovador del lenguage comicográfico. Detrás de la sencillez de su línea clara amable, casi en cada aventura de Glenn Ganges (ya desde sus comienzos en su cómic Or Else #1) existe una intención clara de experimentación con la temporalidad narrativa, la autorreferencialidad o el punto de vista del discurso. Son las suyas historias que dejan un poso de reflexión largo tiempo después de haberse leído. Y es que, después de acercarse a Ganges uno tiene la impresión de estar ante uno de esos autores que dejan huella y que prometen emociones aún mucho más fuertes. Me parece que se hablará mucho de Huizenga en el futuro.

Para botón, como dijo aquel, una muestra. Aprovéchense de la grata relación que Huizenga guarda con internet y (si se atreven con el inglés) lean Time Travelling, la primera de las aventuras de Ganges, colgada en la red por el propio autor. Luego me cuentan.

Más páginas de la obra de Huizenga: 1, 2, 3 (en Or Else #2); 1, 2 (en Or Else #3); Or Else #4

martes, agosto 15, 2006

Luis García. El compromiso estético de un artesano.

Con la exclusiva de la vuelta de Luis García todavía reciente, me ha parecido oportuno recuperar un viejo artículo del Tribuna de Salamanca (suplemento Culturas), que saqué a cuento de la publicación de Nova-2 por Glénat. Apareció hace más de un año, el 20 de febrero del 2005.
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Año de nieves, año de bienes. La temporada invernal nos ha regalado una de las ediciones más esperadas de los últimos años (al menos, por lo que a un servidor respecta): finalmente, alguien se atrevió a convencer a Luis García para que concluyera las páginas de Nova-2, que ahora se publica en un único volumen (completando la antigua edición de 1982). Debemos agradecerles la deferencia a los señores de Glénat, en concreto a su editor Joan Navarro, que en su afán por rescatar a las figuras claves del cómic español de los 80, continúa publicando obras esenciales gestadas durante aquellos años. A la reedición de los trabajos completos de Carlos Jiménez (Los profesionales, Paracuellos, etc.), siguieron, entre otras, el Drácula de Fernando Fernández, Historias de Taberna Galáctica, de Josep María Beá, o la serie Torpedo de Bernet y Abulí. Ahora le ha llegado el turno a Luis García, y esperemos que en fechas recientes podamos encontrar junto a ellos a otros autores olvidados de su generación como Enric Sió. Fueron ellos algunos de los artífices del boom que vivió el cómic nacional a finales de los 70, los mismos que llenaban las páginas de la pléyade de revistas surgidas a la luz de ese nuevo “cómic de autor” español.

Sin ir más lejos, el mismo Luis García (junto a los Beá, Usero, Font, etc.) edita la revista Rambla, en cuyo primer número junto a viñetas de Martí o Carlos Jiménez, aparece la continuación de aquel alabadísimo Nova-2 (Premio de la crítica) que se había publicado algún tiempo antes en Tótem. La suma de esfuerzos y talentos funcionó con tal intensidad, que durante unos años dio la sensación de que el cómic español iba a convertir en pasado sus históricos límites constrictores. Así fue en parte; recientemente, Álvaro Pons hablaba del tema en su muy recomendable bitácora de actualidad sobre el mundo del cómic: “Recuerdo que Josep Mª Beà me contaba que en esa época estaban completamente contagiados de una euforia experimental, en la que competían a ver quién hacía la locura creativa más original, desde la improvisación gráfica, a la experiencia estética pasando por cualquier invento narrativo, todo valía para ir un paso más adelante.” Todo parecía posible para el nuevo cómic español; sus mejores representantes triunfaban en Francia, Italia y E.E.U.U, el lector esperaba con avidez la publicación de su revista mensual (Tótem, Zona 84, Rambla, Cairo, etc.) y los estudiosos del medio (los Javier Coma, Román Gubern o Luis Gasca) comenzaban a hacer oír su voz. Aunque el globo no llegó a levantarse más de unos palmos por encima del suelo de las artes estatales, el impulso fue suficientemente fuerte como para seguir volando hasta nuestros días y, sobre todo, dejar en su recorrido un buen número de obras indispensables. Entre ellas, Nova-2.

Su autor Luis García[1], fue uno de los nombres clave de aquellos años. Tras publicar un buen número de trabajos muy estimables y relativamente exitosos como Las Crónicas del Sin Nombre o Etnocidio (junto al gran Felipe Hernández Cava), o la publicación por entregas del mismo Nova-2, a finales de los 80 Luis García decide abandonar el cómic para dedicarse a su gran pasión, la pintura. Toda una metáfora de la evolución de nuestro cómic en esos años 80.
Ciertamente, los referentes estéticos de Luis García siempre estuvieron más cerca del universo pictórico que de sus precedentes comicográficos. Su estilo gráfico ha sido incluido en multitud de ocasiones bajo el manto estilístico del hiperrealismo; una etiqueta que constata de un modo evidente la perfección técnica de su autor. Las viñetas de Luis García sobrecogen al lector que se acerca por vez primera a uno de sus comics (con esos primeros planos apabullantes, quasy-fotográficos). Su técnica, sin embargo, le aleja de otros “hiperrealistas” del cómic, mucho más efectistas (como el americano Alex Ross), devotos de una épica super-heroica apoyada en la mímesis visual. El realismo de Nova-2 (y el del conjunto de la obra de Luis García) se mueve por un territorio más abrupto, por lo sutil e intimista, y menos evidente, por la carga simbólica que desarrolla en el conjunto de su discurso.

En Nova-2 este barcelonés de adopción, recrea la vida de Víctor Ramos, dibujante de comics y estandarte del autismo social en una ciudad condal, que apenas se vislumbra como escenario del drama que encierran sus páginas. No es el de Luis García un cómic de escenarios físicos únicamente. La verdadera sistematización contextual esencial en la obra no es la geográfica ni la temporal (la Barcelona de 1980), sino la que dibuja su protagonista a través de sus recuerdos y visiones. Casi nada es lineal en la composición de la historia: cuando leemos sus páginas, a menudo nos encontramos perdidos ante la multiplicidad de líneas narrativas que se abren ante nosotros. Algunas de las muchas caras que dotan a Nova-2 de su perfil poliédrico, se completan con su reflejo en otras líneas argumentales, con ese nuevo brillo que acertamos a vislumbrar en el viaje refractario a través de la mente y los ojos de Victor Ramos. La alternancia de técnicas de representación gráfica (del empleo dominante de los lápices y el carboncillo, García pasa a la tinta y emplea incluso fotografías reales), participa en la construcción de esta suerte de collage, por momentos desconcertante (probablemente, las mayores deficiencias que encontramos en la arquitectura narrativa de Nova-2 – poco significativas en todo caso –, tengan que ver con esa insistencia por la dispersión discursiva y las dificultades interpretativas que ésta genera).

Luis García, narrador exigente, nos obliga a reconstruir los fragmentos de un fracaso social y existencial y, para ello, dosifica ciertas claves a través de sus imágenes luminosas, entidades artísticas que, como señala Javier Coma en el prólogo de la edición, merecen ser leídas como “una sucesión de creaciones pictóricas que exigen un doble visionado: una a una, y parte a parte”. La presunción de una labor paciente, casi artesanal, tras todas y cada una de las viñetas de esta obra, nos acerca por un lado a las concepciones más nobles del creador artístico, a la idea del autor concienciado con un ideal estético y personal: aquel que prefiere obviar los límites del mercado o las tendencias más rentables. Pero además, la lectura de Nova-2, nos dirige hacia la idea de obra de arte comprometida con la naturaleza humana y sus fallas, un “objeto estético” sí, pero creado desde la comprensión y la solidaridad con el habitante de su tiempo y sus desastres cotidianos. Argumentos, todos ellos, suficientes para justificar el acercamiento a una edición tan excepcional como la que ahora tenemos entre las manos.
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[1] También en fechas recientes, otra weblog, Tebeosfera, ha dedicado un extenso monográfico a la figura que nos ocupa. Una completísima referencia biográfica y bibliográfica, entrevistas con el protagonista y muchos de sus coetáneos, reseñas de sus obras, etc., forman parte de un exhaustivo trabajo absolutamente recomendable para todos los amantes de la obra de Luis García.

viernes, agosto 11, 2006

Cómic en la Semana Negra de Gijón 2006 (y III): El hijo pródigo.

Dejábamos hace dos posts el folletín de la mesa redonda, la ronda de firmas y el conferenciante oculto, a medias. Lo retomamos aquí y ahora en el punto en el que se interrumpió.
Estaba un servidor ansiosamente a la cola de firmas a la espera de los dibujitos de sus admirados Gallardo, del Barrio and company, cuando una voz procedente del fondo de la carpa anunció, como un zumbido molesto pero, seguramente, necesario: "cinco minutos y se deja de firmar, que empieza la siguiente conferencia". El invitado, de hecho, ya estaba sentado en su butaca, al lado de Ángel de la Calle (organizador), debajo de una pantalla blanca. El agasajado era nada menos que Luis García. Sí, el mismo, el celebrado dibujante co-fundador de Rambla, uno de los autores emblemáticos del cómic de autor español de los años 70 y 80, el autor de las inmensas Nova-2, Etnocidio o Las crónicas del Sin Nombre, el mismo Luis García que a mediados de los 80 decidió retirarse del mundo en viñetas para dedicarse a la pintura y otros menesteres con mayores expectativas alimenticias...
Así que, sintiéndolo mucho por la ronda de dedicatorias frustradas, y después de rapiñar alguna de las firmas que no quería perderme, abrí las oreja y me puse como un fan adolescente a escuchar a uno de los mitos de mi niñez comiquera, el gran Luis García.
Lo cierto es que, como había sucedido con la mesa redonda, la charla fue un tanto decepcionante. Me decepcionó la improvisación con que de la Calle pareció dirigir el asunto; me sorprendió la elocuencia parca de Luis García, un autor que se caracterizaba por unas obras crípticas y tremendamente ricas en sus matices interpretativos.
Durante la primera parte de la charla, García se limitó a comentar algunos de sus trabajos pictóricos, que iban siendo proyectados en la gran pantalla situada sobre ellos. De este modo, despachaba cada cuadro con comentarios valorativos un tanto banales, sin aportar ninguna información artística sobre los mismos. Sus cuadros, en la línea hiperrealista que ha caracterizado a su dibujo (aunque él negara la etiqueta, en un gesto de humildad) , sorprenden por la absoluta maestría técnica de su autor, un creador con mayúsculas. Así, pudimos saber que durante los últimos lustros, Luis García ha estado trabajando en una serie pictórica sobre miradas de actualidad, con cuadros que aislaban momentos y personajes de nuestro panorama político, social y cultural. Nos enteramos de su trabajo como ilustrador para revistas y prensa, de su constante sed de experimentación pictórica, etc.
Lamentablemente, apenas se habló de tebeos (excepto un poco al final) y en general la charla fue más bien insípida. Sin embargo, dos notas positivas bastaron para justificar la asistencia: por un lado, reconocer la cercanía y humildad de un artista que se nos antoja esencial a la hora de establecer un árbol genealógico del cómic en España; un hombre que abrió una puerta por la que todavía no se han atrevido a pasar muchos herederos.
En segundo lugar, compensó el asunto aunque sólo fuera por conocer de primera mano la exclusiva (me imagino que no lo es tanto para la gente del mundillo; lo fue para mí): Luis García vuelve al cómic. Le esperamos con los brazos abiertos.

Luis García durante un momento de la charla-coloquio

miércoles, agosto 09, 2006

Cómic en la Semana Negra de Gijón 2006 (II): Historias Rotas.

En realidad este post no estaba previsto. Pospongo uno o dos días la solución al final interruptus de ayer (el conferenciante misterioso, recuerden) para abarcar un punto que puede tener su aquel. En uno de los comments del último post (dios mío, me rebosan los anglicismos), el amigo Taula se preguntaba acerca de la posibilidad de adquirir Historias rotas. La guerra del 36 en el cómic, así que ante la posibilidad de una posible imposibilidad de acceder a una de las copias del libro-catálogo de Pepe Gálvez y Norman Fernández, me he dicho, muestra a tus visitantes al menos la portada y algo de información de lo que se están 

perdiendo (¡ese lado maligno gatuno!).Y es que me temo que no habrá ocasión de acceder a Historia rotas en tienda o librería (ojalá me equivoque), ya que se trata de un proyecto claramente institucional (Gobierno del Principado de Asturias) y coyuntural (Semana Negra). Ojalá, repito, me equivoque y alguna editorial se lance a publicar este interesante (aunque breve) recorrido bibliográfico por los cómics que de un modo u otro se han acercado a episodios de nuestra guerra fraticida. El 10 de julio, El Diario Montañés publicó un artículo bajo el título "La Semana Negra commemora la Guerra Civil" (no firmado, lamentablemente), en el que se da cumplida cuenta de las actividades organizadas al respecto y, sobre todo, se reseña con acierto y detalle Historias rotas. Corto, pego y adjunto el fragmento correspondiente (sin molestar a nadie por ello, espero) y, de paso, les y me ahorro palabras: 

'Historias rotas' 

La exposición y el correspondiente catálogo de 'Historias rotas, la guerra del 36 en el cómic' han sido realizados por los especialistas Norman Fernández y Pepe Gálvez. Su contenido se divide en dos partes, atendiendo a la temática de la propia guerra en la primera y a la de sus consecuencias en la segunda. El primer apartado, a su vez, su subdivide en otros tres. 'Las fechas míticas' alude a efemérides concretas y decisivas, como la proclamación de la República, el levantamiento campesino de Casas Viejas, la frustrada revolución de Octubre y el fatídico 18 de julio del 36. 'Las figuras míticas' hace hincapié en personalidades asociadas a la contienda y que han pasado a la historia, caso de Hemingway, Durruti, La Pasionaria o Enrique Lister, pero también en los anónimos componentes de las Brigadas Internacionales, los anarquistas y las milicianas. Y 'La guerra', en fin, recorre las viñetas referidas al propio conflicto bélico, tanto desde la perspectiva más histórica y globalizante como desde el punto de vista personal o del suceso concreto.

El segundo apartado de la muestra también se divide en otros tres capítulos. 'La vida en la retaguardia' recuerda la existencia cotidiana entre los bombardeos y el hambre. 'La muerte en la retaguardia' repasa las diferentes caras de la represión sobre la población civil. Mientras 'La derrota' desgrana distintas y amargas opciones de los que perdieron la guerra: el exilio, el ocultamiento, la resistencia y las cárceles franquistas.

La exposición presta especial atención a obras como 'Eloy', de Hernández Palacios, 'Emili Piulá', de Montesol y Roger, 'La guerra civil española', de Víctor Mora y diversos dibujantes, 'Soledad', de Tito, 'Un largo silencio' de Miguel Gallardo, 'Condors', de Ezquerra y Ennis o '¿No pasarán!' de Vittorio Giardino. Igualmente se revisitan obras de autores como Hernández Cava, Bilal, Julio Ribera, Spain Rodríguez, Federico del Barrio, Muñoz y Sampayo o Paco Roca entre otros muchos.

Variaciones sobre El Guernica

Contando con el precedente titulado 'Variaciones sobre el cuadro La habitación de Arlés', la Semana Negra rinde esta vez homenaje al célebre lienzo de Picasso en un libro de producción propia que cuenta con el patrocinio de la firma Pepsi. Al igual que se hizo en 2003 con el cuadro de Van Gogh, el presente volumen ofrece un compendio de trabajos exclusivamente realizados para esta edición donde diversos escritores, ilustradores y dibujantes ofrecen su particular visión de la masacre inmortalizada por el pintor malagueño.

Amén del aporte literario, el apartado gráfico ofrece una ecléctica variedad de estilos y aproximaciones plásticas. Desde auténticas leyendas como Luís García hasta las más recientes generaciones, encarnadas por Ester Gili, Ken Niimura, Jorge García o Fidel Martínez, pasando por veteranos de la talla de Miguel Gallardo, Lorenzo Díaz y Marta Cano. Desde el enfoque caricaturesco de Enrique Vicente Vegas al realismo de Paco Roca o el personal expresionismo de Javier Olivares. Y ello sin olvidar la participación foránea, personificada por firmas de la talla del británico D'Israeli o el norteamericano Michael Lark.

'Nuestra Guerra Civil'

La editorial Ariadna fue responsable de la revista Dos Veces Breve y publica puntuales monográficos como 'Omar el Navegante' (nominado al Autor Revelación en el último Salón del Cómic) o el presente libro centrado en el conflicto de 1936, 'Nuestra Guerra Civil'. Un álbum de 64 páginas dedicadas a glosar una serie de recuerdos personales con el conflicto civil como desgarrador telón de fondo. Son cinco historias pergeñadas por otros tantos guionistas, que han acudido para la ocasión a la memoria de sus seres más cercanos (abuelos, tíos, amigos íntimos ) y brindan pequeñas vivencias, experiencias indelebles y generalmente trágicas e incluso simples anécdotas: todas transportan el ánimo del lector a aquellos días fratricidas donde la vida o la muerte dependían de la mezquindad, el rencor, el coraje, la generosidad o el signo de la suerte.

Diversos estilos gráficos y literarios componen este mosaico. Laura y Hernández Cava rememoran la vida y obra del dibujante represaliado José Robledano; Pepe Gálvez y José María Beroy recuerdan un día de campo interrumpido por una ejecución de prisioneros; Fritz narra el escalofriante periplo de su tío, desaparecido en los campos de exterminio nazis; Jorge García y Ángel de la Calle reflexionan sobre la memoria robada y encerrada en el Archivo Histórico de Salamanca; y David Rubín pone imágenes a los recuerdos dispersos de su abuelo.

'Nuestra guerra civil' se completa con apuntes aclaratorios de los autores y explicaciones históricas de diversos especialistas, amén del magnífico trabajo de Andrés G. Leiva como autor de portada y contraportada.

martes, agosto 08, 2006

Cómic en la Semana Negra de Gijón 2006 (I): la supermesa redonda.

Resulta que durante la primera quincena de julio me había dispuesto yo a pasar unos días de asueto en buena compañía por las grandiosas tierras del norte de Palencia y la Asturias mítica, cuando sin saber ni cómo ni por qué, me vi en Gijón en medio de la Semana Negra. Prometo que fue una sorpresa no buscada: nunca había estado en Gijón (ahora sé que volveré) y desconocía las fechas de un evento que, sin embargo, siempre me había fascinado desde la distancia catódica.
Así que, de pronto, me encontré en el recinto preparado para el elogio de los Hammet y Chandler y, hete aquí que para mi sorpresa descubrí el protagonismo con que disfruta el cómic en la celebración. Un cartel de actividades en el que el nombre de Ángel de la Calle (fresco aún el segundo volumen de Tina Modotti) aparecía y reaparecía constantemente como organizador de exposiciones y conferencias, había una carpa dedicada a la exposición de originales, mesas redondas, etc. Vayamos por partes.
Con motivo del salón, y dentro de la inercia que crea este año de recuperación de la memoria histórica, se organizaron para la celebración una serie de actividades alrededor de la exposición de originales bajo el título "Historias Rotas". Entre las obras expuestas -abróchense los machos-, El artefacto perverso de Federico del Barrio y Hernández Cava (uno de los grandes cómics en la historia de nuestro país, sí o sí), Eloy: Gorca, de Hernández Palacio, Un largo silencio, de Gallardo, Max Friedman: ¡no pasarán!, de Giardino, etc. Además, se anunciaba una mesa redonda para el sábado 15, con los dibujantes y guionistas protagonistas, al final de la cual se entregaría a los asistentes el libro-catálogo Historias rotas: la guerra del 36 en el cómic (Pepe Galvez y Norman Fernández), en el que se recogían las aproximaciones, interpretaciones y recreaciones comicográficas acerca de la Guerra Civil y reproducciones de las planchas expuestas. ¿Alguien da más?
Al día siguiente (todo esto lo descubrí con avidez en el programa de actos el mismo viernes 14 en que me topé con la Semana Negra) tenía lugar la "supermesa redonda" que bajo el título "Historias rotas, la guerra del 36 en el cómic" Pepe Gálvez y Norman Fernández, con la intervención de Annie Goetzinger, Antonio Parras, Víctor Mora, Miguel Gallardo, Laura, Roger, Federico del Barrio, Ameziane, Alfonso Font. ", presentaría el libro realizado por éstos ante la presencia de los autores mencionados. No estuvo Alfonso Font, aunque el resto de la nómina era de tal calibre que se disculpaba una ausencia tan ilustre.
Llegó la charla y, por fin, pudimos, por un lado, satisfacer esa perversión fetichista que consiste en ponerle rostro a los ídolos nominales de la infancia, juventud y "madurez", y, por otro, disfrutar ante la exposición oral de aquellos a quienes sólo habíamos "escuchado" en el papel. Supo a poco, a muy poco. Tanta presencia, tantas voces dignas de interés, para apenas 50 minutos... Hechas las presentaciones del libro, los invitados no tuvieron tiempo más que para explicar en 4 ó 5 minutos su relación personal con el conflicto (inexistente en algunos casos, como el del joven francés Ameziane, más o menos directa en otros, Parras, Mora, etc.). En fin, que nos quedamos con las ganas de oír hablar de cómics, de algo de debate artístico, y llegamos a la conclusión de que quizás no era el formato más adecuado ni la duración idónea para reúnir a unos personajes cuya presencia, seamos sinceros, pareció testimonial.
A continuación, recogimos los libros en tropel, cambiamos de carpa y disfrutamos de la firma de ejemplares. Yo, por razones que no vienen a cuento, llegué un poco tarde y me tuve que conformar con las firmas de mis adorados del Barrio o Mora, en vez de los dibujitos dedicados con que regalarón a los primeros de la cola. Las estrecheces de horario apremiaban y a las 21:00 llegaba otro de los puntos fuertes de la velada en la misma carpa de las firmas, nada menos que... Bueno, esa será otra historia. Estén atentos.

Annie Goetzinger, el sugerente encanto francés.

Federico del Barrio. Simplemente genio.

Victor Mora, capitán de la tropa, maestro de maestros, y amable sencillez.

domingo, agosto 06, 2006

Superhéroes en decadencia, de Donald Soffritti.

Estaba el otro día paseándome entre algunas de las webs y blogs comicográficos que visito con cierta asiduidad (que poco a poco voy incorporando en la barra de vínculos), cuando, al revisar posts anteriores de The Comics Reporter (la imprescindible página de Tom Spurgeon), me topé con unas imágenes de un tal Donald Soffritti que me parecieron simplemente geniales.
Me pongo a "googlear" (que dicen ahora los americanos) y encuentro que se trata de un joven autor italiano, de influencias disneyanas, que ha trabajado consiguientemente en publicaciones como Topolino o W.I.T.C.H. y que colabora con diversos periódicos como La Gazzetta dello Sport. Entre sus trabajos en cómic, encontramos la serie de aventuras Alienor, editada en Francia e Italia (no me consta que la hayamos visto por aquí) y Rat-man and friends/3 (inédito aún por aquí, pero me imagino que dentro de los planes editoriales futuros de Panini, que está publicando los comic-books del personaje).
De casi todo esto y de alguna cosilla más, me entero en la entrevista aparecida en Fumettidicarta. Pero lo que me lleva a escribir esta reseña y a incorporar el blog de Soffritti en el nuevo link de mi side-bar que dedicaré a los "blogs de autor" en lengua no castellana (Blogs by the author) es la serie cómica que últimamente está dedicando en su bitácora a superhéroes decadentes. Impagables las caricaturas de Spiderman, Batman y Robin, Hulk, Thor, Supergirl o Wonder-Woman. Vamos que ni El señor de la noche, ni Watchmen, ni Marvels, ni nada... Donald Soffritti, un auténtico Nostradamus de la viñeta.
Para abrir boca vinculo dos de ellas aquí y les remito directamente al blog de Donald Soffritti.
Y a mi que este Hulk me recuerda a cierto gobernador de California.
¿Quién le dice que no a una rubia?

miércoles, agosto 02, 2006

Birdland. Porno de autor.


La última colaboración con FHM (mes de agosto) ya está en los quioscos. Aquí, la versión íntegra.
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Que Beto Hernandez se descuelgue con un cómic pornográfico, viene a ser algo así como si a Almodovar le diera por incluir en el reparto de su próxima película a Celia Blanco o Nacho Vidal. Vamos, una hipótesis perféctamente factible, pero que no deja de sorprender. El menor de los celebradísimos Hernandez Bros, creador junto a su hermano Jaime de la revista Love & Rockets y autor de algunos de los clásicos modernos del cómic (Río Veneno, Palomar, etc.), es también el dibujante y guionista de Birdland, un tebeo porno con todas las de la ley. De hecho, Birdland es algo así como la cuadratura del género, la tercera vía, la erección estética del sexo rodado, escrito o dibujado que tantos persiguen: Birdland es “porno de autor”. Los fluidos íntimos al servicio de unos personajes y sus elucubraciones vitales, casi nada. Un divertimento que, pese al desparrame argumental de su trama final, se deja leer más allá de la página 10 (ya conocéis los rigores del arte onanista); intentad llegar hasta la 69, a lo mejor le cogéis el gustillo y os animáis con los demás trabajos de su ilustrísima señoría, Beto Hernández.