A propósito de Crumb (I).
A propósito de Crumb (II).
A propósito de Crumb (IV).
Hablábamos de Crumb y de sus reivindicaciones económicas y socio-políticas. Hablábamos de cómo algunas de ellas parecen haberse quedado un tanto obsoletas (cada vez nos cuesta más creer en revoluciones inocuas) cuando se revisan desde la perspectiva histórica de las tres décadas transcurridas. Pero también hablábamos de cuán vigentes son aún algunas de sus proclamas, en estos tiempos de grúas especulativas, desprecio florafaunístico e incumplimiento de protocolos humanitarios.
Entre 1968 (Zap) y 1981 (Weirdo), Robert Crumb no dejó de publicar comix-books (oséase, comic-books de 32 páginas en un papel de baja calidad, concebidos con una temática-estilo-filosofía underground). En esos años de vértigo editorial, prolífica creatividad y éxito creciente, el señor Crumb publicaba comix como churros, incluso en series de solamente uno o dos números. Curiosamente (no tanto, en realidad), algunos de ellos son los tebeos underground más solicitados en el mercado de venta y subasta internáuticos. Encontramos títulos como Bijou Funnies, Snatch Comics, Jiz Comics, Mr. Natural o Best Buy Comics; algunos han intentado poner orden a tanta página procaz. Todo esto viene a cuento porque precisamente el último de los tebeos de Crumb que ha pasado por nuestras manos es Best Buy Comics (nota para observadores perspicaces y completistas: la tercera edición -la de ahí al lado- vivió un cambió de portada).___________________________________________________
A propósito de Crumb (II).
A propósito de Crumb (III).
A propósito de Crumb (IV).
De Parnotte no teníamos mayores referencias, pero no habrá que olvidar las que vayamos recibiendo a partir de ahora, porque el francés dibuja como los ángeles. Un dibujo virtuoso y evocador el del francés. Puestos a buscar pegas, habrá que señalar que su trazo no es novedoso: ese realismo semi-caricaturesco de influencias disneyanas, que parece haberse convertido en modelo de marca para algunas editoriales francobelgas; un estilo que prioriza cierto barroquismo en la descripción de espacios y adolece de cierto hieratismo petreo en la composición de los rostros. En todo caso, Parnotte, con su riqueza de recursos, su dominio de las texturas (vaya manera de pintar el agua, las rocas, etc.), el color y su detallismo primoroso, les saca las vergüenzas a algunos de sus "clones". Vaya que sí.
Por todo esto y porque La sangre de los Porfirio nos ha entretenido con sus oscuras maldiciones y sus amuletos con maleficio, y porque nos recuerda a Sambre (la fibra es la fibra), seguiremos leyendo álbums francobelgas. Antes incluso de que aparezca el número dos, miren lo que les digo.
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Por eso, cuando en verano llegó a mis manos el primer volumen de la reedición de