jueves, julio 31, 2008

Los "cómics" de Basquiat.

Andamos culturales este verano. La última alegría pictórica que nos hemos echado a los ojos ha sido la exposición de Basquiat que la Fundación Botín ha montado en Santander y que estará en su sala de exposiciones hasta el 14 de septiembre.
Basquiat, nada menos, el enfant terrible del arte contemporáneo, pintor maldito, genio precoz, leyenda y autodestrucción para dibujar la vida de un tipo que acabó convertido en víctima y beneficiario de su propio talento, por obra y gracia del mecenazgo mediático. No vamos a decir nada nuevo (pues dicho queda casi todo a estas alturas) acerca del discípulo warholiano, pero sí queremos trasladarles dos reflexiones comiqueras, bromas inofensivas, que nos asaltaron y divirtieron en el paseo por esta muy recomendable muestra (a los fans bien les merece el viaje), que cuenta incluso con obras nunca expuestas anteriormente.
1) Nos acercamos a Natchez (acrílico y xerox en color sobre puertas de madera, 1985) y no podemos evitar pensar que en una cabecita tan "desestructurada" como la del bueno de Jean-Michel seguramente esto fuera lo más cercano al cómic que se le ocurrió hacer. No-narración des-secuenciada.
2) Nos pasamos varios minutos jugando al "¿Dónde está Wally?" en versión comiquera, gracias a Famous (acrílico y collage de xerox sobre madera, 1982). Les retamos a sumarse al divertimento, pinchen, amplíen y dígannos, ¿cuántos personajes de cómic y dibujo animado son capaces de encontrar? Que lo disfruten ;)


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Por cierto, en los próximos días emprendemos nueva gira viajera. Hemos programado varias actualizaciones de posts en las próximas semanas e intentaremos conectarnos de tanto en cuanto, pero nos disculparán si nos mostramos lentos de reflejos en las respuestas a los comentarios.

jueves, julio 24, 2008

Fox Bunny Funny, de Andy Hartzell. Una fábula con zorros y conejos.

Llevamos un tiempo hablando de metáforas, símbolos y alegorías (tropos ma non troppo). Nos faltaba una fábula. Ya saben, una historia breve protagonizada por animales, normalmente humanizados, tras cuyos actos el autor suele esconder una enseñanza moral, resumida en una moraleja final. Como aquellas que crearon los Esopo, La Fontaine o Samaniego, aquellas que hablaban de cigarras y hormigas, gatos y ratones o zorras y uvas.
El cómic actual no abunda en este tipo de narraciones, quizás porque su destinatario suele ser un público infantil, al que las narraciones gráficas han relegado en los últimos tiempos a la sección de manga. Por eso y porque, no nos engañemos, algunas de las enseñanzas fabulísticas se han quedado un poquitín desfasadas en este S. XXI (aunque sus recreaciones comiqueras fueron bastante habituales a finales del XIX y comienzos del siglo pasado).
No obstante, aunque las fábulas tradicionales stricto sensu no sean fuente de inspiración para nuestros dibujantes, lo cierto es que su espíritu ha sido y es una constante en el cómic desde sus inicios. Lo es gracias a la proliferación de funny animals (animales sabios) en series clásicas como son Pogo, Krazy Kat, Charly Brown o las creaciones de la factoría Disney. Animales que piensan, hablan y actúan como seres humanos, pero que añaden a sus características algunas de las peculiaridades de su estereotipo animal.
Este es el caso de la obra que nos ocupa, Fox Bunny Funny, de Andy Hartzell, un trabajo adornado por una importante ristra de buenas críticas y alabanzas. Hartzell juega a la creación de mundos paralelos, calcando situaciones y contextos humanos en un país habitado por zorros y conejos. La fábula está servida y juega con un paralelismo ampliamente asentado en la conciencia colectiva: el que asigna al blanco y tierno conejito el papel de víctima ante el pérfido y astuto zorro. Con esta premisa sencilla, la obra plantea en su solapa de cubierta un interrogante implicatorio: “Las regla son simples: tú eres un zorro o un conejo. Los zorros oprimen y devoran, los conejos sufren y mueren. Cada uno conoce su lugar. Todos se sienten satisfechos en él.”
El lector asume su rol y comienza la lectura, sintiéndose depredador o presa. Todos, los zorros y los conejos de Fox Bunny Funny tienen algún rasgo amable y alguna faceta cuestionable, aunque, como es lógico, la tentación obvia es la de alinearse con las víctimas, con esos conejos bobalicones, felices hasta lo cursi y sumisos hasta la exasperación. Personajes que se mueven en un mundo reconocible en su “humanidad”, con sus ciclistas, sus tiendas (tremenda la carnicería), sus jóvenes boyscouts y sus iglesias llenas de fieles… Un mundo que parecería el nuestro si no fuera porque en él los zorros parecen imponer una ley xenófoba e injusta, que obliga a los conejos a vivir anclados en el miedo y en la precaución enfermiza. Bueno, en realidad, quizás este matiz sea el que hace de Fox Bunny Funny un cómic mucho más cercano a la naturaleza humana que cualquier otro protagonizado por personas, héroes o superhéroes.
Somos conscientes de que lo que les venimos contando suena más a tragedia que a fábula. Son el dibujo caricaturesco (muy “disneyano”) de Hartzell y su indisimulada ironía, con momentos y detalles volcados hacia el franco humorismo, los que aportan el carácter fabulístico y dotan al conjunto de cierta frescura infantil. Eso y el hecho de que ésta sea una obra completamente muda: seis viñetas regulares por página, que dotan al conjunto de un impacto visual similar al de aquellos pequeños cuentos ilustrados del S.XIX. No quiere ello decir que ésta sea una obra para niños, ni mucho menos; Fox Bunny Funny encierra un mensaje complejo que nos habla del hombre como ser social, de la tolerancia, de los mensajes complejos que debemos leer en las páginas de la historia, de la modernidad y de nuestra capacidad para sobrevivir… Claves adultas que se esconden detrás de una narración sencilla, ligera y divertida, como una fábula de las de antes, para todos los públicos, vamos:

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Entrevista con Andy Hartzell.

sábado, julio 19, 2008

Frans Masereel y Hermann Hesse. La idea simbólica.

Creemos recordar que la primera vez que oímos hablar de Frans Masereel fue en aquella "extraña" edición del Understanding Comics de McCloud, que publicó Ediciones B en el 95 bajo el no menos extraño título de Cómo se hace un cómic. También lo mencionaba Will Eisner en La narración gráfica. Ambos destacan la capacidad del belga para crear historias, "novelas sin palabras", a partir de las imágenes puras de sus grabados en madera. Hace unos días mencionábamos a Masereel de forma indirecta para referirnos a las imágenes limpias de otro artista actual.
En la actualidad, gracias a Internet no es demasiado complicado acceder a algunos de los trabajos de este grabadista, que creó más de 20 "novelas" a lo largo de su vida. Sin embargo, no ha sido hasta hace fechas muy recientes cuando nos hemos podido hacer con la edición impresa de una de sus obras y en una edición en castellano, además. Nos referimos la impresión de La Idea, que la irundarra Editorial Iralka sacó en su "Colección Rara Avis" allá por 1995. La edición, bastante correcta, cuenta además con el aliciente añadido del prólogo que hizo Hermann Hesse para una edición alemana de La Idea en 1927. Un preludio luminoso para describir, analizar y desentrañar los secretos de una obra llena de magia, un prólogo en el que se pueden leer cosas como ésta:
"Pasión del ser humano": eso podría figurar como título ante toda la obra de este soberbio artista, fanático, pueril y refinado; lo que es tanto como decir que Masereel se sitúa desde el principio en el centro de todo arte. Pues el calvario del ser humano, la pasión de llegar a serlo, el dolor de hallarse en el camino, uno tan difícil, en que alzarse y caer amargamente, una y mil veces, esa historia de pasión es el único y eterno contenido de todo arte.
Observando los bellos grabados de Masereel, tan simbólicos, tan angulosos y desnudos, ¿no se les vienen a ustedes a la cabeza autores actuales como ésta o aquél?

lunes, julio 14, 2008

Más líneas en metrópolis.

En ocasiones pareciera que, como decía Spielberg, hubiera alguien al otro lado. Hablando de líneas, ayer mismo por la noche, en ese horario imposible para vacacionistas, artistas noctámbulos y telespectadores minoritarios ansiosos de vanguardia, el programa Metrópolis se lanzó a analizar "la presencia del dibujo en la creación actual" española. Nada que ver tenemos con el asunto, desde luego, pero sí tienen ustedes la ocasión de verlo todo de nuevo, gracias a ese reciente servicio impagable de TVE a la Carta, que nos enciende el cronómetro para que en un plazo de 7 días podamos ver lo que nos perdimos.
Los 26:36'' lo merecen, se lo aseguramos, y dado que este documento se autodestruirá en menos de lo que llega un lunes (y que no sabemos si la cosa es descargable), les instamos a no perdérselo.
Metropolis. La 2. 14/07/2008
Metrópolis dedica esta noche su emisión a la presencia del "dibujo" en la creación actual.

miércoles, julio 09, 2008

El triunfo de la línea, nueva pintura en Benito Esteban.

No descubrimos nada si decimos que la pintura actual ha vuelto al dibujo y ha redescubierto la línea. Quizás por eso cada vez nos sorprenden menos ciertos eclecticismos pictóricos que, reivindicando un viejo espíritu pop, se alimentan de la materia que teje otro tipo de discursos. Nombres como Gary Baseman (la cabeza visible del Pervasive Art) o la nueva hornada de pintores post-manga, con Takashi Murakami a la cabeza, están empezando a resultar algo más que divertidas curiosidades dentro del mercado pictórico actual, a tenor de las mareantes cotizaciones que alcanzan sus obras. Aquí, hemos hablado de algunos de esos nuevos pintores que comen y beben del cómic o del graffiti para crear imágenes estáticas (¿se acuerdan de Lister?).
La lista de artistas jóvenes que están "reciclando" en su obra sus propias experiencias culturales, como espectadores de la modernidad finisecular y del nacimiento del nuevo siglo, sigue creciendo y engordando un panorama en el que los textos de la cultura de masas se incorporan al lienzo o al papel tejiendo nuevas redes de relaciones artístico-sociales. Viene todo esto a cuento de la reciente exposición que ha inagurado una galería amiga, que, además, no deja de proyectar artistas interesantes, La Galería de Arte Benito Esteban, en Salamanca. La exposición colectiva (programada del 28 de junio al 16 de agosto) atiende al muy indicativo título de "Desalineados" y agrupa obras de autores habituales en sus exposiciones como Tmori o Jean Claude. Pero encontramos también a algunos jovenes y prometedores artistas que, de algún modo, encajan como un guante de lienzo forjado en tinta en esta bitacorita comiquera. Veamos por qué...



La joven artista polaca afincada en España, Aleksandra Kopff, parece ser la última incorporación de la galería y es, sin duda, la que más nos recuerda al universo comicográfico actual. Sus dibujos descontextualizados beben directamente de las fuentes del nuevo underground, con una afinidad muy clara y directa hacia el universo de Daniel Clowes. Aunque sus rostros inquietantes, sus pájaros y sus cuerpos hibridos, a nosotros no dejan de recordarnos también a otras referencias comiqueras como a las mujeres de Beto, a los animales parlanchines de Alberto Vazquez o, incluso, a los inquietantes mundos vampíricos de Maruo.

El arte de Alvaro Trugeda se mueve en unas coordenadas totalmente diferentes. Sus obras se muestran mucho más cercanas al surrealismo mestizo que su autor ha ido conformando a partir de su propia peripecia vital. Estamos ante un artista que ha vivido en España, México, Inglaterra o China, un joven creador con un inventario de imágenes muy personales, pero casi siempre dentro de una estética pop y colorista. En esta exposición vemos algunos de sus trabajos más "pulcros" y refinados: obras que, de nuevo, nos conectan con la estética del underground lisérgico y orgánico de dibujantes como Dave Cooper o, yéndonos a los orígenes del movimiento, los Griffin o Moscoso.
Acabamos el recorrido con Pejac, artista cántabro y amigo, un autor cuyas exitosas andanzas collageras hemos podido seguir en los últimos tiempos, pero que participa con la Galería Benito Esteban por vez primera. Sus composiciones minimalistas juegan también con la línea, con la silueta perfilada y la alteración de la denotación a través de la metáfora; todo ello, sin duda, una herencia directa de la doble formación académico-graffitera de su autor. El artista recurre al icono, al símbolo conocido y reconocible, para trasgredir significados y cruzar referencias, casi siempre con un fondo de sátira socio-política detrás o, al menos, de ironía cultural (juego en el que a veces participan decisivamente los títulos de sus obras, como en éste "Con USA en los talones" que les mostramos aquí abajo). Así, sus pequeños collages, con sus perfiles precisos y limpios, adquieren una cualidad cuasi simbólica que, a nosotros, nos recuerda a aquellas preciosas xilografías de Frans Masereel.
Ya ven, no podemos dejar de pensar en cómics (y afines) ni cuando miramos un cuadro. Es broma, claro.

viernes, julio 04, 2008

Operación 700: el retorno (IV)

No iba nada mal la cosa, pensábamos para nuestros adentros, 390 de los 700 euros al garete, pero en nuestras manos cosas de relumbrón, páginas originales de los Cooper, Buscema y Williams; decididamente, nuestra tesis se iba confirmando paso a paso: "invertir" en cómics sale mucho más a cuento (a día de hoy) que hacerlo en pintureros y escultureros otros. Visto lo cual, decidimos dar un paso largo. Habíamos echado nuestras redes sobre artistas consagrados, artistas-artista, comiqueros heroicos, undergrounderos e, incluso, sobre pioneros de la tira diaria, pero a los nombres grandes fundacionales, todavía no les habíamos echado el ojo.
Bueno, mentimos, en la "Operación" precedente nos habíamos hecho con una tira del gran Walter Kelly. Como dijimos entonces, su Pogo nos había tenido iluminados desde chavales. Sería por esa habilidad infinita de su autor para crear escenas, por su humor a veces mágico (de puro críptico), por unos personajes tan bien perfilados o, simplemente por esa línea disneyana tan perfecta y limpia, pero ¡qué ilusión nos hizo conseguir una de sus tiras! Similar (la ilusión) a la que hemos obtenido en esta nueva aventura después de pujar y obtener otra tira de otro de los grandes genios primigenios del medio.
No es, lógicamente, porque su autor fuera admirado por gente como Charles Chaplin o John Updike, ni porque Steinbeck dijera de él que era el mejor escritor del mundo y lo propusiera para el Nobel; tampoco sabíamos, cuando de chavales masticábamos alucinados sus reediciones, que las tiras que teníamos entre manos habían sido leídas anteriormente por más de 70 millones de lectores diarios, ni que en las universidades norteamericanas se había adoptado como celebración anual el "Sadie Hawkins Day", que celebraban los personajes de la tira... A nosotros lo que nos fascinaba era la inmensa capacidad de Al Capp para dibujar personajes asombrosamente humanos, con una de las caricaturas más expresivas que ha visto la historia del cómic. Nos gustaba ese humor absurdo, a medio camino entre el "slapstick comedy" del cine mudo estadounidense y la escena costumbrista sureña.
Por eso, decimos, cuando conseguimos una tira de Li'l Abner, casi se nos va el aire. ¿El precio? Algo menos 180 euros. La pieza, una tira original de Abner de 1942 (la del 14 de febrero, exactamente). La serie se puso en marcha en agosto de 1934 y estuvo controlada en todas las fases de la producción por el propio Capp, hasta su final en 1977. No obstante, Capp trabajaba con diversos colaboradores (Andy Amato o Frank Frazetta, por ejemplo) que, sobre todo en las últimas décadas, le ayudaban en la realización de los dibujos (aunque él insistiera en dibujar los rostros y las manos de sus personajes principales). Por esta razón, las tiras a partir de 1950 son más accesibles. Pero, ¿qué me dicen del hecho de que se pueda conseguir una obra de arte así por menos de 200 euros? Aquí la tienen...




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