martes, marzo 05, 2013

Pudridero, de Johnny Ryan. Escatologías y mutaciones.

Se ha montado un buen revuelo en el mundillo comiquero con motivo de la aparición de la edición española de Pudridero. A Johnny Ryan le conocíamos por sus páginas de humor cafre e irreverente recogidas bajo el título Angry Youth Comix. Es el suyo un humor escatológico que, tomando como base los preceptos del cómic underground (como se deduce del propio título de la serie), se sumerge sin prejuicios en una incorrección política tal que en la comparación sus fuentes de referencia parecen fábulas infantiles ilustradas.

Con Pudridero, Ryan cambia radicalmente de registro temático, pero mantiene bastantes de las constantes estilísticas y estéticas de su forma de entender el cómic (o el comix). En una interesantísima serie de posts recientes, Santiago García diseccionaba en su blog Mandorla el estado de la cuestión del cómic estadounidense contemporáneo. Hablaba el crítico y guionista de algunos autores de vanguardia (como Box Brown o Josh Bayer), hablaba del porno de vanguardia, del nuevo realismo y lo hacía, sobre todo, de lo que el llama los "primitivos cósmicos": "una serie de cómics dedicados a retratar epopeyas mitológicas, cosmogonías y guerras de dioses a gran escala", que recurren, en muchos casos, a un estilo gráfico basado en motivos geométricos y una estética post-punk. Art brut al poder. Como ya se imaginarán, la obra de Ryan entraría dentro de esta última categoría.

También lo harían algunos otros cómics que han sonado mucho últimamente en los foros más selectos: hablamos del Forming, de Jesse Moynihan, o de Powr Mastrs, de CF; dos tebeos que a nosotros nos sumieron en la más densa y espesa de las indiferencias. Prison Pit (Pudridero) es otra cosa. Desde luego, no deja indiferente.

El cómic de Johnny Ryan (como los de otros coetáneos, Pat Aulisio o William Cardini, que también menciona García en su artículo) bebe directamente de la cultura popular (del pulp, del manga, del cine de horror de los 80, de las películas de ciencia-ficción de serie B) y de los trabajos de gente como Mat Brinkman, sus Fort Thunder, y algunos de los creadores de minicómics de los años 90. En obras como Teratoid Heights o Multiforce encontrábamos ya muchos de los elementos que también constituyen la base narrativa de Pudridero: la naturaleza mutante y multiforme de sus protagonistas, una interpretación del evolucionismo en clave alienígena o ese aire improvisado de unas tramas que parecen desplegarse de forma espontánea y orgánica.

Es cierto que, en bastantes momentos, alguno de esos factores (la espontaneidad, el guión abierto...) parecen jugar en contra de Pudridero y que, en algunas de sus páginas, el lector tiene la sensación de estar asistiendo a uno de esos combates de pega de lucha libre mexicana en los que el misterio y la excitación se basan en el estrafalario exotismo de los combatientes más que en el combate propiamente dicho. A lo largo de los tres volúmenes de Prison Pit, Ryan despliega toda una galería de monstruos y villanos alienígeneas, a cual más sanguinario, brutal y estrambótico. La fiereza se les supone a todos ellos, pues el pudridero no es otra cosa que una prisión planetaria para criminales (suponemos) peligrosos. Con esa excusa argumental, asistimos a un tour de force pugilístico en el que sus protagonistas llevan a un extremo el struggle for life que definía las teorías darwinistas y aquello de la supervivencia del más fuerte. Nuestro guía en esta colección de refriegas mortales y guantazos mortíferos es una mala bestia de rostro ensangrentado, rodilleras ochenteras y calzones negros, llamado Carantigua: un mal bicho de cuidado que no hace enemigos.

A lo largo de los tres volúmenes que conforman este trabajo asistimos a las sangrientas andanzas de nuestro convicto mientras éste recorre las agrestes planicies de su prisión a cielo abierto. Ryan maneja el tempo narrativo con pausa, pero sin freno: seguramente lo mejor de la obra es su capacidad para marcar los tiempos y para imbuir al lector en una vorágine imparable de violencia y brutalidad despiadada. Su repetición de estructuras reticulares muy sencillas (en su mayoría formadas por cuatro viñetas idénticas por página), ayuda a la creación del ritmo narrativo y le permite al autor ahondar en el detalle y escenificar con prolijidad los procesos/mutaciones/etapas de cada batalla. Esta minuciosidad es, sin duda, una de las grandes bazas del tebeo. El espectador asiste a la aparición de cada nuevo enemigo con la misma ansiedad morbosa con la que esperábamos a que los diferentes enemigos de Mazinger Z aparecieran en escena, con la certeza de que iban a ser sistemáticamente machados por nuestro robot favorito; el final, por conocido, no apaciguaba nuestra sed de nuevas armas, arsenales e ingenios pergeñados por el Baron Ashler, el Doctor Infierno y el Conde Brocken.

Así sucede con este Pudridero, que sin ser una obra magna o una de esas novelas gráficas que últimamente nos han dejado epatados, sí que nos ha regalado verdaderos momentos de sádico disfrute, gracias a una libertad creativa y una falta de prejuicios (llámenle incorrección política) la mar de saludables.

martes, febrero 26, 2013

Supermanes, Blancanieves y otros iconos descontextualizados.

Hablábamos el otro día de interdiscursividades comiquero-musicales. No es nuevo. En esta sociedad del hipervínculo y las carreteras bifurcadas, el icono adquiere naturaleza mutante y el símbolo multiplica una y mil veces su connotación.
Hay personajes de la animación y del universo viñetero que, por mor de su popularidad o de su recurrencia, han terminado por desbordar el propio contexto diegético que los vio nacer. Superman ha dejado de ser un personaje para convertirse en icono de uno y mil valores políticos, morales, ficcionales... Blancanieves, símbolo de pureza e inocencia, es el personaje contenedor de toda la ideología que se esconde detrás de la factoría disney. Por eso, en estos momentos en que el pensamiento postmoderno parece haberse consolidado definitivamente como herramienta interpretativa dentro del inconsciente colectivo, mecanismos como los de la parodia, la autorreflexión y la descontextualización se han convertido también en procedimientos habituales para la reinterpretación artística del mundo o las culturas pretéritas.
En un post reciente titulado "Cuentos a mí" (en el Blog Eros del El País), JoanG. hablaba de la desmitificación de la inocencia y de la derrota de la fantasía edulcorada a partir de la hipersexualidad. En el artículo se revisan las "relecturas" en clave erótica y pornográfica de los cuentos tradicionales, del universo Barby y de la mitología disneyana, a partir de la obra de autores como Roberto Loaiza, el fotógrafo Thomas Czarnecki o algunos viejos conocidos de este blog como Giuseppe Veneziano o Gregg Segal. Muchas décadas antes, las llamadas Biblias de Tijuana ya realizaban una transferencia similar, de orden sexual, hacia personajes populares del cómic norteamericano: celebridades de los dailies y sundays, como Popeye o Betty Boop, convertidos en objetos de deseo y vehículo de contenidos pornográficos. En aquel entonces, existía ya la intención paródica y el humorismo grotesco; no tanto la reflexión crítica o la autorreferencia.
Casi al mismo tiempo que leíamos el artículo de JoanG., se nos han cruzado por la pantalla otros dos ejemplos claros de desplazamiento connotativo y descontextualización ficcional. Nos referimos, por ejemplo, al trabajo de Greg-guillemin y a series como The secret Lifes of Heroes. En sus dibujos, el artista lleva el proceso de desmitificación superheroica a los niveles de la escatología cotidiana: en un remedo de los colores planos primarios y las tramas de puntos de Roy Lichtenstein, Greg-guillemin recorta primeros planos de Superman sacándose un moco, las manos de Hulk liándose un peta, el capitán américa babeando mientras se levanta una Mahou fresquita, Spiderman sentado en la taza de un váter con el papel en la mano o Batman y Robin haciendo aquello que todos sospechábamos harían algún día.
 
El segundo ejemplo artístico que queremos destacar es el de Sandra Paula Fernández, cuya obra podemos ver en la Galería Liebre (que tan buena impresión nos causó en aquella ocasión). El trabajo de la artista asturiana se mueve obsesivamente alrededor de la figura de Blancanieves, a la que somete a un proceso radical de humanización (cuando no banalización) que lleva al personaje a realizar toda suerte de acciones mundanas, perversiones terrenales y "desplazamientos" ficcionales, muy alejados del edulcorado y naive icono disneyano. Los dibujos abigarrados y plagados de detalles de Sandra Paula Fernández nos recuerdan a los cuadros vivos de Henry Darger, aquel genio loco e iluminado que llenó miles de hojas con ninfas, ángeles y niñas libidinosas. Nunca te fíes de las niñas buenas.

lunes, febrero 18, 2013

Deogratias, de Stassen, en la SER.

Nos acercamos al Deogratias de Jean-Philippe Stassen hace ya unos años. Fue un cómic que nos impresionó por varias razones: el dibujo de Stassen tiene una extraña cualidad plástica, una tridimensionalidad basada en un empleo casi pictórico del color. La luz en Deogratias es una herramienta cargada de intenciones connotativas: la trágica oscuridad de las noches africanas, el sol abrasador de los días que anticipan la tragedia... El cómic de Stassen nos dejó también esa sensación incómoda que nos escuece a casi todos en Occidente; la que nace de la certeza de que una buena parte de los dramas africanos nacieron en el umbral de nuestro confort hipercivilizado; rellenamos nuestros colchones de carne y huesos ajenos.
La tragedia ruandesa ha sido uno de los dramas más vergonzantes de la historia contemporánea. El silencio y la pasividad de Occidente, uno de los gestos más humillantes y execrables que se recuerdan. Hemos vuelto a pensar en todo ello con motivo de nuestro último episodio radiofónico en "Cómics en la biblioteca", para la cadena SER. Junto a Chema Rodríguez, Eva Lavilla nos ayudo a marcar las líneas históricas y a dibujar el contexto de la tragedia.
Se lo dejamos aquí ahora. Esperemos que les guste.

lunes, febrero 11, 2013

Y apareció una banda sonora...

La red es viral, la cultura se expande como un pulpo de mil tentáculos en estos tiempos hipertextualizados. Una obra levanta nuestro interés, su relación con el mundo, con el espectador/lector/oyente, termina por fascinarnos. La red de redes conecta a los usuarios y expande el significado último del objeto hasta el límite de las asociaciones que a partir de él se tejen.
Son, éstas, digresiones para intentar dibujar el contexto personal de cómo este blog nos ha permitido viajar por el ciberespacio, establecer relaciones más allá del contexto bitacórico y, en definitiva, ampliar horizontes.
A veces tenemos la sensación de que le hablamos al vacío, de que no escucha nadie al otro lado. De que nuestras palabras se pierden en un contador que sólo registra búsquedas de imágenes de Google. De pronto, sucede algo que le devuelve a uno la ilusión ante el teclado y la pantalla sordomuda. Hace unos días, hemos vivido un ejemplo feliz de cómo lo que uno hace puede influirle al otro, al que interactúa en silencio desde el otro extremo. Nos ha llegado el vídeo definitivo con el tema que un músico, Damián Peña Steffen, ha compuesto para su sobrino después de leer Marina está en la Luna. Un homenaje cariñoso a unos personajes que sentimos como propios. Se nos llena el teclado de gratitud.
Ésta es la canción que Damián ha creado a partir de la lectura de nuestro cómic-cuento. Y éste, el canal bitacórico en el que se lo damos a conocer ahora a ustedes. Nos suena a Prin' La Lá, nos suena a Family y nos suena a nana infantil entrañable. Lean los títulos de crédito finales del vídeo y terminarán de entender todo el asunto. Bendita interdiscursividad:

lunes, febrero 04, 2013

Martín Vitaliti y mucha Gente Menuda en el Museo ABC.

Dos citas en una, comiqueras e insoslayables ambas, para fechas venideras... Las dos en el Museo ABC.
Al fin llega la exposición de uno de los artistas favoritos de esta casa, don Martín Vitaliti, con motivo de su elección como II Premio de Dibujo Museo ABC. En la primera planta del edificio podemos contemplar (hasta el 17 de marzo) una buena selección de su obra más reciente y una buena colección de claves para interpretar el sentido último de su poética artística: las manipulaciones y los apropiacionismos de Vitaliti cuestionan de principio a fin las convicciones discursivas del medio comicográfico, todas y cada una de las convenciones que conforman su lenguaje, y lo hacen desde la inteligencia y la ironía.
Así, Superman deja de ser un héroe de papel para convertirse en el verdadero Atlas tridimensional que, desde fuera del cuadro de la viñeta, soporta sobre su espalda el peso completo de la mitología que el mismo ha ayudado a forjar con sus aventuras; de igual manera, en las instalaciones de Vitaliti, Flash es más rápido incluso que las propias reglas narrativas que determinan la causalidad de la secuenciación espacio-temporal. El tiempo también, pero sobre todo la lógica espacial desaparece en una pirueta imposible de 360º que obliga al espectador a girar sobre sí mismo en búsca de un Corto Maltés tan esquivo como esa "cámara invisible" que "registra" todas las viñetas de todos los cómics del mundo.

El título de la exposición no podía ser más simbólico y acertado: En el fondo, nada ha cambiado... Jorge Bravo, el comisario de la misma, explica su oportuna carga polisémica:
En el fondo, nada ha cambiado... Son varias las interpretaciones posibles de este título. En clave personal parece remitir a la propia trayectoria del artista, al cambio que supone tener oportunidad de mostrar el trabajo en un marco como el que ahora disfruta, al tránsito del estudio a la sala de exposiciones, de la contemplación solitaria del propio trabajo a la observación de la respuesta del público.
Pero, más cerca de su intención, este título debe remitir a la fuente de la que se nutre su trabajo, el cómic, y por ende a la imposibilidad misma de la permanencia, de la inmutabilidad. Como en la viñeta que contiene el título, la reconstrucción es posible pero las cosas nunca serán ya lo que fueron, y ahí la ironía, el juego que propone el autor.
La obra de Martín Vitaliti se genera en la manipulación de los distintos elementos que constituyen el lenguaje del cómic. La página, la sucesión de viñetas, como marco espacio-temporal que alberga una narración, es el elemento principal que interviene el artista.
Por si fuera poco, hemos tenido la enorme suerte de participar tangencialmente en la exposición, gracias a la amable invitación que nos hizo Vitaliti para prologar el excelente catálogo que ilustra la muestra. Todo un honor y un disfrute.

En un insospechado giro irónico, la segunda buena razón para acercarse al museo del ABC nos demuestra, de nuevo, que nada ha cambiado por lo que respecta al reconocimiento del talento. Gente Menuda (¿lo ubican ya?) satisfará especialmente a los amantes del cómic clásico español, a los arqueólogos de nuestras viñetas y, en general, todos los amantes del dibujo y la ilustración; y es que resulta que la planta baja del museo se ha convertido para la ocasión en un vergel de acuarelas, aguados, tintas chinas y dibujos a plumilla. La ocasión no es otra que la exposición Gente Menuda. Dibujos para un gran suplemento infantil, el suplemento de la revista Blanco y Negro, que durante mucho tiempo, bajo su apariencia infantil, funcionó como vehículo de vanguardia para las viñetas locales (gracias a gente como K-Hito o el mismo Mihura). Tenemos ahora la excusa impepinable para disfrutar de los trabajos originales de algunos de los padres del cómic español: la muestra incluye obras de, nada menos que, Xaudaró, Sancha, Atiza, Cilla, Tono, López Rubio o los mencionados Mihura y K-Hito.
No se pierdan ninguna de las dos. Alimento para el espíritu en tiempos críticos.

lunes, enero 28, 2013

¿Eres mi madre?, de Alison Bechdel en Culturamas.

Cuando reseñamos Fun Homede Alison Bechdel, intentamos encontrar un equilibrio entre los sentimientos encontrados que nos generó su lectura. Entre la fatiga intelectual de afrontar un trabajo cuajado de citas literarias y filosóficas, y la irresistible tentación de adentrarse en los traumas infantiles y las cavernas existenciales de una mujer, autora de cómics y lesbiana, para más señas. En Fun Home, Alison Bechdel daba cuenta además de un turbulento entorno familiar y de su relación disfuncional con un padre distante y extremadamente severo que terminó suicidándose. Un exorcismo en toda regla...

Así empieza la reseña que hemos publicado esta semana en Culturamas, a propósito de la última obra de la Bechdel. Un cómic densito y exigente como pocos. Psicoanálisis puro. Pasen y lean.

lunes, enero 21, 2013

Vapor, de Max. En busca de la pureza.

Le dedicamos un artículo retrospectivo a Max en aquella revista online, hace tiempo extinta, llamada Desde el abismo. Luego lo recuperamos para este blog aquí. En él, recorríamos más o menos extensamente la obra de Françesc Capdevila, deteniéndonos en los momentos esenciales de su trayectoria; pero en realidad la finalidad última del artículo era la de abordar el giro filosófico de su trabajo concretado en las páginas de Bardín, el Superrealista.
Con la aparición de Vapor en 2012, esa búsqueda de la espiritualidad, y su concreción artística comicográfica, experimentan una evolución ulterior. Quizá un paso definitivo en el viaje interior de un artista, en la búsqueda introspectiva de las claves existenciales y de la esencia de la creación. Vapor es también un paso definitivo en el proceso de depuración estilística en que su autor se embarcó ya hace muchos años. Curiosamente (aunque quizás no lo sea tanto), cuanto más pura es la línea de su dibujo, cuanto más esquemáticas son las formas de sus personajes y más pautadas las secuenciaciones de sus viñetas, más profundo es el mensaje que trasmiten sus historias.
Si Bardín funcionaba como cicerone espiritual de un itinerario interior por los dogmas y creencias (impuestos o adoptados, ambos), y por el universo de las convenciones culturales que marcaron (y suponemos que aún marcan) las convicciones culturales de un Max intelectualizado, ser pensante, autor y creador, Nicodemo (atención a la ironía, nominal, conceptual e iconográfica, que recorre Vapor de principio a fin) es también un personaje-guía, un alterego ficcional y un trasunto del propio Max; pero en este caso de su relación con el mundo más inmediato, el universo de las necesidades fisiológicas, las pasiones físicas y el contacto social.
Si Jesucristo vivió cuarenta días de penitencia en el desierto, el recorrido ascético de Nicodemo, convertido en eremita lleno de cavilaciones, se desarrolla a lo largo de cuatro semanas, que le enfrentarán a una lucha incierta contra el hambre, la sed, la lujuria y las tentaciones, las dudas y el combate interior definitivo; una lucha que le hace elegir entre una vida imperfecta y la muerte del yo. En cada una de sus encrucijadas, Nicodemo (como aquel fariseo redimido de los Evangelios) se enfrenta a sus propias convicciones existenciales y personales, a las convenciones sociales que en tantas ocasiones determinan nuestros pasos de forma inconsciente y nos encauzan en una dirección que no depende tanto de nuestra propia elección como de las expectativas creadas por fuerzas externas (sociales, económicas, políticas, culturales). La búsqueda interior de Max a través de este cómic es una búsqueda simbólica y espiritual.
Simbólica porque su plasmación visual recurre a fuentes iconográficas que recorren la tradición plástica universal (el coloso de Goya), la historia del cómic (los ladrillos de Krazy Kat, el personaje de Herbert E. Crowley de la página 90, que el mismo autor destaca), así como el corpus de influencias de la propia obra de Max (esa sombra nariguda y esquemática, los barbudos, el mandala del séquito de la Reina de Saba...). Es espiritual porque las páginas de Vapor, desde  la primera a la última, rezuman un tono autoconfesional que suena a ejercicio catártico, a una búsqueda de respuestas que sólo obtendrán un amago de réplica desde su plasmación gráfica. Lá página como diván. Cuando el gato Moisés, otro alterego pragmático y lleno de certezas del propio Max, le pregunta al pesaroso Nicodemo qué busca con su retiro al desierto, éste le responde: “Sentido. El sentido último e inapelable, si es que lo hay”.
El afán de trascendencia no siempre ha casado bien con las viñetas: por la obviedad cabezota de las imágenes, por el peso connotativo de la historieta, por la simplificación del mensaje... Vapor, sin embargo, funciona como una parábola perfecta en su ilustración de la búsqueda interior. Lo hace sin circunloquios ni simplificaciones, con una narración profundamente simbólica, que en ocasiones rodea el cripticismo, pero que encaja como un guante en la “literatura” filosófico-mística teleológica. Tras la lectura de Vapor, seguimos sin saber dónde está el principio, ni cuál es el fin, pero como lectores acabamos sus páginas sintiéndonos un poco más profundos, más confusos, mejor lectores.

lunes, enero 14, 2013

Marina está en La Buena Tarde

El pasado miércoles la buena gente de Radio Principado de Asturias se pusieron en contacto con nosotros para hablar de Marina está en la Luna. Así, Gaspar Naranjo y el menda tomamos por asalto los micrófonos de La buena tarde para charlar duranto un rato sobre cómics, literatura infantil, lo humano y lo marino.
Les dejamos aquí el podcast del programa, junto a la presentación con la que se introdujo la charla:
¿Existe una edad mínima para comenzar a leer cómics? A juzgar por el título que hoy les presentamos, no. M arina está en la Luna es el título de una historieta creada y publicada para deleitar a niños y niñas entre 3 y 6 años, con diálogos y viñetas adaptados a su edad.
Saludamos a los autores de este libro. Rubén Varillas, guionista de "Marina está en la Luna"; y Gaspar Naranjo, dibujante.