domingo, agosto 17, 2014

Las copygrafías de Alfredo Santos. Pinturas que saben de cómic.

Hace unos días conocimos a Alfredo Santos, pintor. Estuvimos hablando con él de arte, de cuadros y de cómics. Y hablamos de Andrei Molotiu y su obra Abstract Comics, ese libro que en 2010 reabrió el debate acerca de la naturaleza narrativa del cómic. Hubo críticos y estudiosos entonces que vieron en los ejemplos seleccionados por Molotiu una prueba clara de que podían existir cómics no narrativos.
Nunca secundamos la moción. El elemento narrativo (en ocasiones expresado sólo de forma latente y sujeto a la coherencia global de la obra) es inherente al cómic, más allá de que éste pueda abundar en un componente lírico, surreal, onírico o parcialmente abstracto. En las tripas de cualquier artefacto comicográfico existe una base secuencial y una intención narrativa; aunque ésta no aparezca obviamente presentada ni se exprese de forma diáfana en primera instancia. La causalidad y la existencia de unos vínculos espacio-temporales condiciona la lectura de un cómic, incluso la de un cómic abstracto.
De estos asuntos y varios más hablábamos con Alfredo mientras nos paseábamos por los trabajos que con frecuencia cuelga en su página Copygrafías. Resulta que su obra encaja a la perfección entre muchos de los ejemplos que Molotiu suele utilizar para aumentar la nómina de sus "abstract comics". Cuando compramos su libro con el mismo nombre, lo abordamos con una certeza que no nos abandonó en todo el recorrido por sus páginas: lo que teníamos ante nosotros no era cómic, sino arte plástico puro y duro. ¿Cómo debemos leer en ese caso ejemplos como los que se muestran en la obra de Alfredo Santos y otros autores (Mark Gonyea, Stan Brakhage o el propio Molotiu)?
La clave está en la propia acepción del término "cómic". Lo hemos repetido aquí en numerosas ocasiones, con él nos referimos al medio y al objeto que lo contiene (al libro, comic-book, álbum...), pero también a un lenguaje artístico y cultural que cuenta con unas herramientas propias y unos mecanismos definidos. Estos instrumentos (secuenciación, viñetas, globos, didascalias, personajes, etc.) funcionan conjuntamente como instrumentos que permiten crear narraciones gráficas. No obstante, como ya demostró Roy Lichtenstein en su momento, las bellas artes se retroalimentan unas de otras (que le pregunten a Duchamp) y el apropiacionismo es uno de los rasgos esenciales del arte contemporáneo. En este sentido, las herramientas del cómic (líneas de viñeta, globos, líneas cinéticas) están presentes en la obra de multitud de artistas plásticos actuales; como muchos de los que se recogen en Abstract Comics, y como demuestra la obra de Alfredo Santos.
Los aparatos y mecanismos que habitan sus cuadros crean ritmos y secuencias que a veces nos remiten a estructuras musicales y en otros casos se parecen más a estructuras arquitectónicas polimórficas y mutantes. Hay muchas pistas y referencias en la obra del artista cántabro que demuestran su pasión por el cómic, como esas líneas y modulaciones que nos conducen directamente a la escuela Marvel o sus construcciones espaciales que tanto nos recuerdan a Moebius y sus fantásticos escenarios futuristas. En el fondo, todo puede ser materia prima y todo termina por imbricarse.
Si quieren ver a Alfredo en acción, pasense por aquí.

lunes, agosto 11, 2014

Ñam, Ñam. Bocado de verano.

http://www.festivalnam.es/Vamos a aprovechar la canícula para hacer de tablón de anuncios de un evento postveraniego que se las trae y que, a mayores, se celebrará en nuestra mismísima casa.
Se trata de ÑAM, un nuevo Festival Internacional de Cómic y Novela Gráfica que realiza su primera edición este año. El festival se celebrará en la ciudad de Palencia entre el 30 de Septiembre y el 5 de Octubre. El programa de actividades es sencillamente espectacular, y contará con exposiciones, talleres y encuentros protagonizados por algunos de los nombres más prestigiosos del cómic español e internacional. Visitarán el festival autores de la talla de David Aja, Jorge González, David Rubín, Juan Berrio, Matt Madden o Bendik Kaltenborn y críticos como Scott McCloud o Álvaro Pons... ¡Palabras mayores!
El plazo de inscripción ya está abierto. Les dejamos con la información promocional completa del evento:
 
Del 30 de Septiembre al 5 de Octubre se celebrará en Castilla y León la primera edición de ÑAM, Festival Internacional de Cómic y Novela Gráfica.
La ciudad de Palencia acogerá durante 6 días una cita imprescindible para los amantes del cómic y la novela gráfica, un sector que atraviesa una época de esplendor creativo en España.
El Festival ÑAM recibirá primeras figuras internacionales y nacionales Ofrecerá talleres, encuentros, intervenciones colectivas, exposiciones y actividades para el público en general.

El 30 de Septiembre en Palencia comenzará una nueva cita para creadores, aficionados y lectores de cómic y novela gráfica. Una propuesta diferente y única que está llamada a convertirse en un encuentro imperdible. Por la semana ÑAM pasarán alrededor de 20 invitados, prestigiosos profesionales de España y del mundo. Habrá actividades orientadas a profesionales y aficionados al cómic y a la novela gráfica como talleres, conferencias, master-class y sesiones de networking y actividades abiertas al público en general, para amantes del dibujo, de la lectura, o para los curiosos que quieran acercarse a participar de esta experiencia.
Una de las fuertes apuestas de esta primera edición será, sin lugar a duda, la presencia del controvertido divulgador y teórico del cómic, Scott McCloud. Con sus obras Entender el cómic, La Revolución de los cómics y Haciendo cómics, Scott McCloud ha llenado el vacío que existía en teoría del cómic. Fue pionero en el webcómic e ideó  propuestas innovadoras como el Cómic de 24 horas. Con todo esto, McCloud ha contribuido a lograr el respeto y la consideración que tiene en la actualidad el noveno arte.
El taller Cómics: teoría y práctica que impartirá en el marco de ÑAM, forma parte de la sección Entreviñetas del festival. Entre el 30 de septiembre y el 3 de octubre se desarrollarán, en el recientemente renovado e inaugurado Centro Cultural Antigua Cárcel de Palencia, cuatro talleres intensivos impartidos por grandes referentes del sector a nivel internacional, con estilos muy diferentes.  Al taller de McCloud (Estados Unidos) se sumarán: el premiado castellano leonés David Aja (España), uno de los referentes españoles del cómic norteamericano. Trabaja desde hace años para la editorial Marvel y ha ganado cuatro premios Eisner – los Oscar del cómic. Aja ofrecerá un taller en el que mostrará cómo se diseña y compone una página de cómic, desde el desarrollo de la idea hasta su realización. Jorge González (Argentina) reside en España hace más de 10 años y es un habitual invitado de honor a muchos festivales de BD en Francia. Impartirá su taller sobre novela gráfica, se centrará en trabajar a partir de un guión para obtener el manejo de herramientas básicas para la construcción de una historia. Matt Madden (Estados Unidos) viajará desde la casa de artistas de Angoulême - donde reside desde hace más de un año- para impartir un taller muy original y experimental - fiel a su estilo - en el que introducirá los participantes en el mundo de los recursos poéticos, para construir un cómic diferente.
Durante el fin de semana, del 3 al 5 de octubre, tendrán lugar el resto de las actividades programadas. A los cuatro autores de los talleres, se sumarán más invitados del ámbito nacional e internacional. Contaremos con la presencia de David Rubín, co-autor de la aclamada obra Beowulf. Alfonso Zapico, Premio Nacional del Cómic de 2012, quién actualmente vive en la Maison de Angoulême.  El Colectivo Ultrarradio, un grupo auto-gestionado de ilustradores que además han montado su propio sello editorial. José Jajaja, un artista diferente, que utiliza su formación de arquitecto a la hora de dibujar.
LaGrúa, el tándem creativo de Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou. ÑAM recibirá, además, por primera vez en España, al noruego  Bendik Kaltenborn. Un autor audaz, referencia de una generación de artistas nórdicos. Desde Francia, vendrá Chloé Cruchaudet, joven autora que ha deslumbrado al público francés con su última obra Degenerado.
Todos estos autores participarán de Encuentros, un ciclo de conferencias  con un formato poco convencional. En ÑAM se dará importancia al contacto y al diálogo entre los invitados y los participantes, por eso tras una intervención de los autores de 30 minutos, muy dinámicos y con una importante presencia de lo visual, luego se dedicará un tiempo al intercambio entre el público y el autor.
Con el fin de contribuir a la profesionalización del sector, ÑAM también será un lugar de networking y capacitación profesional. Conectando será un espacio dedicado a citas entre participantes, creadores, editoriales y profesionales del sector. Un encuentro profesional pero en un ambiente informal. La sección Bocadillos serán master-class  dónde los participantes podrán aprender o perfeccionar herramientas relevantes para impulsar el perfil profesional. En esta primera edición, contaremos con la experiencia de Fernando Fuentes, rotulador de cómic, Álvaro Pons, crítico, teórico y autor de uno de los blogs referentes sobre cómic  y Jesús Moreno, arquitecto, comisario, editor y apasionado del cómic y la novela gráfica.
A los participantes e invitados se sumará el público general, quiénes podrán acercarse a las exposiciones e intervenciones colectivas.
Para hacer llegar al público este arte y que conozcan la potencia del cómic y la novela gráfica como herramientas para contar historias, ÑAM contará con exposiciones que se inaugurarán el fin de semana. El Museo Arqueológico Provincial acogerá la exposición Viñetas de Vida, un proyecto de la ONG Oxfam –Intermón. Se expondrán los cómics que han realizado referentes del sector luego de los viajes que han realizado - invitados por Oxfam- a países donde España colabora con políticas al desarrollo. El Centro Cultural Provincial exhibirá alrededor de un centenar de originales de Juan Berrio, sobre su libro Cuaderno de frases encontradas.  En ambos casos, podremos ver también bocetos, cuadernos de notas, cuadernos de viaje y material de documentación que han utilizado los ilustradores para conocer mejor su proceso de creación.
El paso de ÑAM por Palencia no pasará desapercibido y los participantes e invitados que se atrevan, dejarán su huella en el MURAL ÑAM, en la Biblioteca Pública. Una creación colectiva en vivo, dónde el público también podrá disfrutar, observando el proceso de trabajo de los artistas.  Otra de las actividades participativas abiertas al público será Viñetas por la Ciudad. Una invitación a dibujar y crear viñetas, siguiendo la temática de la exposición de Juan Berrio. Participarán invitados, público y todo aquel que se anime a ir captando por las calles frases encontradas.
El Festival ÑAM nace de la iniciativa de la Junta de Castilla y León , la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Palencia quiénes han apostado por la cultura, por la creatividad, por el talento local y por las propuestas diferentes. Palencia, el lugar elegido, es una ciudad pequeña, con un gran bagaje histórico-cultural  y que tiene todas las condiciones para alojar un festival de estas características.
Entre el 30 de septiembre  y el 5 de Octubre se celebrará durante 6 días la primera edición de ÑAM. Una apuesta a construir un evento con futuro y trayectoria que contribuya a revalorizar el sector y ofrecer un espacio de encuentro profesional entre los distintos actores. Una posibilidad de encuentro para un sector que está atravesando un gran momento.



lunes, agosto 04, 2014

Come prima, de Alfred. Viajes.

El último cómic que comentamos de Alfred, su Por qué he matado a Pierre, junto a Oliver K., nos pareció de lo mejorcito que habíamos leído en mucho tiempo. De  él nos fascinaron su empleo de diferentes estilos gráficos (incluida la fotografía) para crear diversas vías narrativas y capas de significado, y el modo en que el color y la luz funcionaban junto a aquellas para trasmitir emociones en el lector. Nos sorprendió la inteligencia de un guión que desvelaba con cuentagotas los secretos de su trama y que, al paso de la sorpresa, caminaba junto al lector para completar una historia de recuerdos fragmentarios y de búsqueda en la memoria. También, los paisajes, la recreación del entorno natural y urbano como elemento contextualizador. 
Por qué he matado a Pierre ganó el premio del público en el festival de Angoulême de 2007. Come prima, el cómic de Alfred en solitario que acaba de publicar Ediciones Salamandra en nuestro país, ha obtenido este mismo año el Premio a la Mejor Obra en el mismo salón. Merecidamente, añadimos. 
Come prima conserva intactas todas las virtudes de aquel Por qué he matado a Pierre, algunas de ellas potenciadas: el talento de Alfred (Lionel Papagelli) para recrear asombrosos paisajes portuarios mediterráneos y la luz de la campiña italiana, sólo es comparable con su habilidad para emplear diferentes estilos gráficos y pictóricos en beneficio de su historia.
Su dibujo en Come prima se mueve entre una caricatura fluida, muy expresiva, luminosa y detallista, que ilustra la línea del relato principal (que nos recuerda al trazo de Gipi o incluso al de Prudhomme), y el precioso estilo esquemático, casi fauvista, a partir de trazos y manchas de color, que el autor emplea para los flashblacks fragmentarios y la parte onírica de la historia (una mezcla confusa evocada entre los recuerdos de los personajes principales y los sentimientos que los modelaron antes de llegar a serlo). Los dos estilos metamorfosean, se imbrican y se vuelven a separar en diferentes momentos del relato (como en ese estupendo diálogo de ebriedad que protagonizan Fabio y su perro en los capítulos finales de la historia y que Alfred convierte en un viaje desde la figuración hacia el arte abstracto). Y así, a través del dibujo, el autor construye su narración y levanta un guión complejo y lleno de matices, al servicio de una historia que esconde giros inesperados, descubre los secretos privados de sus protagonistas y da pie a historias secundarias que surgen con naturalidad dentro de su trama.
Sucedía algo similar en Por qué he matado a Pierre. Come prima está repleto de pequeños giros inesperados de guión, puertas que se abren y se cierran dentro del relato revelando breves historias que ayudan (como los brochazos difusos de la memoria incompleta) a configurar el cuadro general de la vida de los hermanos Giovanni y Fabio, que no dejan de perderser, encontrarse, odiarse y amarse a favor y en contra de su propia historia personal. 
Giovanni se va hasta Francia en busca de su hermano Fabio, que les abandonó muchos años antes sin dar apenas explicaciones. El reencuentro y el viaje de vuelta a Italia es un tránsito geográfico, pero al mismo tiempo un viaje interior con dos recorridos paralelos: el temporal que devuelve a los dos hermanos a su pasado y que nos ayuda a nosotros y a ellos a reconstruir su cronología, su historia; y el viaje espiritual que ayuda a los personajes a encontrarse a sí mismos y a intentar hallar su lugar en el mundo.
El viaje, siempre el viaje. Hay pocos temas más recurrentes en la historia del arte y, sin embargo, Alfred consigue dotar a su cómic de suficiente originalidad como para hacernos entrar en su propuesta sin reticencias o cuestionamientos. En Come prima seguimos a Fabio y a Giovanni a ciegas en su búsqueda ciega de respuestas, nos despeñamos con ellos a tumba abierta por la ladera del pasado, por la loma de los errores cometidos y las segundas oportunidades, y lo hacemos gracias a un uso del lenguaje narrativo que sorprende tanto en su faceta estilística como en la diegética, y que nos deja la certeza de que esta historia no sería lo mismo si no estuviera contada en viñetas. Come prima es un cómic que honra al cómic, porque su lenguaje (y la historia que con él se cuenta) se articula en coordenadas puramente comicográficas y su interpretación sólo adquiere un sentido pleno cuando se realiza a partir de esas mismas claves. Éste es uno de esos trabajos que dignifican el medio, sin duda.
Ogni giorno, ogni istante 
Dolcemente ti dirò 
Come prima, più di prima 
T'amerò

martes, julio 22, 2014

Con Judas en Santander.

Verano en una ciudad con mar, cervecita, sol y paseos playeros. En esas andábamos cuando nos enteramos de que uno de esos artistas contemporáneos con aires comiqueros que nos gustan expone en una de las galerías de la ciudad.
Hablamos de Judas Arrieta, que presenta su muestra Rarescope en el Espacio Creativo Alexandra, de Santander. La exposición, formada por piezas de pequeño formato y alguna obra mayor, es un buen ejemplo de esa cosmogonía pop de Judas que habitan personajes de manga, anime y televisión, y que está marcada visualmente por la superposición de diferentes técnicas pictóricas y de impresión gráfica.
Además, la ocasión nos vino pintiparada para reencontrarnos con amigos como los artistas Pejac y José Luis Ochoa, con Alexandra, la simpática galerista en liza, y, sobre todo, para conocer en persona al propio Judas Arrieta, un tipo afable, ingenioso y buen conversador, a quien desde ya nombramos amigo honorífico de este blog (del cual se confesó visitante ocasional, para nuestra alegría). Judas nos habló de su actividad reciente y de sus interesantes proyectos de futuro, nos presentó a su divertido alterego Judas Z y charlamos de cómics, cine y cultura en general. Un menú apetitoso.
Estas sorpresas estivales agitadoras de neuronas entre cervecita y paseo son todo un placer, sí que lo son.

Judas rodeado de apóstoles
Judas rodeado de apóstoles

martes, julio 15, 2014

Putokrío, de Jorge Riera, en Culturamas.

Acabamos de publicar en nuestra revista cultural favorita un nuevo artículo comiquero. Se trata del último trabajo autobiográfico de Jorge Riera, más conocido como Putokrío, cuyo alias resulta ser también el nombre de su cómic.
En Putokrío, Riera hace escarnio propio y ajeno de todo lo que se le pone por delante, familia, novias, amigos, enemigos y conocidos; y lo hace con muy mala leche y con toda la incorrección política del mundo. Es un cómic que retoma y cohesiona el espíritú de los trabajos biográficos anteriores de Riera como guionista y realizador televisivo, y que cuenta con una lujosísima nómina de dibujantes para ilustrar sus andanzas y gamberradas: desde Mauro Entrialgo a Sequeiros, pasando por Miguel Ángel Martín, Juaco Vicente, Darío Adanti, etc. Casi nada.
Les remitimos al artículo para completar la información y ampliar detalles: "Putokrío. Escupir hacia arriba".

lunes, julio 07, 2014

Las oscuras manos del olvido, de Hernández Cava y Seguí. No miren hacia otro lado, como siempre.

Las obras de género negro tienen ciertas constantes comunes: una ambientación urbana cargada de sordidez, la presencia de un protagonista (detective, policía, investigador) carismático y duro, el crimen como leit motif y los secretos y misterios que se despliegan a su alrededor. Por esta misma naturaleza trágica, escritores y cineastas habitualmente han situado sus thrillers en contextos propicios para el desarrollo criminal y no son pocas las obras que introducen en sus tramas a organizaciones mafiosas que añaden matices y códigos propios al proceso de investigación y que incluso en algún momento pueden llegar a funcionar como un protagonista más del relato.
Hay trabajos de serie negra que relacionan sus asesinatos con la mafia italiana, los yakuzas japoneses o las triadas chinas, los hay que recurren a la corrupción policial y política como factor desencadenante de la historia. El mal no entiende de maniqueismos, todo buen thriller sabe moverse en una calculada ambigüedad moral que hace que nos enamoremos de canallas y personajes torturados.
Curiosamente, los escritores y directores de nuestro país se han mostrado cautelosos en exceso cuando ha llegado el momento de introducir en sus ficciones a la banda mafiosa que durante décadas ha sembrado España de muertos, nos referimos al grupo terrorista ETA. Por su crueldad y sus marcas sociopolíticas, la ETA parecería un reclamo excelente para construir ficciones de serie negra a su alrededor. Sin embargo, cuando nuestros creadores se han acercado al "conflicto vasco" lo han hecho casi siempre con pinzas y un pudor que en muchos casos se ha contagiado de una sorprendente equidistancia; como si el asunto fuera demasiado espinoso y complejo para referirse a él términos de pura ficción criminal, como si no se pudiera hablar de ETA sin miedo a levantar muros de oprobio. Dolor, olvido y silencio son los términos que explican este otro estruendoso silencio.
Últimamente, sin embargo, parece que la niebla se está despejando y cada vez son más las películas y los libros que hablan de ETA y sus crímenes sin pudor, centrándose en el dolor causado y utilizándolo como materia prima para modelar una imagen concreta del mal, de la serpiente y el hacha, sin recurrir a relativismos, abstracciones históricas o razonamientos sociopolíticos que expliquen causas ocultas y justifiquen el tiro en la nuca detrás de agravios atávicos. Matar está mal, punto. Y en ese sentido, la ETA es la mafia, son los talibanes, es el nazismo, es el ingrediente perfecto para crear suspense a su alrededor. Lo hemos visto en películas recientes como Todos estamos invitados o, indirectamente, en Celda 211. Ahora lo leemos en Las oscuras manos del olvido, de Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí.
Somos de los que pensamos que Hernández Cava es uno de los dos o tres mejores guionistas en la historia del cómic español. Suyos son algunos de los mejores trabajos que hemos leído nunca, como El artefacto perverso (junto al genial Federico del Barrio) o la trilogía sobre el conquistador Lope de Aguirre. Sus guiones son siempre inteligentes e intelectualmente valiosos. Construye sus historias con precisión y pulso narrativo y hasta en sus trabajos menos sólidos hay momentos de brillantez. Recientemente ha formado un exitoso tándem con otro autor excelente, el dibujante Bartolomé Seguí; un autor dotadísimo para el dibujo realista y con una habilidad innata para la creación de atmósferas a través del color. Lo vimos en la estupenda y muy premiada Las serpientes ciegas, y lo volvemos a constatar en este valiente Las oscuras manos del olvido. 
Porque este es un cómic valiente por cómo trata un tema hasta hace poco tabú y porque lo hace sin ocultar sus intenciones. Las oscuras manos del olvido es un puñetazo rabioso que no disimula su rencor hacia el terrorismo etarra y hacia una sociedad que durante años decidió mirar hacia otro lado mientras algunos de los suyos, amigos, vecinos, jefes y compañeros de sociedad gastronómica, vivían acojonados ante la certeza de que cada día podía ser el último ("Miren hacia otro lado como siempre"). La obra de Cava y Seguí se posiciona desde su mismo título, sin dobleces ni excusas. Hernández Cava no es sospechoso. Ni pertenece a la caverna, ni ha sido nunca intolerante o reaccionario, todo lo contrario. Sólo hay que leer sus cómics para darse cuenta de su rigor crítico, de su compromiso con las víctimas y los perdedores de la Historia. En este cómic Hernández Cava parece realmente enfadado. Tanto como para organizar una vendetta de ficción protagonizada por un asesino a sueldo contratado para matar a otro asesino. Toinou es un mafioso marsellés que sale de la cárcel y se dispone a cumplir con un antiguo encargo: vengar la muerte de un empresario asesinado por ETA. Un Philip Marlow manchado de sangre hasta el tuétano, lleno de convicciones y contradicciones: "Nunca he concebido el más irracional de los asesinatos: el que se ejecuta en nombre de una idea".
Lo mejor de Las oscuras manos del olvido es la construcción del relato a partir de una multiplicidad de puntos de vista, en el que predominan las víctimas, pero en el que también están presentes los verdugos (como el capo don Aurelio, el etarra Zuzunaga o Román, el expolicía y miembro de los GAL). Hace unos años, Julio Medem intentó ofrecer una visión poliédrica del problema vasco a partir de los testimonios de todos los implicados, en La pelota vasca. Pese a su tono neutro y documental, al director vasco le cayeron palos, pelotas y piedras. Seguí y Cava se andan con muchos menos remilgos a la hora de construir su historia.
Cada uno de los personajes tiene su propia voz (aunque en ocasiones nos da la sensación de estar oyendo la del autor detrás de ellas) y las que suenan con más fuerza son las de las víctimas del terrorismo, según el Cava (y su narrador Toinou), las voces silenciadas. Suena con fuerza la voz de la viuda Larramurdi, la mujer del empresario asesinado que tuvo que abandonar su tierra por miedo y decepción, pero que no encuentra odio en su interior ("Nunca fue una guerra. ¿Conoce alguna guerra en que unos pusieran los muertos y los otros los asesinos?"); o las voces de Ramón, el guardaespaldas que perdió sus penas en el atentado, y Amaia, la profesora que por miedo se exilió en París. Pero en Las oscuras manos del olvido también escuchamos a las hienas, el discurso obsesivo del expolicía y torturador Román, un hombre perdido en su execrable pasado y en el revanchismo, al que el protagonista usa sin escrúpulos, ni empatía, para llevar a cabo sus fines; o la artificiosa y fría demagogia de Zuzunaga, el etarra e ideólogo nacionalista, que teoriza hasta el asco acerca de la muerte y las cifras de asesinados desde su confortable chalet, rodeado de su familia feliz: "¿Quiere que le cuente a quién le preocupaban las víctimas cuando empezó todo esto, cuando únicamente caían policías y militares? A nadie. El estado aceptaba, aunque fuera a regañadientes, ese precio... Hasta que empezaron a caer políticos... Hasta que el sufrimiento empezó a ser verdaderamente socializado..."
Seguramente, lo peor del cómic sea un tono narrativo demasiado intelectualizado y discursivo, que en su intento de completar un recorrido diacrónico por la segunda mitad del S.XX, ofrece en ocasiones una visión un tanto tópica de la historia Europea reciente. En su intento abarcador, la voz narrativa del personaje principal resulta en ocasiones forzada en su conformación de una historia propia a partir de la reconstrucción de la Historia; explicativa en exceso. Las oscuras manos del olvido quiere hablar de demasiadas cosas en pocas páginas: de la mafia, de las barriadas francesas de inmigrantes, de mayo del 68 y el fracaso de la intelectualidad europea, de la dictadura española, del colonialismo y la matanza de Orán, del papel del ejército francés y el Ejército de Liberación Nacional Argelino en la misma, del nacionalismo, del GAL y de ETA, de los intentos de resolución del conflicto por parte de los diferentes gobiernos españoles, etc. Por eso, el cómic es a veces verboso y discursivo en exceso. Siempre interesante, eso sí.
Pero por encima del contenido socio-histórico, del marco terrorista que enciende la historia, se encuentra una trama detectivesca perfectamente hilvanada y llena de matices y sorpresas, una construcción ficcional con forma de thriller que engancha al lector y lo conduce entre el enjambre de mafiosos, criminales y víctimas. Una vez más, Bartolomé Seguí y Felipe Hernández Cava consiguen crear un artefacto perverso, un aparato narrativo que destila verosimilitud y vigor en la construcción de sus personajes. Las oscuras manos del olvido es un cómic deliberadamente polémico. Se puede compartir su tesis o no, pero nadie podrá discutir su valor y su valía.

martes, junio 24, 2014

Habitaciones íntimas, de Cristina Spanó. Como un suspiro.

Recorremos la vida a lomos de la rutina casi sin darnos cuenta, dejándonos caer por días que se consumen en rituales miméticos e indiferenciables. Y al final, entre tanto gesto idéntico y alimenticio, se nos escapan hasta los recuerdos. Los menos importantes, solamente.
Cuando miramos hacia atrás, nuestra existencia parece definirse únicamente a partir de los pocos gestos y situaciones memorables que nos ayudan a modelar (a dar una forma concreta y mensurable) el paso de los días: un regalo especial, aquellos viajes que nunca vamos a olvidar, la primera vez que nos vimos... Momentos que luego recordaremos y que nos ayudan a salir del día a día, a darle consistencia a esa convención tan abstracta que llamamos tiempo. 
Habitaciones íntimas es un catálogo de esos instantes memorables; escenas de una vida de ficción, la de la niña Camilla, que luego se hace mujer. Cristina Spanó construye la vida de su personaje a partir de momentos señalados, episodios existenciales que, detrás de su aparente banalidad cotidiana,  encierran algunos de esos pasajes trascendentes que dan sentido a una vida. Nadie entiende la importancia de lo que nos pasa mejor que nosotros mismos. La gran virtud de Spanó reside en haber conseguido convertir a Camilla, su personaje, en un ser vivo, una niña/mujer imperfecta y llena de dudas, que aprende a vivir página a página. Lo hace, la autora, con delicadeza y con una mirada nostálgica y sutil hacia todo eso que vamos dejando atrás y que nos ayuda a crecer.
El dibujo de Habitaciones íntimas es igualmente delicado. La línea pictórica acuarelada de la ilustradora italiana nos recuerda a los trabajos recientes de otros jóvenes autores europeos que han irrumpido con fuerza dentro de la  nueva novela gráfica; nos referimos a dibujantes como el también italiano Manuele Fior o el belga Brecht Evens. Spanó comparte con ambos su trazo fluido y lírico, un uso simbólico del color y el recurso a los delineados modulados con pincel de color, en vez de los habituales perfilados en negro. El resultado es un dibujo ligero y, como ya hemos señalado, muy poético y connotativo. Un estilo que encaja a la perfección con ese relato cargado de nostalgia y momentos evocados que estamos comentando.
Al final, cuando concluimos la lectura de Habitaciones íntimas, nos damos cuenta de que no hemos asistido a grandes aventuras, ni a tragedias de las que modelan la Historia; todo lo contrario, los episodios de este cómic son sólo historias de andar por casa, pasajes tan triviales como ese momento en el que una niña da su primer sorbo de vino o cuando cree entender que las caricias y los besos pueden llegar a tener segundas intenciones, tan pequeños y esenciales como el descubrimiento del dolor ajeno y el contagio que nos genera, o el dolor intenso de una despedida que se presume definitiva. En realidad, las pequeñas vivencias de la protagonista de este cómic son los marcapáginas que nos ayudan a entender su existencia y en ellos, en esos instantes carentes de épica pero llenos de misterio, nos vemos a nosotros mismos, lectores, quemando las etapas de nuestra propia vida. Y, por un instante (el que dura la lectura de Habitaciones íntimas), sentimos conmovidos que hemos engañado a la rutina y que algún día nos acordaremos de ello. No es poca cosa.

lunes, junio 09, 2014

Sin título, de Cameron Stewart. La madeja serial.

Esto no es una reseña, es la confirmación de una reseña. La que hicimos hace cuatro años con motivo del premio Eisner que Cameron Stewart obtuvo en 2010 gracias a su webcómic Sin título. En aquel entonces, loábamos las virtudes de un cómic que jugaba a la vuelta de tuerca y el cliffhanger continuado. Cada nueva entrega de Sin título era un thriller en miniatura en la línea de las antiguas tiras cómicas que constituían unidades narrativas independientes, pero que se debían a un todo, con rasgos de sumario y suspense en cada una de ellas. El ejercicio de Stewart funcionaba en su creación de asombro sin fin.
Cuando reseñamos Sin título, el cómic se hallaba más o menos por la mitad de su trama y planteábamos el riesgo de que se pareciera a esas historias (en Hollywood lo saben muy bien) que viven de la emoción constante y de la apertura de líneas narrativas sorpresivas a cada nuevo paso/página. Normalmente, las pélículas o las series que basan su armazón narrativo en el engaño y el desconcierto progresivo del espectador suelen caer en su propia trampa a la hora de satisfacer las expectativas creadas en ese mismo receptor.
Sin título concluyó en octubre de 2012 después de 160 entregas. Dark Horse Comics en Estados Unidos y ahora Astiberri en nuestro país lo han editado en formato libro. Son varias las reflexiones a que nos mueve su lectura.
El cómic de Cameron funciona tan bien en papel como lo hacía en formato web; mantiene su formato rectangular apaisado y su estructura regular reticulada de ocho viñetas simétricas por página. No sabemos si este hecho es una buena noticia para Cameron y Sin título o una pésima noticia para los webcómic como formato de composición y difusión. Casi ninguna de las predicciones de McCloud respecto al medio digital y su potencial narrativo parecen haberse cumplido. La red y la tecnología digital han funcionado como dinamizadores de la "industria", como factor imparable de difusión y reproducción, pero ¿hasta qué punto han cambiado las estructuras de la narración comicográfica? Los experimentos de gente como Cat Garza o Daniel Merlin cada vez parecen más precisamente eso, experimentos; y los webcómics que triunfan de verdad no parecen aspirar a otra cosa que a su publicación en papel, por lo cual uno termina por cuestionarse hasta que punto el formato web no es otra cosa que un simple formato. Esperamos equivocarnos.
No en el caso de Sin título. En su día comparábamos esta obra con algunas otras narraciones seriales, como Perdidos o los tebeos de Urasawa; cuyos valores principales tenían que ver con el grado de adicción generado en el consumidor y la emoción mantenida. El trabajo de Cameron plantea una nueva interrogante, literalmente, en cada página. Su lectura es adictiva y el modo en que engarza realidad, ficción, sueño y subconsciente funciona francamente bien, aunque le deje al espectador con una mosca detrás de la oreja prácticamente desde el arranque: ya se sabe, las áreas desconocidas de la mente y el subconsciente onírico son factores muy socorridos cuando llega el momento de restañar un espejo-guión narrativo roto en mil pedazos por mor del suspense. Sin título soluciona el brete con relativa fortuna. El lector no se siente estafado cuando concluye la lectura y, sin ser una obra completamente abierta, el relato mantiene algunas interrogantes en el aire una vez concluido, acerca del proceso creativo, la inspiración y los diferentes planos de la realidad.
Con Sin título, en el fondo, sucede lo mismo que está pasando con el fenómeno contemporáneo de las series televisivas (un aspecto que cuestiona desde raíz los fundamentos mismos de los relatos por entregas en televisión): la espera hasta el siguiente capítulo es positiva, genera expectativas y favorece el intercambio de opiniones, pero, cuando es el espectador quien tiene el poder para gestionar su propio calendario de "consumo" -y no las cadenas, productoras, o autores en el caso del cómic-, ¿no es cierto que la ingesta episódica se torna aún más intensa?, ¿cómo explicamos esos casos de aficionados que degluten una serie de cuatro temporadas en una sola semana?, ¿quién no ha caído alguna vez en la tentación de "tragarse" tres o cuatro episodios de su serie (coyunturalmente) favorita de una sentada, solazándose en esa pérdida de autocontrol cultural?, ¿no es exactamente eso lo que está sucediendo a día de hoy con las fórmulas de difusión y recepción de las series? 
Quizás sea esa la razón de que Sin título también pareciera predestinado a convertirse en una novela gráfica (más). No es nuevo, que le pregunten a Galdós.